Bodegas Brotons cumpliría 100 años (2)

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Joaquín Brotons Peñasco

www.joaquinbrotons.com


Expongo en la primera parte de este reportaje que “Bodegas Brotons” fueron fundadas en Valdepeñas, en 1920 por Joaquín Brotons Fenoll-mi abuelo-, bajo el nombre de “Bodegas Santa Pola”, y que, en 1944, tras constituir mi citado abuelo, junto a sus hijos varones: Matías, Joaquín y Francisco-mi padre- la Sociedad Mercantil Regular Colectiva: “Matías Brotons, Hermanos y Compañía, cuyo capital inicial fue de 200.000 pesetas, ya que cada uno de los socios aportaron 50.000 pesetas, su actividad la elaboración y exportación de vinos, junto a la venta al por mayor de frutas, pescados frescos, conservas y salazones, entre otras, como la maduración de plátanos que traían de Canarias y maduraban en las 6 cámaras que tenían para dicho menester, dado que venían verdes hasta el puerto de Alicante, donde había que cargarlos en camiones y trasportarlos hasta la Ciudad del Vino.


Terminé mi artículo: “Bodegas Brotons cumpliría 100 años (1)”, escribiendo: “En 1951 la sociedad familiar: “Matías Brotons, Hermanos y Compañía, S.R.C” compró a “Pantoja”, su bodega, que fue fundada en 1899, pero eso lo narraré en el próximo reportaje”


Así que, paso a escribir la segunda parte de este texto, en el que comento la compra y creación de las Bodegas familiares: “Santa Isabel”, popularmente conocidas por las: “Bodegas de los Brotones”, que, en su día tuvieron nombradía, como otras desaparecidas: Guerola, “Morenito”, Redruello y Faro, Redruello Hermanos, Calvin y Riesgo, Delgado Cámara, Hijo de Juan Antonio Díaz, Luis Megía, Francisco Megía, Tarancón, Videva, Cachollas, Pintado, Cruzares, “Los Moyas”, Félix Rodero, Castañeda, Ramón Antonaya- este bodeguero fue de los últimos en abandonar los pellejos, dado que era el que más odres de vino enviaba a Madrid, ya que abastecía gran cantidad de viejas tabernas y llegó a remitir 6 camiones semanales de corambres, que solían llevar cada camión: 50- 60 pellejos de entre 7,5 y 8 arrobas cada uno-.


BODEGAS SANTA ISABEL


El 7 de agosto de 1951 la sociedad citada anteriormente formada por mi abuelo Joaquín y sus hijos: Matías, Joaquín y Francisco-mi procreador- adquirieron un cercado-bodega de grandes dimensiones-casi 2000 metros cuadrados- situado en la calle: Infantes, 1-posteriormente calle: Constitución-, esquina con calle: Francisco Morales, también conocida por calle: Cristo o calle del Cristo, donde existieron otras bodegas ya desaparecidas, como las de Luis Palacios, Carmelo Madrid, “El Mayoralete”, Sinforoso, Matías e Ignacio Nieva, Paco Merlo, Afrodísio González, “Los Meregildos”, “Mangueta”, Pintado…


El 12 de febrero de 1951 los nombrados socios compraron también otras fincas-casas y bodegas- linderas a varios dueños que formaron el conjunto de lo que fue, tras la muerte del fundador, el 11/3/1952 las: “Bodegas de Matías Brotons y Hermanos, S.R.C”, que ampliaron mucho más el negocio de vinos al hacer nuevas bodegas de tinajas de cemento y cuya distribución era nacional, particularmente el mercado principal fue: Madrid, Andalucía, Valencia, Murcia, La Mancha…; negocio al que se incorporó mi primo Antonio Brotons Sánchez-hijo de mi tío Matías-, nacido en Valdepeñas, en 1938, que hizo varios cursos de Enología en Requena (Murcia), que, posteriormente, le fueron convalidados- tras unas prácticas enológicas en la Universidad de Madrid- por el título de Maestro Industrial por la rama de Enología.


Además, mi querido primo Antonio, que fue hombre de carácter bonachón, que vivió por y para el vino- aunque también le interesaba mucho el arte y la investigación histórica-, fue moderador de coloquios sobre problemas socio-económicos relacionados con el consumo moderado del vino y publicó artículos en la prensa provincial sobre la cultura del vino y la viña, en el que era un experto muy reconocido, llegando a ser presidente del Sindicato de la Vid, entre otros cargos relacionados con el gremio de la uva y el vino, donde tenía amistad con personajes como el famoso mesonero segoviano Cándido y el no menos conocido barman, Pedro Chicote o la reputada enóloga María Isabel Mijares García Pelayo, que fue presidenta del Consejo Regulador de la DO: Valdepeñas, donde hizo una extraordinaria labor-aunque no fue reconocido su trabajo- y abrió el camino a lo que sería el futuro de los nuevos vinos de Valdepeñas, hoy exportados a más de 120 países.


