Mujeres y trabajadoras. Una historia de la lucha por la igualdad. Homenaje a las mujeres manchegas

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Recreación idealizada de mujeres en la vendimia de Valdepeñas. 1958. Fuente: Fotograma del NO-DO.


La imagen de la mujer ha sido y es, muy utilizada con diferentes fines, como se ha visto en diversas circunstancias. En unos momentos esta imagen dada es la real, sin embargo, en otros, se trata de una idealización y una manipulación de la figura femenina a través de distintas fuentes gráficas, ya sean el cine, los documentales o los mismos anuncios publicitarios.


Para la realización de este breve artículo que proponemos hoy, nos trasladamos a mediados del siglo pasado, sobre todo a las décadas de los años 1950-60, donde se puede percibir cómo una de estas recreaciones es la que se ha hecho de la mujer rural, más concretamente valdepeñera, y su papel en las tareas agrícolas utilizando estos recursos como mecanismos de propaganda para adoctrinar a la mujer; en el retrato que de ellas se daba, primaba la abnegación y la sumisión.


La instrumentalización y utilización de la fotografía manipulada de la mujer demostraba el poder de su utilización por estos medios de comunicación de la época, para crear en la mujer rural una imagen desvirtuada.


La aportación de la mano de obra de estas era imprescindible para sacar adelante a la familia, en un momento en que el nivel de vida solo llegaba a la mera subsistencia. En las décadas de los años 50 y 60 del pasado siglo XX, se produce la ampliación del cultivo del viñedo y del cereal mediante la roturación de grandes espacios forestales y este fenómeno tiene como consecuencia el aumento de la mano de obra no cualificada.


El recorrido literario por los documentos históricos, así como el trabajo de campo y las entrevistas a mujeres que vivieron en Valdepeñas en los años sesenta, muestran claros indicios de la idealización que los documentales de la época exhibían en cuanto a la imagen de la mujer. El hecho de tratarse de una época relativamente reciente nos ha permitido obtener testimonios orales de primera mano, a través de los cuales poder añadir al estudio de la documentación histórica más pruebas sobre los mecanismos de idealización de la imagen de la mujer mostrada en los medios de aquellos años.


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Vendimiadora con traje típico manchego. Valdepeñas, 1958. Fuente: Fotograma del NO-DO.


Los documentales mostraban a mujeres que, alegremente y en un ambiente festivo, iban cogiendo los racimos de las viñas, mientras saboreaban alguna uva de vez en cuando. Asimismo, se representaba a estas mujeres vendimiando con los trajes típicos, bonitas y coloridas faldas bordadas, calcetines y camisas blancas, pelo perfectamente peinado, abalorios como pendientes largos o lazos. La vestimenta folclórica de la que hacían gala dichas estampas rememora la blusa, la saya de percal, el delantal de seda, la pañoleta cubriendo los hombros, el calzado de abarcas y el sombrero de paja.


La recreación idealizada de esta vestimenta tradicional nos aleja de la realidad de la mujer rural manchega, afanada en la dureza de las labores agrícolas. El objeto propagandístico de esta alienada representación femenina se pone al servicio de unos valores sociales que a finales de la década de 1950 encorsetaban a la mujer, como lo hacían sus sayas almidonadas.


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Mujeres vendimiando. Fuente: VV.AA.: Vendimia 1959. Valdepeñas. Fotografías de Harry Gordon, 2001. Museo del Vino, Valdepeñas.


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Mujeres transportando un capacho de esparto lleno de uvas. Fuente: VV.AA.: Vendimia 1959. Valdepeñas. Fotografías de Harry Gordon, 2001. Museo del Vino, Valdepeñas.


A través de fotografías familiares de la época y del relato de las mujeres valdepeñeras, podemos hacer un cuadro muy distinto de la mujer rural y su vestimenta. Para la comodidad de las labores realizadas en el campo llevaban pantalones. Al tratarse de una prenda masculina en aquella época, encima de estos pantalones vestían grandes faldas largas de telas oscuras, y no de la mejor calidad, precisamente. Estas faldas eran cubiertas con delantales. No escogían sus mejores galas para ir a trabajar al campo, sino todo lo contrario, prendas “sufridas”, de colores oscuros y prácticas, dentro de los cánones aceptados en la época, más adecuadas y propias para el duro trabajo en el campo. Del mismo modo, y buscando la comodidad, era habitual que cubrieran su pelo con un sombrero o un pañuelo, a menudo con ambos.


