lunes, 3 de octubre de 2022, 15:51

Desmontar falacias

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Cuando un partido político no tiene proyecto en favor de los ciudadanos, cuando no tiene otro objetivo que disponer del poder para hacer del Estado su propiedad privada, cuando buena parte de su proyecto no es confesable, ocurre lo que ocurre. Se ve sin otra salida que, alimentar a los suyos, sembrar odio, hacer ruido, fomentar la crispación, situarse en la polarización, recurrir a los valores patrios. Eso, es lo que justifica la utilización de la falacia para mantener la intención de voto a su favor.


Los partidos situados en la otra acera, han cometido muchos errores, y los siguen cometiendo. Deberían cuidar más la ideología y la estrategia. Pero el principal error ha sido no dedicarse en cuerpo y alma a desmontar las falacias que se han vertido y se siguen vertiendo, contra ellos. La izquierda con todas sus variantes, que las hay, y es bueno que las haya, deben mantenerse unidos en su proyecto destinado al bienestar social de los más vulnerables y en defenderse de los ataques furibundos, de aquellos que no pueden combatir ese proyecto, porque no pueden.


Se ha oído estos días que el Gobierno pacta para que la ETA consiga acercar a sus presos al País Vasco. Aznar entre otros beneficios llevó a cabo 426 acercamientos, cuando todavía mataba ETA. Que no estuvo mal, que no pretendo criticarlo; lo que es indecente es acusar al Gobierno Sánchez de pactar con los filoetarras, que ya no matan, para mantenerse en el poder. Lo que es indecente es que Feijóo acusase en Galicia a su adversario la utilización de un Audi blindado, cuando lo han utilizado muchos altos cargos, incluido Aznar que, gracias a ese Audi, salió ileso del atentado.


Es indecente y ridículo acusar a Sánchez de utilizar un avión de las Fuerzas Aéreas Españolas, cuando todos los presidentes lo han utilizado, en viajes públicos o privados. ¿O es que Pedro Sánchez no tiene derecho a la seguridad? Díganlo. “España desarrolla la más nefasta política energética”. Falso. Alemania, Francia, Italia, pagan un precio que a veces supera el doble que en España. ¿Seguimos? No hace falta; lo saben todos los que quieren saberlo. Que el Gobierno no quiera utilizar esa estrategia, es digno de enaltecer; dice mucho en su favor. Pero no debe cometer la ingenuidad de no desmontar las falacias de la oposición.



Julio García-Casarrubios Sainz

http://juliocasarrubios.blogspot.com