La Guerra Civil en Valdepeñas: la ofensiva de la escuadrilla Vultee

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En la imagen se aprecia la pintura de camuflaje de la veintena de unidades Vultee V-1 que se calcula que adquirió el Ejército republicano durante la contienda. No se aprecia la numeración que recibieron consecutivamente a partir del BV-001. Posteriormente cayeron en manos del bando vencedor que había interceptado algún cargamento antes de que llegasen a España. Con nueva rotulación, prologaron su vida operativa como aviones de enlace y transporte hasta mediados de los años 40 cuando fueron dados definitivamente de baja. Fuente: Autor.




A mediados de 1938, el avance de la contienda determinó que las Fuerzas Aéreas Republicanas (FARE) ampliasen su campo de acción con el establecimiento de factorías y talleres para la reparación y adaptación de aeronaves que no se limitaran a las de fabricación soviética, sino que se ampliarán con la incorporación de nuevos modelos (sobre todo norteamericanos) después que las democracias occidentales negaran su apoyo al Gobierno republicano amparados en la doctrina de la “no intervención”.



Llegado el otoño, de los talleres alicantinos de Rabassa comenzaron a salir los aeroplanos Vultee V-1 y V1A modificados para su empleo en el combate. En realidad, se trataba de las dos primeras unidades de una remesa de hasta siete aparatos que languidecían en los hangares norteamericanos al verse superados por modelos que ofrecían mejores prestaciones.


Para las FARE constituyeron una oportunidad para modernizar su aviación iniciando la reconversión con la sustitución de los ocho asientos de pasajeros por un número equivalente de lanzabombas, el armado con ametralladoras fijas en ambos planos y una móvil en el techo (con la apertura de una gran oquedad) con que reforzar su defensa antiaérea.


Los Vultee contaban a su favor con importantes avances, como su construcción enteramente en metal, la comodidad de un aparato comercial o un diseño perfilado por bellas líneas aerodinámicas; en cambio no ofrecía similares prestaciones para enfrentarse a las dificultades de la acción bélica con limitaciones en la potencia y lubricación de los motores, la fragilidad del tren de aterrizaje o la escasa capacidad de carga bélica.


El desarrollo de las operaciones movilizó en la Navidad de 1937 a la patrulla Vultee hasta el aeródromo de Valdepeñas perteneciente a la 5ª Región Aérea. La unidad, al mando del capitán checo Jean Ferak (poco después sustituido por el capitán Carlos Lázaro Casajust) la componían seis pilotos, siete mecánicos, cuatro bombarderos, cuatro armeros, tres observadores, un informador, un paracaidista, cuatro conductores y siete soldados.


En la ciudad vinatera levantó gran expectación el despliegue de las aeronaves tanto por la novedad de los aeroplanos y las operaciones aéreas en una zona de retaguardia muy alejada del frente, como por la dinámica social generada ante la inesperada presencia del contingente militar.


En la ladera norte del cerro de las Aguzaderas, situado a unos 2 km. al norte, se erigió un aeródromo que permanecía camuflado a modo de viñedo, con la disposición de cenizas oscuras que, a vista de pájaro, se confundían con las viñas. Se construyó el polvorín, mientras que en el perímetro del campo se levantaron una docena de refugios para la protección del personal; constituirán las únicas instalaciones murarias del campo de vuelo pues para el alojamiento de las tripulaciones se dispusieron varios inmuebles dentro del casco urbano de Valdepeñas.


La primera misión de combate se efectuó el 2 de enero de 1938 con un bombardeo sobre el sector de Pozoblanco (Córdoba), en el frente de Extremadura. Dos de los tres aparatos despegaron a las 13 horas, pero enseguida mostraron sus limitaciones para ganar altura y los riesgos inherentes al calentamiento excesivo de los motores. A partir de entonces, las misiones se sucedieron acumulando fracasos, unas veces por la baja calidad del combustible que limitaba el rendimiento de los motores o por la meteorología que impedía el vuelo o la visión de los objetivos; y éxitos como los reconocimientos fotográficos y bombardeos del frente de Extremadura, en el frente de Andalucía, e incluso en la ciudad de Toledo, pues su servicio dependía fundamentalmente de la evolución de las operaciones de tierra.


En Valdepeñas se centralizará la actividad de la llamada “Patrulla Vultee” durante el primer trimestre de 1938 sin que se registrase ataque aéreo por parte enemiga a pesar de las prevenciones de la municipalidad con la erección de refugios antibombardeo; no así las aeronaves que en algunas ocasiones debieron evitar el acoso de la aviación de caza nacional, aunque sin sufrir contratiempos.


Llegada la primavera de 1938, la patrulla se había ampliado hasta sumar cinco aparatos pasando a denominarse “Escuadrilla Vultee” –1ª del Grupo 72–. Buscando la proximidad física del frente de Extremadura se ordenará el traslado de la escuadrilla, es decir, de todo el material y personal, al aeródromo de Almodóvar del Campo (Ciudad Real), pero las dimensiones y condiciones de la pista desaconsejaron su desplazamiento. Sin embargo, a mediados de abril, la ruptura de la zona republicana por Vinaróz, obligó a la movilización de la unidad para contribuir a la defensa de Valencia, sede del Gobierno, siendo destinados al aeródromo de la Señera. La tarde del 19 de abril se despidieron de los valdepeñeros el volante, mecánicos y armeros, cerrando el primer ciclo operativo de la escuadrilla Vultee.


Una docena de Vultee V-1 extendieron su vida operativa reconvertidos en bombarderos “improvisados”. Fue un modelo que lejos de alcanzar el éxito esperado, encontró en la contienda española una nueva posibilidad para continuar con su empleo, aunque lejos de las pretensiones iniciales de su fabricante.


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En esta llanura estuvo situado el aeródromo de Valdepeñas durante la Guerra Civil española. A la izda. de la imagen, se puede ver la Autovía A4. Fuente: Autor.



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Fotografía realizada en el aeródromo de Valdepeñas del equipo humano que componía la Escuadrilla Vultee que, desde su creación a finales de 1937, se desplazaba donde el mando republicano ordenaba su concurso en las diferentes misiones que se les asignaban: bombardeo, fotografía aérea, localización de objetivos, apoyo a unidades terrestres, etc., siendo Valdepeñas su primera base operativa. Fuente: Archivo Histórico del Ejército del Aire, AHEA.



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Zona de descarga y bocas de entrada del polvorín situado en la ladera norte de uno de los cerros de Las Aguzaderas. Fuente: autor.