​María José García: “Cada vez hay más conciencia por un consumo ecológico y saludable”

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LA ALEGRIA DE LA HUERTA MANCHEGA




La Alegría de la Huerta Manchega lleva años trabajando en la concienciación por un consumo saludable. Nació como un grupo de consumidores que se unieron para buscar otra alternativa de consumo, basado en pequeños productores locales que respetan el medio ambiente y apoyando la economía más cercana. Actualmente son más de 60 socios y su presidenta, María José García, reconoce en esta entrevista que cada hay una mayor conciencia por apostar por un consumo saludable.


¿Qué es La Alegría de la Huerta Manchega?


Es una asociación agroecológica, un grupo de consumidores que decidió unirse y nos planteamos otra opción de consumo. Intentamos buscar pequeños productores locales de la zona, que respeten el medio ambiente, que apoyen el mundo rural más cercano, intentar de alguna manera circuitos cortos de comercialización. Como se habla ahora mucho de cambio climático, nuestra forma de apostar por circuitos cortos de comercialización es una manera también de reducir las emisiones de efecto invernadero al intentar evitar el transporte y apostar por modelos de producción que respeten nuestro entorno y nuestro medio ambiente. Es una acción más para evitar los efectos del cambio climático.


¿Es fácil para vosotros encontrar ese tipo de productores por esta zona?


Principalmente consumimos verduras de nuestras hortelanas de Moral de Calatrava, que con ellas empezamos en 2011. Por ejemplo, la fruta no es tan sencillo al no ser una zona productora de fruta, pero intentamos buscar lo más próximo, como Granada o el Valle de Lecrín, o naranjas y mandarinas de Alicante, o cerezas del Valle del Jerte. Intentamos buscar productores del territorio nacional y lo más cercanos posibles. Y para nosotros sí que es importante conocer a los productores y tener una relación de confianza. Con nuestras hortelanas es mucho más fácil y con el resto intentamos que nos expliquen cómo cultivan la fruta y lo que hacen. Porque muchas veces vas a un supermercado y los datos del etiquetado son insuficientes. Es darle ese valor que tiene la comida que para nuestro grupo es muy importante.


¿En qué se nota consumir esos productos ecológicos?


Las características organolépticas, como el sabor y la textura. Pero lo más importante es saber que estás apoyando  un proyecto que tiene una repercusión en el medio rural. Es ese valor social y cultural de apoyar alimentos de temporada de todo lo que repercute en el medio ambiente, el respeto a la tierra, el respeto a la alimentación sana y el respeto a producir otro tipo de alimentos. Creo que se nota en ese valor social de apoyar economías cercanas. Y se nota en ese sabor a la naturaleza porque son productos muy cercanos a la naturaleza los que consumimos. Y por ejemplo nuestras hortelanas nos suministran variedades tradicionales que son difíciles de conseguir. Ellas cultivan las verduras con semillas antiguas que actualmente es algo también a valorar.


Y también tendrá beneficios para nuestra salud…


Sí, intentamos consumir productos ecológicos o agroecológicos. Al conocer al productor, nos basamos en la confianza de saber que está cuidando ese alimento para luego consumirlo y que nos alimente. Saber que está cuidando nuestro entorno, nuestra tierra y nuestro medio ambiente también le da un valor añadido.


¿Cómo veis que han cambiado las preferencias de la gente en los últimos años? ¿Buscan ese tipo de productos o les da igual?


Creo que cada vez hay más conciencia. De hecho en 2011, cuando empezamos a organizarnos, veíamos mucha gente detractora. Pero pienso que La Alegría de la Huerta Manchega es una asociación reconocida en Valdepeñas no sólo por nuestra labor de buscar pequeños productores sino también por la labor de sensibilización que hacemos en el pueblo a través de actividades con niños, talleres, charlas, mercados de pequeños productores… Llevamos unos años con una trayectoria larga con un quehacer en cuanto a sensibilización y creo que eso también repercute en que la gente asiste a nuestras charlas, a los niños les gustan nuestros talleres, y cada vez hay una mayor sensibilización. De hecho, cada vez van apareciendo más socios o gente interesada en las cosas que hacemos. Actualmente somos más de 60 socios. Y sí que creo que hay un interés cada vez mayor por conocer otras maneras de comer. La gente está más sensibilizada por comer sano. Lo del valor social viene después cuando vas informándote y conociendo más sobre la alimentación.


¿Qué mensaje te gustaría transmitir a la gente para que se familiarice con este tipo de consumo?


Valorar cada alimento que nos llevamos a la boca. Ser conscientes de que cada alimento tiene detrás un recorrido largo, desde la gente que está cuidando de nuestra tierra, mejorando día a día, hay gente que se levanta muy temprano para darnos de comer, sobre todo las pequeñas personas que tienen más dificultad de sacar adelante sistemas de alimentación, que finalmente cuidan de nuestra tierra, de nuestro sistema económico, de un territorio, de una economía local. Hay gente que lucha mucho y que muchas veces no llega a conseguir proyectos viables porque creo que las políticas alimentarias ponen muchísimas trabas a los pequeños productores. Por eso les pediría que valoren esta labor y se acerquen a conocer los alimentos de la zona y a las pequeñas personas que se preocupan  cada día por darnos de comer y producen alimentos respetuosos y con muchos valores.