Del maravilloso enclave arqueológico del Cerro de las Cabezas

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Es de esperar que fervorosamente toda la corporación municipal de Valdepeñas solicite este lunes la Declaración de Parque Arqueológico del Conjunto del Cerro de Las Cabezas. Aunque este humilde latinista nunca haya estado de acuerdo en ver en el Cerro de Las Cabezas una ciudad ibera pura, dada, sin embargo, la enorme importancia arqueológica de este asentamiento celtibero votará con pasión e ilusión ese lunes la solicitud de Parque Arqueológico.


La autonomía recién creada de Castilla-La Mancha trajo la moda en la Arqueología española del paniberismo. Se ven iberos en todos los lugares, contradiciéndose a veces los textos y siempre la toponimia romana, cuya sufijación suele siempre mantener una raíz celta o ibera. Efectivamente vivimos en un país cuyas características esenciales no permiten ser un buen iberólogo, sin ser a la vez, un buen celtólogo. Y tampoco se puede olvidar que los celtas fundaron la primera civilización europea, al norte de los Alpes, desde España hasta Anatolia y desde Irlanda hasta las regiones cisalpinas, y que emergen de la protohistoria en el siglo VIII a. C.


Perfecta es la definición que Lucano en su Farsalia nos da del crisol español: "Los celtas, que, emigrados de la antigua nación de los galos, mezclaban su nombre con los iberos". Sin embargo, para los modernos arqueólogos todas las poblaciones de la Oretania, la Beturia, la Turdetania y la Bastetania se concentraban en ciudades iberas, dando de lado lo que nos dice la toponimia, sobre todo aquélla que se forma por composición, aparte de textos como los de Pomponius Mela, que en el III, 10, nos señala que los celtici ocupaban también los territorios situados entre el Tagus y el Anas. Más aún, el propio Estrabón en su Geografía, III, 3, 2 y III, 1, 6, nos informa que los celtikoi existentes en el Noroeste eran parientes de los que vivían sobre las riberas del Guadiana, y que habrían emigrado del norte según el estudio de este corrimiento de pueblos hecho por García y Bellido. Por ejemplo, ¿cómo explican los iberólogos dos Augustóbrigas en Ciudad Real, una en Horcajo de los Montes y otra en Malagón? ¿Alces en Alcázar de San Juan? ¿Lemilla Germanorum en Almagro? ¿Oretum en El Cerro de los Obispos? ¿Oretum Germanorum en Ciudad Real? ¿Laminium en Daimiel? ¿Cómo explicar la Celtide de Albacete? ¿Bastra en Pastrana? ¿Seguntia en Sigüenza? ¿Urcessa en Uclés? ¿Nisdonium en Villanueva de Los Infantes? ¿La Nertóbriga en la Higuera de Jaén? ¿Cesalobriga ( Aldeanueva del Camino ), Deóbriga ( Navalmoral de la Mata ) y Augustobriga ( Villar del Pedroso ) en Cáceres? ¿Arcobriga en el gaditano Arcos de la Frontera? ¿Otro Arcobriga en el onubense Aronchez? ¿Carith Briga ( Carmona ), Orippo ( Dos Hermanas ), Celti ( Las Navas ), Augusta Briga ( El Pedroso ), otro Celti ( Peñaflor ) y Celtiani ( Puebla de los Infantes ) en Sevilla? ¿La Meróbriga de Odemira en el Baixo Alentejo? ¿La Coeliobriga de Berga en Barcelona? ¿La Nertóbriga ( Bodonal ), Turóbriga ( Cabeza de Buey ), Caesalobriga ( La Oliva ), otra Nertobriga ( Valera ) y Segeda ( Zafra ) en Badajoz? ¿Breca Rigas ( Brihuega ), Mirobriga ( Capilla ) y Seguntia ( Sigüenza ) en Guadalajara? ¿Segisa en el Sax alicantino? ¿Segeda en el Canales valenciano? ¿Segesta en Motilla del Palancar? Pero, basta, no es necesario seguir torturando al pacientísimo lector.


