Los ecos urbanísticos del progreso: Valdepeñas a principios del siglo XX

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En el último tercio del siglo XIX la ciudad del vino desplegaba sus potencialidades en la producción y exportación de este preciado fruto, comercializado en las tabernas de la capital a través del ferrocarril, desde que este hiciera una apuesta decisiva por el municipio en 1861.


El espíritu de una emergente burguesía dotó de un vital florecimiento socio- económico a la villa a la que la regente Mª Cristina otorgara el título de “muy heroica ciudad” en 1895, la misma década en que el alumbrado eléctrico hacía resplandecer de industrioso progreso a la recién intitulada con honores. En esos años Valdepeñas asistía a un proceso de eclosión urbanística sin precedentes.


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Casa C/ Castellanos. Actual sede del Centro Integral de Información e Innovación del Ayuntamiento de Valdepeñas. Fuente:

https://www.elecodevaldepenas.es/texto-diario/mostrar/787672/edificio-castellanos-tipica-casa-burguesa-pleno-siglo-xxi




Es el periodo en el que se construye la casa que aún admiramos en la calle Castellanos, rehabilitada para adaptar a los nuevos tiempos los valores que, trasladados a las necesidades de innovación y emprendimiento, ya encarnaron desde sus orígenes Antonio Mª Vasco Gallego y Mª Teresa Vasco Santa María. Los estucos de imitación marmórea de su oratorio privado presenciaron las procesiones que invitaban a participar de su magnificencia en momentos señalados del calendario litúrgico.


Varios son los patios que desde la privacidad doméstica de estas grandes familias articulaban, no sólo la centralidad de los espacios de las casas-palacio, sino también la vida económica de Valdepeñas en éstos, sus años emblemáticos. Los Izarra, los Cruz, los Ugarte o los López-Tello son nombres propios en una interminable lista de influyentes bodegueros y banqueros como parte integrante de la renombrada esfera de las profesiones liberales.


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Casa de la familia Izarra. C/ Seis de Junio. Fuente. D.F.M.


Una compleja red de relaciones sociales se escenificaba en los más variados escenarios a lo largo y ancho de la antigua calle Gijón y su conexión con el Paseo de la Estación. Éste estaba siendo adoquinado con pavimento de basalto. Era la primera década de una centuria, que nos invitaba a asomarnos a la contemporaneidad tras los enrejados de engalanadas mansiones modernistas, que aún se impregnan en la retina del viandante. Franqueando el otro eje vertebrador de estos momentos, la calle Ancha, varias son las Sociedades de Recreo y entidades financieras que le salían a su paso, en una suerte de necesidad de autoafirmación, al tiempo económica, política y cultural.


Círculos como la Confianza, la Concordia, la Unión Republicana o el Liberal se configuraron coincidiendo precisamente con ese periodo final del siglo XIX para alcanzar su momento de plenitud social en las dos primeras décadas del XX.


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Casa de los Cruz. C/ Seis de Junio. Detalle de la fachada. Fuente: D.F.M.


Estos casinos nacieron concebidos como lugares exclusivos para el encuentro de un grupo constituido en torno a unos estatutos prefijados. Eran diversas las facetas que se modelaban en torno a estas instituciones de recreo, siendo las más populares aquellas que orbitaban en torno a juegos legítimos y otros en ocasiones polémicos. A partir de la década de los ochenta empezaron a cobrar ese matiz tan liberal, del que la discusión política les revestía, en torno al café de ultramar y las elaboraciones de un afamado confitero que hacía las delicias de los comensales que acudían a los excelsos ágapes organizados. Estos espacios privilegiados del ocio burgués acogían también bibliotecas y grandiosos salones de baile para los eventos que congregaban a sus socios en momentos de especial representación social como la noche de Reyes o Carnaval.


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Fachada del Casino Republicano y Banco de España a partir de 1928. Fuente: Cerceda Cañizares, F. J. y García Alcázar, S.: “La Imagen de Valdepeñas a través de las Postales”, en 4º Ciclo de Conferencias “Valdepeñas y su historia”, 2009.



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Casino Liberal. Sede actual del “Café Local” y “Ágape”. Fuente: La Ilustración Financiera, 1914.


En el año 1928 el Círculo de la Unión Republicana protagonizará la reconversión de sus salones de ocio en oficinas financieras, en el marco de una remodelación que convertirá a este edificio civil decimonónico en la primera sede de la sucursal del Banco de España en Valdepeñas.


Ese mismo año, el Círculo que se hallaba al otro lado de su calle sufría un aparatoso incendio que en apenas dos horas hizo pasto de las llamas el piso superior del Casino Liberal.


Eran los “Felices Años Veinte” momentos de una convencida perpetuación de los valores burgueses en un clima que propiciaba sin reservas la expansión de sus economías. A la luz del fructífero negocio de los cosecheros y productores de anisados, los nombres de los bodegueros de Valdepeñas tuvieron eco al otro lado del Océano Atlántico. Eran los años en los que un nuevo producto, la sidra achampanada, cruzaba en barcos mercantes hacia el mercado americano desde Asturias y su industria. Quizá nuestros destinos, bodegueros e indianos, no fueron tan dispares. No en vano, Santiago Ugarte halló en Valdepeñas una excelente ubicación para sus Bodegas Bilbaínas, conectadas directamente en su descargadero con las vías de la estación de ferrocarril.


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Fachada del Círculo La Confianza a principios del siglo XX. Fuente: “La Imagen de Valdepeñas a través de las Postales”, en 4º Ciclo de Conferencias “Valdepeñas y su historia”, 2009.



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Fachada del Circulo la Confianza en la actualidad. Alberga la Casa de Cultura de Valdepeñas. Fuente: D.F.M.


Fueron aquellos memorables años veinte los que alumbraron a la vida a valdepeñeros anónimos, obreros, doncellas, amas de cría, jornaleros y tenderos. Todos ellos completan nuestro retrato de la Valdepeñas de las postales y diarios, de la Valdepeñas que llegó a contar con más habitantes que la propia capital de provincia.


Sin estos esforzados ciudadanos, que transitaban sobre esos adoquines que aún se ocultan bajo el asfalto, no hubiéramos podido trazar esta imagen de esplendor. Una de ellas fue Juana, la hija menor de una humilde familia del barrio del Lucero. Su madre apenas podía alimentar a sus hijos, por lo que éstos tuvieron que servir desde su más temprana edad en las mansiones burguesas de nuestro relato. Juana es un nombre que en Valdepeñas evoca a La Galana, a la mujer luchadora y valiente, que con entrega y bondad ha hecho posible lo que somos hoy. Nuestra Juana era real. Se llamaba Mª Juana León Camacho. Vivió y murió amando Valdepeñas hasta su último aliento, que se apagó en Asturias hace hoy 22 días. En su recuerdo y en el de todos nuestros mayores, los grandes héroes de nuestro 2021, va este homenaje. Para que su historia siga viva en nuestros esfuerzos presentes.