lunes, 3 de octubre de 2022, 17:50

El ángel que voló sin abrir las alas

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El pasado día 18 de julio, se cumplieron 46 años desde que una bomba colocada por el FRAP, destruyera practicamente en su totalidad la escultura de Juan de Ávalos (el mismo autor de las de Santa Cruz del Valle de los Caídos), que llevaba situada sobre el cerro de “Las Aguzaderas”, desde que en noviembre de 1964 fuera bendecido e inaugurado con motivo de la conmemoración en España de los “veinticinco años de paz”.


Este “ángel de la victoria y de la paz”, luego raíz de atentado, el “ángel de las aguzaderas (la “guzaera”, o la “buzaera” se ha dicho durante muchos años), se colocó en aquel paraje que está, según el caso, a la salida o a la entrada de Valdepeñas, en plena autovía y entonces general IV, que voló un sábado 18 de julio de 1976, cuando la ciudad ya estaba cubierta por la noche, y en el Meliá “El Hidalgo”, se celebraba el banquete de una boda. Lo digo, porque a la misma asistían familiares míos, pero nadie escuchó nada.


Las alas de los ángeles simbolizan la moral, pureza, protección, religión, belleza y fuerza. También hay quienes mencionan que simbolizan la perfección. En este caso no tuvo que abrir las alas para volar, no le hicieron falta, porque directamente lo voló el FRAP, es decir, el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota, que también aparece como Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico, una organización terrorista de carácter antifranquistarepublicana, que surgió en los años setenta, cuando la dictadura comenzaba a ver en la lejanía, el final del túnel.


Se llegó a comentar que la destrucción mediante bomba había sido obra del GRAPO, pero tomó mucha fuerza que la acción fue obra del FRAP. Circuló por aquel entonces una teoría que confirma la autoría, pero que ahora no voy a desvelar.


Quien se detenga ahora en visionar lo que en su día fue “el monumento”, como coloquialmente se le conocía en Valdepeñas, apenas se divisan dos columnas altas de granito (de 25 metros cada una, que resistieron la bomba).

Pocos días después del atentado, más de 4.000 personas se reunieron en “acción de desagravio”, con la presencia del mítico líder de Fuerza Nueva, Blas Piñar López.


Hubo intentos de restauración, y se solicitó asesoramiento al escultor ciudadrealeño Joaquín García Donaire, evaluándose el coste de la restauración en 7.500.000 de pesetas, y por eso se abrió una suscripción popular que no alcanzó el objetivo, además ya habían cambiado los tiempos, y no se consideró necesario restituir el mismo en un estado democrático, pues podría ser causa de discordia.


Años más tardes y siendo alcalde Esteban López Vega, la Diputación puso a disposición del municipio los terrenos, y hasta hoy.


INAUGURACIÓN


Vamos ahora con la inauguración que tuvo lugar un 16 noviembre de 1964, que estuvo presidida por el teniente general Camilo Alonso Vega, por aquel entonces Ministro de la Gobernación que ostentó la representación de Su Excelencia el Generalísimo, pero además estuvieron los directores generales de Administración Local, el de Correos y Telecomunicación, los subdirectores generales de Arquitectura y de la Guardia Civil, el gobernador civil de Ciudad Real y el de Cáceres, el valdepeñero Alfonso Izarra Rodríguez, el presidente de la Diputación, el Alcalde y Jefe Local del Movimiento, Alfonso Megía Cruz, y autoridades y jerarquías incontables.


Y si hablamos de asistencia de público en general, leemos en “Valdepeñas. Revista del área de Cultura”, que estuvieron más de seis mil.


El Ministro ya citado, revistó a la batería del Regimiento de Artillería, Información y Localización de Ciudad Real, que con bandera y banda rindió los honores de ordenanza.


La bendición del mismo corrió a cargo de D. Pedro Rebassa Vizquerra, vicario general de la Diócesis de Ciudad Real.

El gobernador civil, a la sazón, José Pérez Bustamante dijo que “queda este Monumento de piedra y bronces, que evoca a nuestros caídos, que simboliza nuestra victoria, que consagra nuestra paz y abre horizontes de orden, trabajo, justicia social, fe en Dios y en nuestro destino”.


Finalmente, el ministro Alonso Vega pronunció un “vibrante y elocuente discurso, en el que destacó la importancia del Monumento, como recuerdo por la cruzada, como testimonio de futuro para las próximas generaciones y como presencia y permanencia de la paz, así como de homenaje de agradecimiento a Franco, nuestro caudillo de la guerra y de la paz”.


El acto concluyó con el desfile de la fuerza participante, que previamente había rendido honores, y el archivo del NODO lo recoge con la fidelidad de la época.


CARACTERÍSTICAS


Algunas características de la escultura realizada en bronce, son las de un ángel de unos 15 metros de altura que sostenía una gran espada de 10 metros, todo ello sobre dos pilastras de granito de 25 metros de altura.


Obra en bronce del escultor de Juan de Ávalos, si acercamos las fotografías que se conservan antes del atentado, observamos que el rostro es el del mismo Francisco Franco Bahamonde.


El entorno tenía asignado un guarda, que tenía un pequeño lugar dedicado a la venta de algunos refrescos o agua mineral entre otros.


A raíz de volarlo, todo quedó en un gran amasijo de hierro retorcidos, que además con el paso del tiempo, tanto parte de la cabeza, los brazos o parte superior de la espada, fue expoliado para venderlo, pues recordemos que fue hecho en bronce.


Recuerdo, que cuando el generalísimo se desplazaba en vehículo desde el Palacio del Pardo (Madrid) a “Peñalajo”, para participar en jornadas cinegéticas, el monumento permanecía iluminado, y a lo largo de carrera, apostados a ambos lados de la general IV, numerosos agentes de la Guardia Civil.


En aquellos tiempos, esta zona donde se instaló el monumento del ángel, era muy frecuentada por familias enteras que iban a merendar, o simplemente a pasar un rato, o a disfrutar de las vistas que se observan desde el horizonte, pues hay que tener en cuenta que desde el cerro de las aguzaderas, las vistas son impresionantes, un auténtico mirador u observador, que es lo que debería ser en la actualidad.


Luego, llegó la instalación de antenas para las comunicaciones y para medios de comunicación, y aquello se asemejó a “Cabo Cañaveral”


Y bueno, pintadas, destrozos, grafitis, botellas, plásticos, inmundicias, todo cabe en torno al monumento de un ángel que voló sin abrir sus alas, y que ya forma parte de la historia. 


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