Con todo, cuando las cátedras de arqueología definen étnicamente los lugares, ya las tesis primeras comienzan a convertirse en dogmas. Y no importa que el olvidado Diodoro de Sicilia, en el Libro III de su magnífica Bibliotheca Histórica, designe como celtiberos a todos los habitantes de la Meseta, lo que englobaría también a carpetanos, oretanos y vetones. Pero nosotros sólo pedimos pruebas, y no queremos guiarnos por el solo prestigio académico. La escritura llamada "ibérica" no nos ayuda a delimitar una región ibera en cuanto que como se encuentra dispersa no sólo en inscripciones de la Península Ibérica, sino también en la Galia Narbonense, en la Italia etrusca y hasta en Dalmacia, es muy probable que los iberos no inventaran tal escritura, sino que constituyó un alfabeto, también con algunos silabogramas y hasta ideogramas, recogido de una corriente cultural mediterránea aún no del todo definida, y que quizás sea una variante del primer alfabeto rodio. Más aún cuando encontramos un alfabeto prácticamente igual que utilizaban los celto-ligures en el lepóntico cisalpino, también podría llamarse al alfabeto ibero, alfabeto celta. Lo mismo ocurre con la cerámica de barniz rojo fenicio, que no sólo nos aparece en las regiones citadas, sino hasta en los castros de los artabros, y en los de Coaña, Citânia, Pendia, Onteiro, Briteiros o Elviña.


Por otro lado, el proceso de urbanización peninsular no tiene por qué estar sólo vinculado a procesos de iberización, resultados de las influencias tartésica, fenicia y griega, sino que también la cultura de La Tène difundió la civilización urbana en la península ibérica, no siempre vinculada a casas de tipo circular, tal como la arqueología francesa demuestra. ¿Por qué se etiqueta étnicamente a partir de elementos culturales no exclusivos de estos yacimientos hoy llamados iberos? Tenía razón George Santayana cuando decía en su autobiografía "soy celtibero y romano en cuerpo y hábitat". Tanto el panceltismo como el paniberismo suponen morbos ideológicos y hasta emocionales. Más aún, creemos que el deseo de identificar una región como "típicamente ibera" es histórica y culturalmente erróneo, pues responde a un deseo de jerarquizar los diferentes procesos de desarrollo, fenómeno no ajeno al consciente o inconsciente mecanismo de ensalzar ( por motivos no necesariamente científicos, sino más bien afectivos, o incluso de chata política cultural autonómica ) un determinado ámbito territorial o cultural. Creemos, en efecto, que la denominación o etiquetación del Cerro de Las Cabezas, en Valdepeñas, como ciudad ibera, osadísimo etnonímico, no supera en estos momentos un horizonte puramente especulativo. Nos vemos tentados a ver en la extinta ciudad del Cerro de las Cabezas un proceso de verdadero sinecismo, como el que caracteriza el surgimiento de algunas póleis griegas o las ciudades etruscas. Probablemente el cuerpo cívico estaría constituido exclusivamente por los propietarios, y sólo ellos tendrían derecho de acceder a las necrópolis. Hay quienes consideran a Oretum una ciudad ibera, porque Esteban de Bizancio dice :" Oorisía, pólis Ibeerías".


Pero Esteban de Bizancio ya es un historiador o etnólogo de la Edad Media, y en esa época, como ahora, Iberia ya era sinónimo de Hispania. Personalmente considero el Cerro de las Cabezas un castellum oretano, y entre los oretanos, según Plinio, vivían los germanici, a los que se supone germanos arrastrados hasta allí por las invasiones celtas. ¿No se llamaba la actual capital de Ciudad Real "Oretum Germanorum" en aquella época? Tampoco podemos olvidar el documentadísimo hecho de que cuando los romanos llegaron a España los celtiberos se encontraban en plena expansión hacia el Sur.



Martín-Miguel Rubio Esteban