La lucha de clases en la hostelería

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De nuevo son las Fiestas del Vino en Valdepeñas, y el 14 de Septiembre serán las Fiestas patronales en Manzanares. A muchos nos gusta salir a los múltiples bares y terrazas a tomarse un buen vino. Sin embargo para muchos trabajadores (y trabajadoras) la visión de ese mar de mesas y sillas que pueblan estos días nuestras plazas y avenidas es un infierno laboral: precariedad, horas extras que no se pagan, jornadas de 12 horas diarias cuando el contrato que firmado es de 30 semanales…..


En 2018 se calcula que se realizaron en España más de 3 millones de horas extra no retribuidas, siendo la hostelería el tercer sector con mayor número, unas 340.000 horas según cálculos conservadores. Este número de horas extra impagadas, junto con un 8 por ciento de trabajo sumergido causan un grave perjuicio para el conjunto de la clase trabajadora de nuestro país. Se calcula que las horas impagadas se comen alrededor de 74.000 puestos de trabajo, que en lo que se refiere al mercado laboral, inclinan hacia la baja los salarios, disminuyen el poder de la negociación colectiva debilitando aún más uno de los pocos contrapesos que tienen los trabajadores para hacer frente a las pretensiones de la patronal.


La hostelería no es el único sector donde estas cosas pasan, pero tiene unas condiciones particulares que hacen que los abusos se cometan de una forma reiterativa y sangrante. La mayoría de las empresas de hostelería son pequeñas o medianas empresas en donde se reproducen las prácticas típicas de la economía familiar, donde todos o casi todos los trabajadores son familiares o donde se encuentran regidas por el típico “empresaurio ibérico” que se comporta como un déspota que se permite el lujo de obviar con la mayor chulería del mundo las leyes laborales y los convenios colectivos.


El pequeño tamaño que, por lo general, tienen las empresas dedicadas a la hostelería, así como los “usos y costumbres” del sector, hacen muy difícil, aunque no imposible, la organización sindical de los trabajadores. No obstante ha habido casos de conflictos laborales que han tenido lugar en el seno de la hostelería y han logrado importantes triunfos. El caso más llamativo, y más mediático, es el de las camareras de hotel las llamadas “Kellys”.


Estas trabajadoras soportaban una carga de trabajo terrible, tenían que limpiar decenas de habitaciones al día con un número limitado de minutos por habitación, cobraban un salario mísero, en definitiva unas condiciones de trabajo terribles que hizo común entre estas trabajadoras desarrollar enfermedades profesionales como hernias, lesiones lumbares, cervicales, etc… Por contra las “Kellys” decidieron formar plataformas y afiliarse a sindicatos, iniciaron una larga lucha donde combinaron huelgas con batallas judiciales y denunciar ante la opinión pública de sus condiciones de trabajo. Finalmente la organización trajo sus frutos, las enfermedades profesionales fueron reconocidas por las mutuas, se implementaron medidas de revisión salarial y la inspección de trabajo se puso manos a la obra.


Es primordial fomentar nuevas formas de organización sindical en los centros de trabajo donde la fuerza de trabajo es especialmente precaria y dispersa, aunque eso no significa que tenga que ser una lucha exclusiva de los trabajadores de este sector. Hay veces que la presión que podemos hacer desde otros colectivos laborales mejor situados para la lucha puede conseguir mejorar la situación de los colectivos más precarios. Fruto de las presiones, y de un cambio en la correlación de fuerzas a nivel político, se consiguió hacer obligatorio el control horario de los trabajadores.


La medida aunque insuficiente, pues el sistema da margen para se cometan un fraudes generalizados, va en la línea de reforzar el control en los sectores más precarios y sobreexplotados como es el caso de la hostelería. La respuesta de los medios de comunicación refleja de manera clara la posición de clase que estos tienen, mostrando en televisión las terribles vivencias de “pobres hosteleros” que por culpa del “malvado” sistema de registro se ven obligados a dejar marchar a sus empleados “cuando termina su jornada laboral” ya que se ven obligados a pagar las horas extras.


La labor política de los comunistas con respecto a los trabajadores de la hostelería, y al resto de colectivos más precarizados es clara, debemos hacer campañas agitativas denunciando los abusos que se suceden habitualmente, llevar su situación a las instituciones donde tengamos representación y pedir soluciones a las autoridades. Hacer propuestas legislativas que refuercen un mayor control de las situaciones irregulares que permita una mayor participación de los trabajadores. Un nuevo Estatuto de los Trabajadores que refuerce el control y la Inspección de Trabajo.


Alguien objetará que la inmensa mayoría de los empresarios de la hostelería son autónomos que tienen una difícil situación a la hora de sacar adelante sus negocios. Y es cierto, pero ello no puede justificar que no se paguen las horas extra y todos los abusos que se producen en la hostelería. El mayor problema que tienen a la hora de sacar adelante sus negocios no es el salario, sino la competencia que representan la cadenas de comida rápida, las franquicias low cost, las casas de apuestas….


Una buena política de unidad popular debe apostar por una resolución armónica de las contradicciones en el seno del pueblo. Debemos señalar el enemigo común es el gran capital cuya expansión arruina y se lleva por delante a multitud de pequeños empresarios y por otro lado apuesta por dilapidar las conquistas que consiguió la clase obrera a lo largo del Siglo XX. Es preciso crear una gran alianza popular que apueste por mantener las conquistas sociales y mejorar las condiciones económicas de la clase trabajadora. Con una mayor calidad de vida, los trabajadores y trabajadoras podrán gastar y eso repercutirá positivamente en la economía de los pequeños empresarios.