​Cristino Quintana: “Estoy muy agradecido al pueblo de Valdepeñas porque me ha demostrado que me quiere”

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CRISTINO QUINTANA




Cristino Quintana lleva 69 años tocando la guitarra. Empezó con tan sólo 5 años porque le llamaba la atención ver a su abuelo tocarla. Y después de compartir con Paco de Lucía profesor en Madrid, regresó a Valdepeñas donde empezó a ofrecer actuaciones hasta llegar a tocar para importantes figuras como Juanito Valderrama o José Mercé, e incluso llegando a tener al Rey de España o al presidente de Francia como espectadores. Todo ello son razones más que suficientes para que el Ayuntamiento de Valdepeñas le conceda la Medalla de las Bellas Artes en el acto institucional a celebrar en los primeros días de septiembre. Con él repasamos su vida en esta entrevista.


¿Cómo ha recibido este reconocimiento?


Lo he recibido con mucha alegría porque este año he pasado por cosas malas y esto nos ha dado ánimo para seguir luchando.


¿Qué significa para Cristino Quintana recibir esta Medalla de las Bellas Artes?


Para mí es un orgullo de muchos años de mi profesión porque yo empecé a los cinco años y tengo 74 y todavía estoy en activo y ha sido una alegría muy grande.


¿Ha sentido el apoyo del pueblo de Valdepeñas a lo largo de todos estos años?


Estoy muy agradecido a Valdepeñas porque me ha demostrado que me quiere. Y yo me he portado muy bien con Valdepeñas porque siempre que me han llamado para colaborar en cualquier festival o iniciativa, he estado disponible. Además, si sigo en activo y me siguen llamando, yo siempre estaré con los valdepeñeros y con mi pueblo. Eso está por encima de todo.


¿Cómo recuerda esos inicios de su carrera?


Empecé con cinco años a tocar la guitarra. Estuve en Valdepeñas, empecé con un maestro aquí y cuando cumplí 11 años me llevó mi padre a Madrid y el Niño Ricardo estuvo dos años dándome clases. Después volví a Valdepeñas y empecé con Radio Juventud, con las peñas flamencas, y alterné el trabajo con la guitarra hasta ahora.


¿De dónde le viene esa afición?


Me viene de mi abuelo. Él tocaba la guitarra, hacía jotas con los mayores. Y siempre veía  a mi abuelo con la guitarra y me gustaba, me llamaba la atención, y gracias a la afición de mi abuelo, he seguido sus pasos.


¿Cómo ha cambiado el tema de las actuaciones flamencas a lo largo de los años?


Yo siempre he tenido muchas actuaciones, nuestra peña, La Soleá, ha estado siempre muy vinculada a los pueblos y nos han contratado a través de la Diputación y de la Junta. Luego ha venido la pandemia, que nos ha parado a todos. Los espectáculos han estado parados. Y este año parece que se está volviendo a mover un poco. Pero a mí ya no me preocupa eso. Lo que quiero es que los alumnos que tengo, que ya son buenos guitarristas, que sigan tocando y tengan trabajo que es lo principal.


Porque, aparte de las actuaciones que hace, también da clases…


Sí, doy un curso de guitarra en Torrenueva y otro en Valdepeñas. Y estoy sacando a bastantes guitarristas buenos, de una calidad muy buena, que se pueden presentar en cualquier parte. De Valdepeñas tengo a tres alumnos, Jesús Peñalver ‘Palerito’, Andrés Ramírez y Niño Chavolena, que para mí son un orgullo.


De todas las actuaciones que ha ofrecido a lo largo de su carrera, ¿recuerda alguna con especial cariño?


Recuerdo muchas. La primera que tuve cuando tenía 12 años en La Voz de Madrid, donde me presentó José Luis Uribarri y me dieron un premio de 1.000 pesetas, fue una de las actuaciones que mejor recuerdo. Y mi primera actuación en Valdepeñas fue en el Teatro Cine Ideal, con Demetrio Antequera. Con pantalón corto que iba yo… Y luego he tenido muchas actuaciones que recuerdo con mucho cariño porque he tocado a gente muy importante, he hecho fiestas con su Majestad El Rey o con el presidente de Francia y me he movido a unos niveles bastantes buenos.


¿Qué anécdotas tiene de esos años?


Anécdotas tengo muchas. Lo hemos pasado muy bien en las fincas, por ejemplo, a una muy cerca de Valdepeñas donde vino el Rey. A mí no me dijeron nada y cuando entramos en la finca y vimos a tanta Guardia Civil, no sabíamos lo que pasaba, y fue entonces cuando nos enteramos de que íbamos a tocar para el Rey, lo que para nosotros fue un orgullo.


Me llama la atención la cantidad de objetos que nos rodean donde estamos haciendo la entrevista, en la sede de la peña La Soleá, que es como un museo…


Sí, esto es un museo. Aquí tengo un historial del flamenco, con festivales grabados de hace más de 30 años, tengo una cinta muy importante que me la regaló Paco de Lucía, al que le daba clases de guitarra en Madrid el mismo maestro que a mí. Entonces, me dio una cinta en la que se llamaban ‘Los chiquitos de Algeciras’ y la tengo como oro en paño. Él tenía 12 años, su hermano Pepe de Lucía tenía 14 y yo tenía 12. Imagínate en aquella época.


Y una de las piezas más importantes que podemos ver aquí puede ser la chaquetilla de Tomás de Antequera…


Sí, es una chaquetilla que nos donó la familia de Tomás de Antequera cuando falleció. Y ahí tengo una fotografía con Esteban López Vega, en la que también aparece Tomás de Antequera, que fue cuando le pusieron su nombre a la calle. Fue él mismo el que destapó la placa. Se lo  hicimos en vida, que es como hay que hacer las cosas.


¿Y a todos esos artistas a los que ha acompañado con la guitarra, con cuál se quedaría?


He tocado con muchas figuras, con Juanito Valderrama, con María José Santiago, con Perro de Paterna, con Simón ‘El Niño de la Ribera’, que ha fallecido ahora, con José Mercé, con todos los grandes del cante. Cuando empezó José Mercé y venía por Castilla-La Mancha, me llamaba para acompañarle.


¿Y cuando le llamaban esas figuras qué se le pasaba por la cabeza?


Pensaba que tenía que estar preparado para tocar a esas figuras. Pensaba que si me llamaban era porque valía para eso. Y aprendí mucho con ellos.  Porque nunca terminas de aprender a tocar la guitarra. Tocar para cantar es muy difícil pero cuando das con un cantaor bueno, ellos saben su profesión, tú sabes la tuya, y no es difícil.


¿A quién le va a dedicar la medalla?


A mis padres. Porque mi padre fue el primer culpable de que yo esté aquí tocando la guitarra. Él siempre me decía que aprendiera a tocar la guitarra porque me iba a dar muchas cosas buenas. Y la verdad es que llevaba razón. También se la dedicaré a mi mujer, a mis hijos, a mi familia y al pueblo de Valdepeñas, que lo quiero mucho y lo seguiré queriendo mientras yo viva. Además, quiero darle las gracias al Ayuntamiento de Valdepeñas por haberse acordado de mí para este reconocimiento.