También mi pariente fue amante del arte y merece la pena destacar su intervención en los jurados de la “Exposición Nacional de Artes Plásticas de Valdepeñas”, en la que fue secretario de dicho certamen durante años, lo que le ocasionó que tuviera excelentes relaciones amistosas con pintores de primera fila, como el afamado mundialmente Antonio López García, sobrino de Antonio López Torres, un extraordinario realista que cometió el error de quedarse en su pueblo, donde actualmente tiene un Museo que lleva su nombre y merece la pena visitar, dado que el prestigioso crítico, José Manuel Bonet escribió un libro sobre este pintor manchego, en el que lo sitúa entre los mejores pintores castellano- manchegos de su época, junto a mi paisano y amigo Gregorio Prieto y el albaceteño Benjamín Palencia, otro de los grandes creadores de esta tierra nuestra que ha parido auténticos genios, pero que suelen estar minusvalorados, cuando no olvidados…, en su propia cuna.


Asimismo, A. Brotons, perteneció a la “Asociación Española de Críticos de Arte” y ejerció como crítico de exposiciones en diversos periódicos, especialmente, en el diario: Lanza, en el que también vieron la luz algunos de sus estudios e investigaciones sobre la historia de Valdepeñas, que, tras varias conferencias en “TeleValdepeñas” culminaron con la publicación de su interesante libro: “Apuntes Históricos de Valdepeñas”, cuyo prólogo pidió el autor de esta reseña a Francisco Nieva (Académico de la Real Academia Española y Premio Príncipe de Asturias), que terminó su brillante texto redactando:…”Antonio Brotons nos hace legatarios de lo mejor de su espíritu y de su misma presencia física, el perfil de un valdepeñero tolerante, benévolo, fiel amigo y culta personalidad. Un hidalgo manchego”. Dicha edición, fue impresa en 1998, en Lozano Artes Gráfica. S.L. (Ciudad Real) y costeada por su buen amigo el conocido empresario valdepeñero Jesús Bárcenas (Electricidad J. Bárcenas).


ANUARIO DEL VINO DEL AÑO 1955.


En el “Anuario de Vinos” del año 1955 escribe el periodista de dicha publicación: “Los vinos elaborados en Bodegas Brotons proceden de sus propias cosechas y éstas de la finca de su propiedad denominada: “Casa de Don Pelayo”, en la cual millares de cepas se alinean en perfecta formación, presentándose a los ojos como un gran ejército de guerreros que fueran desfilando por el campo y para dar fe de su marcialidad dejan flotando al viento de La Mancha, el ondear verde luz de sus pámpanos gigantes….


Para la elaboración de sus frutos cosechados en esta magnífica finca, la empresa: “Matías Brotons y Hermanos, S.R.C” cuenta con dos amplias bodegas, a las que van a parar las uvas que allí nacen; la primera de ellas recibe el nombre de “Santa Isabel”, puesto en emocionado recuerdo a la madre de los hermanos Brotons, que así se llamó, esta bodega tiene una capacidad de envase de 20.000 arrobas (320.000 litros) de caldo y está situada en la calle del Cristo, número 42. La segunda, denominada de: “Santa Pola”, está enclavada en un lugar llamado Camino Viejo de Almagro, número 1-3, y tiene una cabida total de vino de 14.000 arrobas (224.000 litros); cantidades ambas que totalizan una capacidad de 34.000 arrobas de vino (544.000 litros), que es envasado en tinajas de barro, que, además de ser la vasija tradicional por excelencia, da al mosto un sabor mucho más agradable al paladar. Para la más perfecta y rápida elaboración de sus productos, esta empresa cuenta con todos los útiles de trabajo necesarios para estas clases de labores; sus prensas y estrujadoras, de las más modernas, imprimen a la elaboración un ritmo vertiginoso.


El nombre de “Vinos Brotons” corre a lo largo de España, por cuya extensión se extiende ampliamente su mercado, en los costados de sus camiones propios, que en número de tres les permiten cubrir sus necesidades de exportación, y en sus cubas para el traslado de los caldos. En este trabajo de transporte colabora eficazmente un hijo de don Matías Brotons, Antonio, el cual, pese a sus diecisiete años, desarrolla gran capacidad de trabajo…


Los vinos de “Matías Brotons y Hnos, S.R.C.” son en ese camino dorado el más claro exponente de una industria que es orgullo de sus hombres. Pero para llegar a ese camino y para ahondar en él, hasta hacerlas imborrables, las huellas de sus pisadas, ha sido necesaria la fuerza de un motor humano que, dándolo todo, el conocimiento y el trabajo, se sitúe en ese camino del vino en el que se encuentra la firma que nos ocupa”.


