Sobre los afectos

|

251019 VA OPINION




Tardé demasiado tiempo en descifrar que a toda la gente no le puedes caer bien, creía que mi carácter sociable era el pasaporte ideal para transitar entre las relaciones humanas. Pero no es así, por cualquier causa puedes sentir hostilidad al relacionarte. Por la imagen que proyectamos, por el tono de voz o la indumentaria, y qué se yo cuántos condicionantes más, podemos sentir el rechazo del semejante.

A pesar de mis años conservaba una ingenuidad que me impedía distinguir las miradas turbias, los comentarios hostiles, los desdenes y desprecios del prójimo, o simplemente la indiferencia hacia mi persona.

Ha sido un logro personal asumir que, para comunicarnos con el otro, debemos aceptar las fobias y el disimulo como parte del vínculo que nos une al entorno. Que debemos consentir el encontronazo o la apariencia engañosa para evolucionar y convivir con los demás.

Nunca percibí esa sensación de choque en el nuevo trabajo, pero si noté la precaución ante el desconocido. Atrás quedaba la fábrica, mi nueva ocupación era en el ámbito de la geriatría, además la mayoría de mis nuevos compañeros eran féminas.

Manifestarse sobre los afectos es complicado, aunque trates de ser sincero debes ser cauto, porque los juicios y los comentarios pueden generar malentendidos. Por eso he dejado pasar una temporada antes de ponerme a escribir, marcar una distancia en el tiempo, para saber cuánto hay de verdad en el aprecio y la amistad hacia una persona.

El encuentro con Cristina no fue el mejor, en mi nuevo empleo tuve que conocer a todas las compañeras con las que debía compartir tareas. Así que para tratar de integrarme, primero me relacioné con aquellas que por edad o ideario eran afines a mi personalidad.

Por eso, ella era al principio una desconocida más que transitaba por mi entorno, una figura imprecisa que, de vez en cuando, trataba de aleccionarme en las tareas que debía realizar. Como al principio los cometidos me sobrepasaban y me agobiaban, creía que cualquier comentario suyo era un reproche; una amonestación que soportaba a regañadientes.

Pero poco a poco el tiempo hizo su labor, espaciosamente fuimos limando nuestros conflictos y, a pesar de nuestras diferencias, llegamos a tener una gran empatía y complicidad. Trabajar en común nos hizo conocernos mucho mejor, ni ella era tan rigurosa ni yo tan esquivo. Sumar horas bregando con la tarea diaria nos permitió percibir otras facetas de nuestra realidad.

Pero ahora que ha pasado tiempo y como ejemplo, a Cristina le queda bien el título de una canción: "Mujer De Las Mil Batallas". Valiente y tenaz como tantas otras mujeres y ex-compañeras que no menciono. Ella es una mujer trabajadora, hija, hermana, madre y esposa que trajina cada día con la dura realidad, además se enfrenta a la tarea con una alegría que contagia.

Cariñosamente alguna vez la he llamado "beatilla" porque ella es creyente y yo, que voy de descreído, creo que su fe es un pilar fundamental en el que se basa para tirar hacia adelante.

No sé demasiadas cosas de su vida, pero si algunas fundamentales. Cristina admira a su madre, y juntas han asumido algunas pérdidas muy dolorosas para su familia. Hechos y situaciones de ayuda mutua que las han unido en un vínculo ejemplar.

Cris, como cariñosamente a veces la llamo, es madre gallina que acoge a sus hijos jóvenes y adolescentes, brega con ellos y está atenta y pendiente de las demandas que requieren y necesitan. Por eso, ellos entienden que su esfuerzo y actitud son valores que deberían imitar.

La puedes observar cada mañana con una apariencia distinta, según lleve moño, trenzas o coleta, con el pelo recogido o no. Pero su belleza reside en el interior, una simpatía que transmite y difunde a través de su comportamiento. Su mirada posee la fuerza de la melodía: "Tiene un cañón de alegría disparando en los ojos". Si no estás atento, te puedes sobresaltar con su voz chillona y estridente, sobre todo cuando se pone a cantar alguna copla para animar a los abuelos.

Por situaciones que no vienen a cuento explicar, solo en dos o tres de momentos la he visto llorar, pero confieso que sus lágrimas me desarman, y nunca he sabido como actuar ante su tristeza o su enfado, su dolor siempre me provocaba un inoportuno bloqueo emocional. Pero dejando atrás estas situaciones puntuales, en este último año, y cuando hemos coincidido en el turno, nuestra colaboración ha sido máxima; nos hemos coordinado a través de una complicidad que ha servido para acrecentar nuestra recíproca simpatía y amistad.

Seguramente Cristina, como cualquier ser humano tiene carencias, descuidos y errores; situaciones en las que a veces no es tan equitativa o neutral como algunos quisieran. Pero tampoco ella puede caerle bien a todos los que la rodean. Con esa incertidumbre debemos convivir el día a día, pero su prudencia y sensatez alivian el posible perjuicio de sus actuaciones.

Si detrás de un gran hombre hay una gran mujer, el pensamiento debe ser recíproco, detrás de una gran mujer, seguro que también hay un gran hombre. Apenas conozco a Nacho, el marido de Cristina, le supongo trabajador, serio y sobre todo discreto, atento siempre a su pareja. Él no necesita ser el personaje de la vieja canción de Cecilia titulada: Un ramito de violetas. A Cristina le gustan las flores, y sobre todo las rosas. Por eso de vez en cuando aparece Nacho con un ramo para ella, para mostrarle su amor y su cariño, porque ella es una persona que contagia y se deja querer.

Me daba bastante pudor hacer público y escribir explícitamente sobre mi simpatía hacia Cristina. Pero he llegado a la conclusión de que es bueno manifestar aquello que sentimos, a veces, cuando ya no están las personas, o no tenemos relación con ellas, reconocemos su valía, pero ya es tarde.

Han pasado unos meses y ya no trabajamos juntos, pero seguimos manteniendo una buena comunicación. Quizás podría contar algunas cosas más sobre el aprecio y los afectos que me unen a tan excelente persona, pero sería reincidir en lo ya manifestado.

Sabes que siempre quiero sumar afectos, y además lo recalco con la letra de otra canción: Afortunado yo por tener tu amistad. Con este modesto texto quiero darte las gracias por haber aguantado con generosidad mis rarezas y mis enfados, también por soportar con tolerancia mi humor negro y mi sarcasmo. Cristina, tu alegría y tu risa siempre serán el mejor recuerdo del tiempo que hemos compartido trabajando.