El Centro de Salud de La Solana inyecta 423 vacunas en dos días. “Esto es una lucha contrarreloj”

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El Centro de Salud de La Solana fue un hervidero el Jueves Santo y el Sábado Santo. Un goteo interminable de personas acudió a la llamada de la vacuna contra la Covid-19. Eran hombres y mujeres que habían nacido entre 1956 y 1965, sin importar su profesión. Fueron llamados para la primera dosis con poco margen de tiempo para pensárselo, algunos casi sobre la marcha, pero la respuesta fue admirable. Poco importaba si la vacuna se llamaba AstraZeneca, cuya mala prensa ha corrido como reguero de pólvora en las últimas semanas. Tanto es así que, salvo contadas excepciones, todo el mundo acudió a la llamada de la inmunización.


El jueves se inyectaron 197 dosis y el sábado 226, las últimas casi a la carrera para evitar que sobraran viales y quedaran inutilizados. El equipo de enfermería del Centro de Salud trabajó a destajo bajo la supervisión de un médico. El sábado fue Carmen Sánchez Tapia, médica de urgencias en el Hospital Comarcal ‘Virgen de Altagracia’, quien se desplazó para coordinar el operativo de vacunación. En declaraciones a Radio Horizonte, se mostraba muy satisfecha por el resultado de esta primera campaña masiva. “No hemos tenido contratiempos, la gente se ha vacunado con total normalidad”. Pero su mayor satisfacción, amén de la cantidad de dosis inoculadas en pocas horas, tenía que ver con el sentir general. “Llegan informados, tranquilos y sobre todo esperanzados; quieren vacunarse para acabar con este virus”.


A todos se les hace una encuesta prevacunal, de acuerdo con el último documento ministerial publicado el 30 de marzo sobre estrategia de vacunación. El personal sanitario pregunta si han pasado la enfermedad, si tienen alguna patología de base o alguna alergia conocida. Y a todos se les recuerda qué vacuna recibirán, en este caso AstraZeneca, aunque la inmensa mayoría lo sabe de antemano. Y no se amilana por ello. “No hago caso de lo que se dice; cualquier vacuna puede dar reacción”, nos decía Paco, que recibió la vacuna el jueves y dos días después no sentía ninguna molestia. “De momento no he tenido ninguna reacción y a varios que he preguntado tampoco”. “Con esta vacuna creo que se ha creado una alarma innecesaria”. Su respuesta a la pregunta de si dudó cuando lo llamaron fue tajante: “Les dije ¡ya!, si es mañana mismo, mejor”.


En parecidos términos se expresó Peñarroya, aunque sí admitió ciertas reservas previas. “Venía con un poco resquemor por lo que están diciendo, pero nunca dudé en venir si me llamaban”. Su mensaje es claro como el cristal: “Le digo a la gente que se vacune si queremos que esto acabe pronto”. Julia tampoco notó el pinchazo, ni sentía nada extraño minutos después de ser vacunada. La llamaron un par de días antes y fue una fiesta para sus oídos. “Estaba deseando porque esto no es vida, la verdad”. Paqui sí tenía unas décimas de fiebre al día siguiente de recibir la primera dosis. “Me siento un poco rara, pero nada que no se pase con un par de paracetamoles”, sentenciaba.


La ciudadanía quiere vacunarse, y pronto


Lo ocurrido en La Solana exhibe una realidad incontestable: la población quiere vacunarse, y cuanto antes mejor. Al margen de recelos, consustanciales a cualquier vacuna y en este caso amplificados por los altavoces mediáticos, el ciudadano de a pie acepta la punción con naturalidad. La inmensa mayoría coincide en que los beneficios merecen la pena y, además, está harta de esta situación. Lo que pocos entienden es la lentitud, empezando por los mismos médicos. “En este momento disponemos de cuatro vacunas y es clave acelerar el proceso”, insistía Carmen Sánchez. “Lo único importante ahora es vacunar al mayor número de población en el menor tiempo posible; esto es una lucha contrarreloj si queremos ganar la batalla al virus”. Pocas veces hubo una receta tan simple.