Este año la procesión ha ido por dentro... y por fuera

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Con este comentario concluyo la trilogía que he dedicado a modo de comentario o de opinión, a la celebración de la Semana Santa, concretamente en el aspecto procesional, que este 2022 hemos tenido la fortuna de celebrar “por dentro” y “por fuera”.


Dejo para dentro de unos días una miscelánea sobre el 35 aniversario de la fundación de la Agrupación de Cofradías y Hermandades de Semana Santa de Valdepeñas.


Esta Semana Santa ha sido un regalo de Dios, una Semana Santa para encontrarnos con Él en las calles. Considero que con las celebraciones pasionales hemos crecido en el amor a Jesucristo, primero acercándose al sacramento de la confesión, y se ha vivido con intensidad emocional en los templos, pero ha querido el Señor que cada procesión haya sido un golpe de conversión… por dentro… y por fuera.


Todo esto ha venido a demostrar, que la esencia perdura, prevalece, y el reencuentro con las tradiciones pasionales ha sido brutal en las calles de la Muy Heroica Ciudad.


Esta pasada Semana Santa hemos vivido muchas historias, una por cada paso, una por cada imagen, una por cada momento, una por cada “levantá” o “revira”, una por cada esfuerzo de esos hombres y mujeres de trono, y otra por quienes han salido portando andas. Ha sido en ciertos momentos algo tan especial, fuerte y conmovedor, que no se puede explicar con palabras.


Hemos asistido al alumbramiento de una nueva Semana Santa, y que además, muy respetuosamente cada uno celebra a su manera, bien asistiendo a las celebraciones litúrgicas, o en la calle esperando a que salgan las imágenes, o formando parte integrante de alguna de las ocho cofradías valdepeñeras, o incluso quedándose en casa cocinando unas ricas torrijas o esos potajes de cuaresma (de pellas) para alegrar el estómago, o bien optaron por irse estos pasados días a una casa rural, o se han ido de turismo, o la playa con la familia para salir de sus rutinas diarias buscando la desconexión.


Y quien se ha quedado en Valdepeñas, quien ha salido a la calle en horarios procesionales, ha mezclado durante esos días santos, sentimiento, pasión, música, arte sacro.


Para que todo esto se haga realidad cada año es muy importante el buen entendimiento con los párrocos, consiliarios, sacerdotes, y es igualmente importante la ayuda de las administraciones públicas y entidades privadas. Circunstancias ambas que han estado presentes.


Nuestra Semana Santa ha pasado, y no ha estado exenta de esa carga divina, humana y emocional. Hemos visto pasar a ese Dios que nos sorprende desde la sensibilidad, a María a la que imploramos, y ahora llegan los días de Glorias, de sol, sin olvidar la devoción y la alegría.


Ya se han quedado dentro las cruces de guía, ya se han guardado túnicas, capirotes y mantillas. Se han apagado las velas y el sonido de la bocina y los sones musicales. Ya se ha recogido el costal… es momento de renovar la ilusión.


Solo me queda solicitar que sigamos trabajando con ilusión por el futuro de la Semana Santa, porque la de 2023 ya se adivina en lontananza. Ya sabes, en los primeros días de abril.