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Mujeres de Valdepeñas recogiendo la uva, con la indumentaria utilizada en la época. Fuente: Autoras: “La mujer rural manchega en el NO-DO: una realidad idealizada”, en XII Congreso virtual sobre Historia de las Mujeres, 2020, p.p.739-769.


Preguntadas por el sentido de la falda encima del pantalón, nuestras informantes nos explican que el pantalón solo lo vestían los hombres, motivo por el cual debían taparlos con las faldas, incluso para trabajar en el campo. A pesar de la apropiación femenina del pantalón para vestir muchos años atrás, en determinados ambientes y mentalidades aun estaba «mal visto» que una mujer lo vistiera.


Esto da una idea de la concepción de la estética femenina vigente entonces, en concordancia con el encorsetado código de convenciones sociales aplicable, especialmente, a aquella.


Las niñas empezaban a trabajar en diversas labores del campo a partir de los diez u once años. Algunas continuaban yendo al campo después de casadas. Otras, a partir de ese momento pasaban a ocuparse del hogar y de los hijos nacidos de unas uniones o matrimonios que se llevaban a cabo en edades tempranas. También era habitual dejar en la casa a la hija mayor que, en muchas ocasiones era una niña de siete u ocho años, al cuidado de los hermanos más pequeños.


Muchas mujeres sembraban patatas, cogían aceituna, chícharos o garbanzos, lo que les provocaba heridas en las manos, además de vendimiar y realizar otras labores en los majuelos.


Hoy en día, estas imágenes que muestran a mujeres jóvenes valdepeñeras, perfectamente arregladas y ataviadas de abalorios, absolutamente innecesarios cuando no incómodos para las labores del campo, cogiendo grácilmente los racimos de uvas en las viñas, provocan una sonrisa, o directamente la risa abierta, en las mujeres a las que se supone debían representar aquellas otras de los documentales. Estas mujeres, reales, en absoluto se sienten identificadas con la imagen que pretendía mostrarse de ellas. Recuerdan con melancolía los duros, aunque también, por qué no, también felices, tiempos de trabajo en la vendimia, cada una con sus circunstancias y sus propios mecanismos de superación de situaciones, a veces difíciles, por la falta de medios económicos.


Lo que no trascendía en esos documentales era la realidad de la vida de estas verdaderas heroínas de la tierra; fueron pilares de la sociedad, las que alternaban el trabajo doméstico, sacaban adelante a su familia, educaban a sus hijos, realizaban labores primorosas y, además, iban a trabajar al campo. Un trabajo mucho peor remunerado que el del hombre, ya precario él mismo, con unas condiciones insanas, una relación laboral sin reconocimiento alguno.


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Mujeres valdepeñeras en la recogida de la uva, año 1959. Fuente:  Autoras: “La mujer rural manchega en el NO-DO: una realidad idealizada”, en XII Congreso virtual sobre Historia de las Mujeres, 2020, p.p.739-769.


Las imágenes reales de la mujer vendimiadora valdepeñera no son menos atractivas que aquellas otras que la idealizaban. Son igualmente sugerentes en tanto que muestran la realidad de un universo rural al que se enfrentaban con agallas, aceptando y luchando por mejorar su destino y el de sus hijos; representan a la perfección y sin falsas apariencias la gallardía de la mujer valdepeñera, en una estampa de trabajo y de lucha por una causa tan noble como la de mejorar sus vidas y la de sus familias. Muestran a una mujer fuerte que no necesita de artificios sino de su propio espíritu de lucha por la vida.


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Valdepeñeras posando junto a un capacho de uvas, año 1953. Fuente:  Autoras: “La mujer rural manchega en el NO-DO: una realidad idealizada”, en XII Congreso virtual sobre Historia de las Mujeres, 2020, p.p.739-769.


La situación actual sigue siendo mejorable; pero a aquellas hay que reconocerles sus méritos, ellas fueron las verdaderas heroínas, y no las imágenes desvirtuadas del cine.


A esas mujeres, a todas las mujeres, van dedicados estos párrafos, que no pretenden ser más que un pequeño homenaje para seguir impulsándonos, a todas y a todos, a continuar en la necesaria búsqueda de la igualdad real. Porque no son suficientes las representaciones. El mundo necesita la contribución de todos los seres humanos para hacerlo mejor.

¡Feliz día de la mujer!



Para saber más:


  • Fiesta de la Vendimia, Valdepeñas, No-do, 1958.


  • VV.AA.: Vendimia 1959. Valdepeñas. Fotografías de Harry Gordon, 2001. Museo del Vino, Valdepeñas.