La Mancha y Valdepeñas en los escritos de los viajeros extranjeros de los siglos XVIII y XIX

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A lo largo de la historia los escritos de viajes han resultado interesantes y sugerentes por la información que aportan, la referencia a lugares, la forma de percibir la realidad... Los temas tratados suelen referirse a la vida social, las costumbres del lugar visitado, resaltando los aspectos más llamativos.


Hoy ya en el siglo XXI, los viajes resultan afortunadamente fáciles y rápidos, pero hasta hace solamente unas décadas había que invertir mucho tiempo y/o vencer incomodidades en cualquier desplazamiento. ¿Cuáles han sido los motivos que originaban en el pasado los viajes? ¿Difieren de los de ahora? Las explicaciones, evidentemente, pueden ser variadas: culturales, aventureros, de negocios...


La literatura de viajes es una interesantísima fuente de información, es la visión de cómo nos ven los otros, visión, empero, que se ve influenciada por estereotipos y prejuicios: España se presentaba como víctima de la intolerancia católica, amén de ser un país lastrado por gobiernos absolutistas o autoritarios. El aspecto positivo de esta visión de lo español reside en el atractivo folclórico de las tradiciones nacidas de esta cultura, donde destaca ostensiblemente el toreo.


No obstante, será un hecho literario el que espoleará el interés y curiosidad: el recorrer la tierra del Quijote. Así, la lectura quijotesca conllevó la idealización de las tierras donde sucedían sus aventuras, al mismo tiempo que se luchaba por no ser víctima del tan extendido bandolerismo. Y es así como surgirá el mito de la España Romántica, carente de modernidad, plena de aventuras interesantes, donde todos los españoles parecen ser toreros, gitanos, contrabandistas o bandoleros, y todas las mujeres esconden bajo su mirada a la tan buscada y deseada Carmen. Si a lo anterior unimos el atractivo climático, paisajístico y patrimonial, y la excelente gastronomía cervantina, el éxito está asegurado, siendo el origen del archiconocido tópico “España es diferente”.


Pocos lugares cuentan con tantos visitantes y relatos de viaje como España. Washington Irving es el más famoso, pero sin ser con mucho el único de una larga lista de extranjeros que legaron sus palabras como memoria de su paso por nuestro país.


Los viajeros extranjeros recorrieron en el pasado La Mancha en general y Valdepeñas en particular. En sus relatos hablan de las gentes, de la pobreza de los pueblos, de las malas comunicaciones, y de otros muchos aspectos que quedan reflejados en la retina del viajero.


En los siglos XVI, XVII y XVIII tuvo el vino en Valdepeñas su importancia económica, y no lo es menos en los siglos siguientes en el aspecto literario. Así en el siglo XIX -el más romántico y aventurero- se da a conocer una literatura, conocida como “Viajes por España”; viajes de diligencias y casas de postas, en donde los escritores reponían sus fuerzas mientras nos legaban interesantes relatos en los que el vino de Valdepeñas es ennoblecido. Veamos algunos ejemplos:


Antonio Ponz Piquer (1725-1792), fue un historiador ilustrado, pintor y viajero español que, en su obra Viaje de España (1772), afirma: “Pero el vino mejor de España y del mundo según dictamen general, es el que se hace del famoso viñedo de Valdepeñas”.


Juan Francisco Peyron (1748-1784), historiador y diplomático francés, en su Nuevo viaje por España (1772-1773), nos describió así: “Valdepeñas, pueblo considerable y famoso por su vino tinto, que es el mejor y el más sano que pueda beberse en España. Es muy estimado en Madrid y es el que se sirve en la mesa del Rey”.


Similar aprecio le merece a D. José Maria Blanco White (1775-1841) en su libro Madrid 1807 cuando afirma: “En Valdepeñas nos olvidamos de nuestras prisas a causa de su delicioso vino, que suelen servir directamente sacándolo de unas tinajas de barro conservadas en bodegas subterráneas”.


Washington Irving (1783-1859) en sus Cuentos de la Alhambra (1832) no se olvida de reponer sus viandas para el viaje: “Pusimos todo nuestro cuidado, al partir, en tener bien abastecidas las alforjas de nuestro escudero con provisiones abundantes y llenar la bota de exquisito vino Valdepeñas”.


Alejandro Dumas (1802-1870), novelista y dramaturgo francés, hombre de buen comer y mejor beber, lo definió: “Era Valdepeñas legítimo, de áspero y excitante sabor. Este vino áspero y espeso, que para los buenos bebedores tiene la ventaja de no embriagar”.


El escritor judeo-norteamericano Waldo Frank (1889-1967) también recorrió la tierra del Quijote, quien nos aporta una visión de España y lo español muy diferente de la que hizo Washington Irving casi un siglo antes. Waldo Frank va llevando al lector de la mano por la historia cultural, la sociedad y las costumbres de La Mancha.


El poeta estadounidense James Russell Lowell (1819-1891), crítico, editor y diplomático pasó por La Mancha y se quedó prendado del vino de Valdepeñas, tal y como lo expresa en una de las cartas fechada el 16 de junio de 1856, que le escribió a su madre, donde nos dice: “y una botella de Valdepeñas, el vino favorito de Don Quijote, les hizo olvidar…”.


