Entrar al engaño

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141220 VA OPINION




Me sorprende la facilidad, la maestría, con que se construye una falsedad, y como va calando cada vez más. Me sorprende la habilidad de extender una falsedad a base de mensajes muy simples. Me sorprende también que hoy se proclamen defensores de la concertada, los mismos que en su día pusieron el grito en el cielo, y se manifestaron en la calle cuando el ministro Maravall la propuso y se aprobó, allá por el año 1985. Algo no me encaja. ¿No será que se esconden otros intereses?


Cada día que pasa, y ahora más, con motivo de la Ley Celaá, oigo a mi alrededor la idea de que los padres tienen “el derecho a elegir la educación que quieren para sus hijos”. Dicho así, queda bonito, grandioso. Alcanza la categoría de sentencia. Es “una verdad aplastante en la que no cabe oposición, ni siquiera con matices”. Es “la libertad” “Es el derecho a decidir algo que me corresponde en exclusividad. Nadie, ni siquiera el Estado tiene derecho a elegir por mí”. Ahí queda eso. Ojo que esa verdad, que se presenta como última, en principio, encierra dos falsedades enmascaradas.


En primer lugar, tener la tutela no significa ser propietarios de los hijos. Los padres y el Estado tienen la obligación de enseñar en libertad las opciones a elegir. Y el hijo como persona, irá eligiendo, en paralelo a su madurez, la opción que desea. Por tanto, y ahí viene la segunda falsedad, la educación debe sustentarse en la libertad, en los valores universales, nunca en valores particulares y exclusivos. La Educación no puede basarse en principios que conduzcan a la selección, a la exclusión. Eso solo conduce a declararme yo como el bueno, y quien no piense como yo, es el malo.


La educación pública, y la concertada es, -debe ser-, igual de pública, tiene la obligación de formar en valores universales: libertad, igualdad, solidaridad, tolerancia. Valores que valen para católicos, para musulmanes, para blancos o para negros, para españoles o para africanos. Y quien quiera otros valores particulares, y selectivos, que los busque en la familia, o en asociaciones creadas al efecto. Libremente. Sí. Pero fuera de una escuela gratuita, laica y pública que tiene como fin único y último, acoger a todos en igualdad de oportunidades. Y enseñarles a convivir en concordia, bajo el paraguas común de los valores universales. Si no me equivoco, algunos buscan engañarnos con posiciones de exclusividad y de negocio.




Julio García-Casarrubios Sainz

http://juliocasarrubios.blogspot.com