VINOS EN PELLEJOS Y CUBAS


Antes y durante los años cuarenta y cincuenta la mayoría del vino en “Bodegas Brotons”-según me contó mi procreador, que era el que los elaboraba, se envasaba en pellejos de piel de cabra-aunque en la bodega familiar no se utilizaron mucho-, en cubas de madera de castaño y en “bocoyes” y garrafas, que se cerraban con un corcho y después se precintaban con lacre rojo o amarillo, según contuvieran vino tinto o blanco. Tiempo después se sustituyo el lacre y encima del corcho se ponía una etiqueta de papel de color rojo o amarillo-según fuera para vino tinto o blanco-, que se embadurnaba en engrudo y se pegaba al corcho, en la que indicaba: “Vinos Brotons. Valdepeñas”, etiqueta, que se reprodujo en el anterior artículo sobre las bodegas familiares, publicado en este rotativo.


Los pellejos solían tener entre 7 y 8 arrobas-aunque había algunos de 10 y 12- de capacidad cada uno (112-128 litros); las cubas o barriles había de diversos tamaños y capacidades: La cuba llamada “Media”, tenía una capacidad de 15 a 20 arrobas (240-320 litros); la “Cuarta” de 8 a 10 arrobas (128-160 litros), la “tercia” de 10 a 12 arrobas (160-132 litros), la “cuba de embarque”, que era la que más se utilizaba, según me contaba mi padre, tenía de 6 a 8 arrobas (96-128 litros) y era la que se enviaba por ferrocarril y en los camiones.


También se utilizaba –aunque menos- el bocoy, cuya capacidad era de 40 a 50 arrobas (640-800 litros). La garrafa, bombona o “damajuana” de vidrio blanco o verde, que se utilizaban para el envío del néctar de las uvas fermentadas eran de una arroba (16 litros), aunque existían otras más pequeñas, que eran las que los parroquianos llevaban a la bodega para que se la llenaran, que podían ser de 6 y 3 litros hasta la de “una cuartilla”…, aunque también se embotellaba algo, pero poca cantidad, en relación al servido en los recipientes citados anteriormente, que eran los que más se utilizaban hasta que empezó el embotellado.


EMBOTELLADO


A partir de venir mi primo Antonio de cumplir el Servicio Militar en Madrid-hacia 1960- se instaló la primera embotelladora, que era casi manual, muy parecida a la que se exhibe en el magnífico “Museo del Vino de Valdepeñas”, que, actualmente, dirige mi buen amigo, Manuel López Rodríguez, que fue un excelente edil del cultura del Ayuntamiento de la Ciudad del Vino, como actualmente también lo es la concejala y amiga, Vanessa Irla.


En aquellos años, en los principios de los sesenta, las botellas se reutilizaban y la limpieza de las mismas que solían ser de un litro o tres cuartos, se realizaban sumergiéndolas en tinas de madera con agua caliente y detergente, que un grupo de mujeres contratadas para ese trabajo limpiaban perfectamente con cepillos de raíces por dentro y fuera la botella, botellas de cristal transparente, que se ponían a escurrir en un artilugio igual al que también se muestra en el citado “Museo del Vino de Valdepeñas”, que es una auténtica joya que no deben dejar de visitar, ya que está instalado en una bodega del siglo XIX, que fue de Leocadio Morales, tío de mi entrañable amigo el gran dramaturgo, escenógrafo, figurinista, dibujante y escritor, Francisco Morales Nieva, cuyo nombre artístico era: Francisco Nieva (Paco) para los íntimos.


ETIQUETADO


El etiquetado, en aquel tiempo, se hacía de forma manual, poniendo la botella en unos canastillos de madera hechos a propósito por Pepe- el cubero de la bodega-, en los que la botella se tumbaba y el operario secaba y limpiaba y, después, pegaba con pegamento la etiqueta con el nombre de la bodega, que, en el caso de la bodega familiar, la marca registrada era: “Vinos Brotons”, aunque a partir de los años setenta y cinco también se utilizó en el embotellado una etiqueta que diseñó mi primo Matías, que reproducía: “Matías Brotons” Cosecha Procedente de los Pagos de Don Pelayo. Valdepeñas. Registro Embotellador 2948”, pero eso lo hizo él para “adornarse” con sus amigos, dado que la marca era: “Vinos Brotons”.


En 1967 los hermanos Brotons Gonzálvez: Matías, Joaquín y Francisco-mi padre- acordaron disolver la sociedad regular colectiva: “Matías Brotons y Hermanos” y convertir la empresa familiar en sociedad anónima, bajo la razón social: Matías Brotons, sociedad anónima, pero eso ya lo escribiré en el próximo y último artículo, que pondrá fin a este reportaje del centenario de “Bodegas Brotons”.


Joaquín Brotons Peñasco. 


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