Autorretrato del poeta J. Brotons en blanco y negro

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010920 VA BROTONS


Foto de J. Brotons: Pepe J. Galanes.


Texto: Joaquín Brotons Peñasco


Hace unos meses Pepe J. Galanes, uno de los mejores fotógrafos de Castilla-La Mancha, me pidió permiso para venir a mi casa a hacerme unas fotos. Tenía en mente realizar un trabajo sobre poetas castellano manchegos, que me explicó y me pareció muy buena idea, dado que, los vates de esta tierra, pasamos con más pena que gloria…, exceptuando los que viven en grandes ciudades, pero los que nos quedamos abrazados a La Mancha, clavados en la cruz de la tierra de nuestros pueblos o pequeñas ciudades, permanecemos olvidados, arrinconados, ni se nos incluye, ni se nos cita en las antologías de aedos castellano manchegos. En una palabra: No existimos.


Ahora, me solicita algo mucho más complejo para mí, que es que escriba de mi obra poética, que redacte una poética, pero qué puede decir este ignorado bardo, que vive en Valdepeñas: “La Ciudad del Vino”, su ciudad natal, su ciudad-isla, su ínsula báquica, su Atenas, su Alejandría de amor y llanto…, que detesta el mundillo literario y huye de él como de la peste, dado que, salvo honrosas excepciones-que las hay-, es un nido de víboras venenosas, que escupen su veneno contra todo aquel que se salga del redil, como es mi caso, que siempre fui la oveja negra, el primer poeta manchego que se atrevió a escribir y publicar poesía homoerótica en La Mancha, lo que ocasionó insultos, humillaciones, mofa, vejaciones, incluso un poetastro paisano, que hizo unos anónimos públicos, que envío casa por casa de mi patria chica, en los que me llamaba: “Puto de pillos” y “Gordo tormento de los muchachillos”, entre otras lindezas, lo que nos demuestra la catadura moral del envidioso poetastro metido a cuentista, que pertenece a una acrisolada familia, entre cuyos componentes traté a varios de ellos, especialmente a una tía suya, que era una extraordinaria mujer adelantada a tu tiempo, culta y con gran personalidad, que imprimió carácter en varias generaciones de jóvenes mujeres.


Además, qué puedo ya añadir a lo ya dicho y escrito sobre mi obra poética, que ya han redactado plumas mucho más importantes que la mía, entre otras: José Hierro (Premio Cervantes), Pablo García Baena (Premio Príncipe de Asturias y Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana), Luis García Montero (Premio Nacional de Poesía, Premio de la Crítica y actual Director del Instituto Cervantes), Ian Gibson (Historiador, hispanista, escritor, estudioso y biógrafo de García Lorca), Luis Antonio de Villena y Vicente Núñez (Premios de la Crítica), Francisco Nieva (Académico de la Real Academia Española y Premio Príncipe de Asturias), Leopoldo de Luis (Premio Nacional de las Letras Españolas), Carlos Murciano (Premio Nacional de Poesía y Premio de Literatura Infantil y Juvenil)…


Por lo tanto, sólo puedo decir, que he escrito mi poesía con la sangre roja de mi corazón lacerado y como terapia y salvación para no suicidarme-he pensado muchas veces en ello-, ya que, nadie sabe lo mucho que sufre en silencio un adolescente gay en un pueblo de La Mancha, en plena dictadura franquista y que, además, pertenece a una acomodada familia de comerciantes y bodegueros, y de las llamadas de “Orden”.


Yo no he escrito nunca un poema por el placer de escribir, como han hecho y hacen otros muchos colegas del gremio de la pluma. Yo he escrito porque solamente tenía dos caminos antes de entrar en el túnel negro, oscuro, sin salida…, que eran escribir el poema y sublimar o ponerme delante del tren, tirarme a un pozo o ahorcarme, que es más manchego.


Desde niño fui un crío muy raro, que no le gustaba jugar con los demás-sólo miraba-, que no hacía ningún tipo de deporte-sólo miraba-, que no se bañaba en el río-sólo miraba-. Mi distracción favorita era leer, leer y observar a los chicos como se divertían jugando al fútbol o cuando se sumergían desnudos o en calzoncillo en el río Jabalón, mientras yo cuidaba sus ropas. Mi terrible timidez y miedo a que se dieran cuenta de mi diferencia, me tenía siempre amordazado, aterrorizado, hasta el extremo de que cuando me pegaban, me cubría la cabeza con las manos, pero no me defendía, menos mal que mi hermana Maruja siempre salía en mi defensa. Me lo recuerda muchas veces. ¿Qué hubiera sido de mi terrible infancia sin ella?


En fin, no sé qué puedo escribir más, salvo que mi poesía es autobiográfica y si alguien está interesado en saber más sobre este tipo raro, que ya apenas escribe poesía-si prosa: artículos de opinión, crítica de arte, literaria…-, que entre en mi página web: www.joaquinbrotons.com