En el año 1855, el Barón Jean-Charles Davillier (1823-1883), acompañado por D. Gustavo Doré, refleja en su libro: “Valdepeñas, está cubierta de viñedos, según se asegura fueron antiguamente importados de Borgoña, el Valdepeñas tiene un hermoso color rojo oscuro, con un aroma muy pronunciado”.


Otro autor a destacar es August Florian Jaccaci (1856-1930), editor, pintor y escritor se verá fascinado por la historia de El lngenioso hidalgo don Quijote de La Mancha. Jaccaci (que llega a La Mancha en 1894) nos ofrece una visión personal de las gentes, los paisajes, las costumbres y los estereotipos culturales de la sociedad manchega. En 1897 publica On the trail of D. Quichotte, una apasionante sucesión de paseos por La Mancha que vio la luz de la mano de los artistas que además compartían amistad, el ilustrador español Daniel Urrabieta Vierge. El sexto capítulo es el dedicado a las tierras de Valdepeñas, refiriéndose a esta ciudad manchega así:


“En las primeras horas, el paisaje era sólo una llanura sin límites, ya conocida, por cierto; después de vez en cuando fueron apareciendo algunos viñedos y, por último, la planicie era toda una inmensa viña perdida en el horizonte. 


Estas plantaciones son las más extensas de toda España. (Se está refiriendo a las zonas de Tomelloso y Valdepeñas).


La próspera ciudad de Valdepeñas apareció en nuestro camino. A pesar de su gran importancia industrial, tenía las mismas características que cualquiera de los humildes pueblos manchegos con los que ya nos habíamos topado: una iglesia muy grande y, a su alrededor, dispersas, casas de negros tejados y paredes blancas. En las afueras estaban las bodegas; grandes casas en cuyas paredes, enjalbegadas, resaltaban unas letras negras de una vara de altura. Deploré ésta, lamenté el contraste producido por el moderno cartel, casi escandaloso, en un sitio tan primitivo, lleno de un dulce ambiente retro”.


Ellen Louise Chandler Moulton (1835-1908), conocida poeta, escritora y crítica norteamericana, llegó a España en 1896. Moulton pasó por La Mancha en su viaje desde Madrid a Córdoba. Moulton deconstruye y cuestiona muchos de los tópicos acerca de La Mancha (famosa por las corridas y los encierros, tierra calurosa pero también llena de holgazanes, los tan consabidos temibles pero atrayentes bandoleros…)


Susan Hale (1833-1910) viaja a nuestro país en 1882, y describe la realidad manchega, incidiendo en tópicos como la impuntualidad de los trenes, o las descripciones románticas de los paisajes, dejando La Mancha en esa especie de limbo de eterno pasado, de inmovilismo, frente al progreso y al futuro que representaban otros países. Su obra es bastante crítica con la realidad manchega.


La casi totalidad de los visitantes que recorrieron este territorio quedarán impresionados por los encantos de la tierra del Quijote, más allá del mítico personaje (lo que demuestra las ideas preconcebidas con las que iniciaban su periplo por La Mancha en general, y más concretamente, la zona de Valdepeñas en particular).


Consecuentemente, durante estos siglos, los viajeros han visitado La Mancha buscando los tipos y ambientes quijotescos al considerar que esta región ha sobrevivido al paso del tiempo y conserva intacta su esencia tal y como la describió Cervantes. Sin embargo, encuentran otras peculiaridades de este entorno manchego, sobre todo cuando viajan por la comarca vitivinícola de Valdepeñas, generalmente hacia Andalucía o viceversa, hacia el interior de la meseta castellana; el vino de Valdepeñas y la fama que ya le antecede, provoca comentarios de diversa consideración entre los viajeros que, puestos a hospedarse o a degustar las viandas necesarias para seguir el camino, prefieren hacerlo al calor de un vino de Valdepeñas.



Imágenes y procedencia:


1: Interior de una posada. Procedencia: Campos Plaza, N. y Herrero Cecilia, J. (1994): Ciudades y paisajes de la Mancha vistos por viajeros románticos. (Ciudad Real y Toledo). Biblioteca de Autores y Temas manchegos, p. 171.


2: El paso por la Mancha camino a Despeñaperros en diligencia. Grabado de 1870. Procedencia: https://sge.org/exploraciones-y-expediciones/asi-nos-vieron/la-entrada-paraiso-andaluz-despenaperros/


3: Dibujo realizado en Valdepeñas por Gustavo Doré. Procedencia: http://bauldechitiya.blogspot.com/2017/10/espana-segun-gustave-dore.html


4:Washington Irving. Procedencia: https://es.wikipedia.org/wiki/Washington_Irving


5: Vista de Valdepeñas desde el sur. Procedencia: Cerceda Cañizares, F. J. y García Alcázar, S. (2009): “La Imagen de Valdepeñas a través de las Postales”, en 4º Ciclo de Conferencias “Valdepeñas y su historia”.


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