Los asesores

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211220 va pedro sanchez




Desde la Transición, la política viene pivotando sobre dos conceptos que no son, -que no tienen porqué ser-, irreconciliables. No se trata de buenos y malos. Son sencillamente diferentes. Incluso la alternancia puede hasta mejorar el sistema; debe aportar ideas nuevas. Esas dos bases sobre las que se sustenta la política están claramente diferenciadas. Una es la socialdemocracia, que prioriza, -que debe priorizar-, las políticas de bienestar social y la lucha contra la desigualdad; y la otra base es el liberalismo conservador y democristiano.


Repito: no son los buenos y los malos: son dos diferentes formas de entender el normal desarrollo de la sociedad. Está muy claro que, si analizamos sin pasión, cuando estas dos formas de entender la política han sido fieles a sus principios, el país ha marchado bien, con sus aciertos y sus errores. Yo, que admito buena parte de la segunda, y sobre todo mucho respeto hacia ella, me inclino más por la primera porque, desde mi punto de vista, el progresismo hace avanzar más y mejor. La prueba la tenemos en que los grandes avances sociales, han venido cuando la socialdemocracia ha sido fiel a su ideología. Es mi preferencia; y nada más.


¿Por qué entonces tanta crispación? El problema está en el diseño de las estrategias. Cuando las cabezas pensantes, “los asesores” diseñan los argumentarios, los mensajes, les resulta muy difícil explicar y convencer las propuestas que se ajusten a sus respectivas ideologías. Porque la pedagogía es difícil de poner en práctica, y porque las propuestas no corresponden a sus verdaderos intereses; a veces muy alejados de su propia ideología. Como explicar un liberal que su intención está en parasitar las instituciones; como justificar una corrupción galopante. Imposible.


Es mucho más fácil, y desgraciadamente más eficaz, crear “un enemigo malvado”; “alarmar porque el adversario quiere romper España, inventarse que cuando los malos gobiernan corre peligro la nación y su propia constitución, cuidado que se avecina el desastre, que se acerca el precipicio”. Y una vez dibujado este nublado panorama, es muy fácil llegar a la conclusión, de que el adversario no puede estar ni un minuto más en el gobierno; “se impone la necesidad de echarlos”. Hay que votar a los únicos que pueden salvar la patria. ¿Para eso nos gastamos un pastón en “asesores”? Sería más honesto ser fieles a sus propias ideologías.



Julio García-Casarrubios Sainz

http://juliocasarrubios.blogspot.com