La nueva realidad, diferente normalidad

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Tres meses y una semana después, finaliza el estado de alarma, y con él, el confinamiento de la población para hacer frente a una mortífera pandemia que aún hoy sigue presente entre nosotros. 98 días en los que la pandemia y el confinamiento han trastocado nuestras vidas y todos nuestros planes. Hemos tenido que acomodarnos a una nueva, incómoda y, en muchos casos, terrible situación.


Desde Izquierda Unida Valdepeñas afrontábamos esa situación excepcional tomando dos decisiones: La primera era sumar esfuerzos, estando convencidos que, en aquellos momentos tan difíciles, nuestra tarea no podía ser otra que trabajar de forma constructiva con el equipo de gobierno en favor de los vecinos y vecinas de Valdepeñas. Siendo responsables y actuando con la misma solidaridad que estaba demostrando la ciudadanía en general. Alejándonos de la confrontación gratuita y el odio con fines electorales. Y la segunda, trabajar para posibilitar la unidad de acción y el compromiso para acabar cuanto antes con las consecuencias sanitarias y económicas de la pandemia provocada por el coronavirus, garantizando una atención a la ciudadanía en condiciones de igualdad. 


Es el momento para que los partidos políticos de Valdepeñas trabajen unidos. Es imperativo, también, que desde la Alcaldía de Valdepeñas se ejerza del liderazgo necesario para que Valdepeñas cuente con su propio “Pacto para la recuperación social y económica tras la COVID-19”, con el respaldo de todos los grupos políticos y los agentes sociales.


Son muchos los retos que tenemos por delante y pocos los recursos debido a la pérdida de ingresos, pero las prioridades siguen siendo reforzar nuestros servicios públicos, como los socio-sanitarios, evitar la destrucción de empleo, proteger a las personas más vulnerables y revitalizar el tejido económico, pensando no sólo en sectores como hostelería y comercio, sino en todas las actividades económicas de Valdepeñas.


Toca la recuperación, la reconstrucción. Pero no podemos volver a la normalidad porque la normalidad era el problema. Asumir la desigualdad como normalidad no es algo de lo que sentirnos orgullosos, necesitamos un estado y una sociedad más resiliente, y para eso en nuestro país hace falta reforzar el sector público: la sanidad, la educación, las comunicaciones y los servicios sociales deben crecer y mejorar. Los servicios públicos son lo que mejor garantiza los derechos y la igualdad de oportunidades de la ciudadanía. Necesitamos más y mejores hospitales, colegios, universidades, centros de investigación, trenes, residencias y coberturas sociales.


Sé que nos gustaría despertar de esta pesadilla y volver a nuestras vidas de antes como si nada hubiera pasado, pero como en la crisis del 2008, el daño está hecho, muchos ya lo han sufrido y no hay vuelta atrás. Tenemos que mirar hacia adelante y pensar cómo vamos a recuperarnos, si queremos curarnos de nuestros errores o reincidir en ellos para volver a recaer muy pronto. Sólo saldremos si aplicamos lo aprendido, si anteponemos el bien común al interés privado y si la iniciativa privada sirve al interés general, si defendemos a la mayoría frente a la minoría y la ecología frente a la economía, si protegemos a los más desprotegidos y los que más tienen ayudan a los que menos. Si somos la vacuna, no virus.


La normalidad previa a la pandemia no va a volver, además no deberíamos permitirlo, si queremos mejorar. Podemos y debemos aprovechar esta situación para construir un sistema más justo y que tenga la mejora de la vida de las personas como objetivo primordial.


Las preguntas son: ¿Queremos hacerlo? … ¿Y a que están esperando desde el gobierno municipal?.