Más de 1.000 días sin cruz de guía

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200422 VA PROCESION



Leía recientemente entre las distintas publicaciones cofrades que caen en mis manos, una frase muy conocido, pero no por ello menos importante, y es la siguiente: “dicen que los cofrades no nos hemos ido nunca”, y por eso “no volvemos, estamos”.


Han pasado, si no he ajustado mal las cuentas, la friolera de 1.085 días sin poder ver una cruz de guía en Semana Santa. Aquí es necesario obviar las salidas extraordinarias o peregrinaciones.


Más de 1.000 días, si tenemos en cuenta lo que quedó en 2019, desde el domingo de Resurrección a final de año, los 366 días de 2020, los 365 días de 2021, y los 100 días de este 2022, hasta que por fin ha llegado la ocasión que nos ha permitido caminar juntos como pueblo de Dios en compañía, participación y misión que ha señalado el Obispo de la Diócesis de León.


Si bien es verdad que las actividades de las penitenciales se detuvieron en los momentos más tristes de la pandemia, el año pasado al menos pudimos ver las imágenes, las tallas de los titulares, el ajuar de la Señora, o el patrimonio de la propia corporación penitencial.


Nos ha parecido mentira, pero la gente, la devoción popular ha “asaltado” y exaltado su fervor en las calles y plazas, por muy recónditas y solitarias que estuvieran.


España cuenta, según mis noticias, con más de 10.000 hermandades y cofradías, de las que 8 son de nómina valdepeñera, y lejos de que se hubieran quedado “solas”, ha habido una respuesta y una implicación tanto en los cortejos, como en la calle, imponente. Vamos, mucho mejor incluso que antes de la pandemia.


No es el caso de Valdepeñas, que adolece en general (no particularizo) de acompañamiento de hermanos y hermanas de túnica, pero me cuentan que en Sevilla, que queramos o no es el epicentro de la piedad popular española, y que sirve de termómetro para constatar la salud del movimiento cofrade en nuestro país, los nazarenos, en alguna procesión han ido en fila de a cuatro. Aquello es otro mundo.


La salida de las distintas cruces de guía, nos disiparon enseguida las dudas de que como sería la respuesta, y las hermandades siguen siendo un vehículo para acercar a las nuevas generaciones a la Iglesia, sin olvidar el instrumento de evangelización que supone para quien contempla con fe, respeto y devoción el paso de los distintos cortejos pasionales.


Después de casi tres años, hemos podido disfrutar “a lo grande” de la Semana de Pasión por las calles de nuestra engalanada ciudad. Gracias a Dios que así lo ha querido, y al manto protector de su Bendita Madre.


Una Semana Santa que se ha vivido con intensidad, y que nos ha aportado sentimiento cuando hemos podido ir viendo el paso de la iconografía pasional.


Tuvimos luz para una nueva Semana Santa, y sobre todo tuvimos sol, excepción ya comentada en otro anterior artículo de opinión, de la llovizna del Miércoles Santo por la tarde-noche, pero no impidió la salida de la Virgen Macarena y Jesús Cautivo.


De esta forma podemos afirmar que se ha recuperado lo que nos arrebató la pandemia, se ha revitalizado el ámbito cofrade, quizás por aquello que decíamos al principio, de que los cofrades no nos hemos ido nunca.