miércoles, 10 de agosto de 2022, 01:11

Reflexiones y prácticas de “Nosóloyoga” para ayudarnos en estos momentos: El milagro de la transformación

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Luisfer




¿Has observado alguna vez el proceso que le ocurre al gusano de seda? Encerrado en el espacio oscuro que es el capullo, el gusano sólo siente muerte; sin embargo, la realidad es que saldrá de esa oscuridad transformado en mariposa. Justo cuando el gusano creía que se acababa el mundo, fue cuando comenzó su transformación más importante. Y el motor de todo ese proceso habrá sido, no la inteligencia ni el esfuerzo del propio gusano, sino la Sabiduría mayor de la vida. El gusano únicamente tiene que aguardar pacientemente, sin huir y sin querer entender…, permaneciendo y confiando en una sabiduría que lo transciende.


Como es sabido, el gusano de seda construye un capullo para luego liberarse de él y renacer como mariposa tras la metamorfosis. El proceso de transformación es extremadamente complicado, porque la crisálida tiene que aplicar una enorme cantidad de fuerza con sus apenas formadas alas para romper la cáscara de seda que la ha protegido durante su transformación. Los científicos estaban intrigados acerca de qué pasaría si ayudaban a la mariposa en este proceso e intentaron asistirla para ver qué ocurría. Así, cuando llegó el momento de la liberación abrieron artificialmente desde el exterior una serie de capullos. Las mariposas ilesas empezaron a hormiguear liberadas de la seda, pero fueron incapaces de emprender el vuelo. No se pudieron alimentar y murieron, porque no podían ni sabían volar. Ninguna de ellas fue capaz de elevarse por los aires y, como en aquel estado no podían acceder al néctar de ninguna flor, murieron de inanición. De esta prueba científica se desprende que el sobreesfuerzo, la gran cantidad de energía desplegada por las mariposas para agrietar el capullo, es necesario para que estas confíen luego en la fuerza de sus alas. Pero si no pasan por la experiencia de hacerlo de forma autónoma, si no lo experimentan en carne propia, no tienen ningún recuerdo ni sentido de seguridad, algo que podemos trasladar fácilmente al mundo humano. No se atreven a abandonar la seguridad que ofrece el suelo y mueren sin más.


Completar el periodo de duelo desencadenado por una grave crisis, por una gran pérdida, podría ser leído como la metamorfosis tras la cual nos liberamos de la coraza de dolor que nos contenía pero que lentamente ha ido cayendo en el ejercicio del reconocimiento de la nueva realidad, de asumir el dolor, de encontrar un sentido para este y de constatar que a pesar de todo la vida merece la pena ser vivida con entrega y gratitud. Así es como podemos vencer la cáscara de la angustia, la tristeza y la desazón: utilizando las alas del espíritu.


Hoy nos es difícil encontrar algo de razón espiritual o no, en todo lo que está ocurriendo, sobre todo aquellas familias que están sufriendo pérdidas y que además se une la manera en que se desarrollan estas pérdidas.


Pero es importante encontrar un poco de paz dentro de esta situación porque si no es así, todos los pensamientos que sostenemos están en contra de lo que está ocurriendo, y esto nos afecta aún más y nos produce un sufrimiento mayor. El dolor es inevitable, pero el sufrimiento lo podemos intentar evitar o paliar en la media que vayamos encontrando una sensación de paz interna en esta transformación de la realidad. El dolor hay que llorarlo, gritarlo, desahogarlo y además debemos facilitarle a nuestra mente el camino para no convertirlo en un sufrimiento mayor a través de pensamientos de como deberían ser las cosas, sino aceptando como realmente es.


Te propongo este ejercicio de tranquilidad, paz y calma:

Siéntate por un momento y cierra los ojos. Respira lentamente. Inhala y exhala intentando que la respiración se ralentice un poco más cada vez…

Ponte la mano derecha sobre el corazón. Siente ahí tu conexión con la mano y el pecho. Respira lento, en calma…

Repite para dentro de ti: “Estoy en paz”. “Estoy en paz”. Si quieres puedes pensar en algún ser querido que esté o no contigo y repetir como si se lo estuvieras enviando, o diciendo a él también: “Estoy en paz”. Estoy tranquilo…Para esas personas que no podemos ver estos días. Para las que están enfermas. Para las que nos han dejado…

Respira lento y amplio. Quédate ahí el tiempo que necesites…


Desde Nosóloyoga respiramos contigo en estos momentos y queremos transformar este dolor juntos, aunque quizás no encontremos una razón, pero sí que no nos ahoguemos en el sin sentido.


Puedes contactarnos y te ayudaremos estos días en lo que necesites. www.nosoloyoga.com

email: info@nosoloyoga.com


Luis Caminero López de Lerma