Los feriantes sufren en La Solana las consecuencias de las fiestas más descafeinadas que se recuerdan

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El colectivo de comerciantes que ha venido a La Solana en estas fiestas de Santiago y Santa Ana ha padecido las consecuencias de las restricciones fruto de la pandemia. Un recinto ferial sin atracciones y que mantuvo la zona del bulevar sin casetas ni tenderetes, a excepción del puesto Viveros Santi.

Y es que no ha sido nada fácil adaptarse a las condiciones impuestas a los mercaderes por las autoridades. Muchos de los feriantes que se habían convertido en unos fijos en nuestras fiestas ni siquiera dieron el paso de venir, entendiendo que los horarios establecidos eran su principal enemigo.

El cierre obligatorio de todos los puestos ambulantes a las 02:00 de la madrugada, hora en la que muchos de ellos comienzan a vender sus productos o se encuentran en hora punta, supuso un mazazo y un obstáculo complicado de superar teniendo en cuenta las dificultades que vive este colectivo para venir a la feria, poner en marcha su negocio y sacarle rentabilidad.

Aunque los feriantes manifestaron en todo momento el buen recibimiento y la facilidad que les pusieron las autoridades locales a la hora de desarrollar su actividad comercial, su actividad no ha tenido la productividad económica de otros años.

Fruto de la falta de chiringuitos, atracciones y algunos puestos tradicionales en el bulevar, los habitantes de La Solana no acudieron al recinto en la proporción en la que lo habían venido haciendo en los últimos años.

El tiempo nos dirá si esta bajada en el número de asistentes ha sido puntual o si es una tónica que se repetirá en los años venideros. Sin embargo, parece evidente que La Solana no dará la espalda a unas fiestas en las que la afluencia de mercaderes vuelva al número habitual. Y la localidad recompensará a aquellos que “han sudado la gota gorda” para sacar adelante su negocio en esta etapa tan difícil y para hacer disfrutar a los solaneros y solaneras.