Bajar impuestos

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250422 va pedro sanchez



La verdad, es que se trata de un tema muy serio, que no debería enfocarse en su vertiente más populista, y alejada de la realidad. Tratar el tema de los impuestos como “una soflama mitinera” orientada a engañar a la gente, es improcedente, por no utilizar otros calificativos. Alguien está aprovechando este tema para aplicarlo, como si fuera el comodín del público. “Todos los problemas, sean de la índole que sean, tienen solución bajando los impuestos” Han encontrado la panecea. La palabra impuestos, se ha introducido como símbolo de una estrategia política; igual que las prostituidas palabras: “Libertad”, “Comunismo”, o “Crear empleo”.


Bajar impuestos es el bálsamo de todas las heridas. Lo que pasa es que caen en una tremenda incoherencia. Piden bajar los impuestos cuando están en la oposición, y los suben cuando llegan al gobierno. Sí, sí. Como lo oyen. Durante los gobiernos de Aznar la presión fiscal en España se duplicó. Y durante los gobiernos de Mariano Rajoy se aumentaron unos o se introdujeron otros nuevos. ¿No sería más razonable, y serio, hablar de los impuestos en su vertiente ideológica?


¿Por qué se huye del debate ideológico? En este sentido hay dos claras posiciones; las dos absolutamente respetables. ¿Por qué en lugar de una demagogia barata, no defienden su posición? ¿Por qué no defienden su ideario basado en un Estado más pequeño, frente a un sector privado más potente? Parece como si tuvieran complejo, miedo, de que sus posiciones no van a ser aceptadas por una mayoría.


Una sociedad, una comunidad, un colectivo cualquiera, no puede funcionar sin pagar impuestos. Hay servicios comunes que hay que financiar, y sin los cuales, esa colectividad no funciona. Pero además los impuestos tienen otra doble finalidad: Servir de equilibro para que no se produzcan desigualdades injustas. El pago de impuestos supone una clara mejora en las clases más vulnerables. Por eso cuando se habla de bajar impuestos, hay que decir a quienes se les bajan y donde se recorta el gasto que se deja de financiar. Ese es al verdadero debate. Un debate al que no hay que rehuir. Con respeto y tolerancia cada uno que defienda su posición. Ambas partes deben poner encima de la mesa qué servicios se quieren financiar, y cuanto tiene que poner cada ciudadano, según sus posibles. Y menos populismo.



Julio García-Casarrubios Sainz

http://juliocasarrubios.blogspot.com