lunes, 3 de octubre de 2022, 17:31

De almas, ditirambos y (muchas) heridas

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150922 va polaino



A mi amigo Juan José Guardia Polaino, escribo:


Ya sé, porque así me lo has hecho saber, que has presentado un nuevo libro, “De almas, ditirambos y heridas”, se llama. A lo largo de varios años de reuniones semanales con el vino y los libros como protagonistas, hemos tenido la ocasión de conocernos, de fraguar una inquebrantable amistad y de compartir muchas inquietudes literarias y personales. Por eso cuando tuve este poemario entre mis manos, no diré que me ha sorprendido poco, pero sí que hay mucho en él de lo que yo ya conozco de tu persona, tal es tu amor por el vino, tu sensibilidad, tu compromiso y tu afabilidad con los demás.


Todo tu entendimiento poético, lo viertes para celebrar las excelencias del vino en este libro. De ahí esos versos llenos de ardoroso fuego, de exclamativo temblor ante el misterio de la vida o del amor, pues también el vino es concentración de todo ello. ¡Qué voz más segura, dejas caer en estos poemas!


En los cantores báquicos hay mucho de filosofía hedonista, ya lo hemos hablado algunas veces, tejen su poesía (equivocadamente creo), con una tendencia a la búsqueda del placer y el bienestar a través del vino, donde, ¿de tanto gozo? se transforma en impostura. No es tu caso, pues todos los poemas llevan inoculada una seriedad y un compromiso personal alejado de la farándula, digno de alabanza.


Esta obra acusa una gran personalidad y se condensan en ella todos los elementos esenciales de tu poética, amigo. La pasión, lo vibrante, el compromiso social, lo barroco y vigoroso en cuanto a su expresión, lo exquisito sin vacíos y, sobre todo, lo sincero.


Sé, porque te conozco a fondo, que este libro lo has parido en noches de largo insomnio, y sé, que le pides al vino que te hable en esas noches solitarias, que te explique porque te desvelas con su ausencia, porqué su sonido te es propicio para el descanso.


Especialmente emocionantes son los poemas que hacen protagonista a nuestra tierra, recinto espiritual para ambos, vigilada por los dioses. Quizás haya algo de orgullo profesional en ello, por mi parte. Nuestra querida Mancha, madre acogedora de unos hijos atados a su arcilla de por vida, así me siento cuando te leo amigo, orgulloso de mi fe en esta tierra que tanto nos ha dado, Juanjo.


En contraposición, algún otro tienes referido al vino urbano, que pierde su nobleza entre calles inmundas, huérfano del amor negado por la luna.


O cuando comparas el ciclo vegetal de la viña con el del ser humano, sarmiento que forja su fecundidad temprana y es venido luego en muerte de gavilla y fuego. Así, en el hombre también, esto lo digo yo, todo es pendular, fecundidad primero, muerte después.


Para vosotros, los poetas, el vino es materia sagrada y creadora, pulmón que empuja hacia la mística, vino como sangre roja en vuestro vivir diario. En los demás, el vino es aleatorio, insustancial, algo doméstico y tristemente prescindible.


Te deseo lo mejor. Largo recorrido para el nacimiento de este nuevo hijo, alumbramiento que sabremos celebrarlo con poesía, con emoción vibrante cada jueves, para seguir cultivando, en definitiva, una amistad que ojalá dure muchos años.