Un acto cívico

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La indignación corrió de móvil a móvil, en las redes sociales, y se gestó una convocatoria espontánea para concentrarse ante todos los ayuntamientos de España. Echando la mirada atrás, son 41 lxs niñxs asesinadxs desde 2013 y 1.096 mujeres muertas desde 2003.


Miles de mujeres salieron a la calle en grandes capitales y pequeños pueblos. Señala la Prensa que se ha intensificado la presencia en el discurso público de la violencia machista. Es más visible, con sus crueles consecuencias, pero también la lucha contra ella. Mucha gente se ha familiarizado con conceptos hasta ahora manejados por los “expertos”, como la violencia vicaria, esa en la que el maltratador mata en vida a la mujer atentando contra sus hijos.


Aunque, desgraciadamente, también hemos constatado la pertinaz intervención de quienes se posicionan desde un pensamiento reaccionario que se apoya en los valores del heteropatriarcado más cerril.


Por ejemplo, el partido de ultraderecha Vox, con presencia en el Congreso y en algunos parlamentos regionales, ha hecho bandera de la negación de la existencia de la violencia de género y de la promesa de erradicar las leyes que la combaten.

Así (y como desafortunada contraparte al clamor de indignación ante los asesinatos y de solidaridad con las víctimas), no han faltado gestos y discursos que nos ponen en evidencia como una sociedad con graves problemas sociopolíticos y psicosociales. Y aún hay más, porque si al impresentable fondo moral de los que habitan en un feroz ecosistema mental cargado de violencia e individualismo, añadimos las deleznables formas en las que se manifiestan, tenemos un cuadro completo que resulta preocupante y sobre el que deberíamos reflexionar larga y serenamente a lo largo y ancho del tejido social que se proponga transformar para mejor esta peligrosa situación. ¿Cómo calificar el discurso del Padre Báez o el desplante del político Ortega Smith?


En esa batalla de ideas y gestos la sociedad tiene que mejorar su capacidad de respuesta, empezando por aumentar la capacidad de análisis de cómo estamos reaccionando ante esta crisis social, en este caso concreto, lo que hemos sido capaces de oponer al horror del crimen, a la crueldad del machismo. Leamos la prensa, repasemos los videos en los que se recogen imágenes y palabras que tratan de denunciar la violencia y valoremos ese minuto de silencio, esa lectura de manifiesto, esas declaraciones institucionales o partidistas para tener una idea clara de lo mucho que nos queda por mejorar cuando consigamos establecer referentes comunes, democráticos y hablemos de todo ello con sensatez, conocimiento científico y voluntad de llegar a un acuerdo colectivo, democráticamente elaborado y asumido, para vivir en este país.


Concha González