Una noche de septiembre

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PLAZA 2




La “Cuesta de Palacio” es un ir y venir de gente. Los que bajan ya otearon el ambiente de la Plaza y van a ver qué se cuece en la Glorieta del Convento. Los que suben escuchan los primeros acordes de la Jota de la Vendimia rasgando la tibia noche de septiembre. 


Huele a vino y a limoná, a jamón y queso, a churros con chocolate, y a la fiesta que vendrá. 


La Asociación de Coros y Danzas Fermento ofrece el primer mosto a la Patrona, pisando la uva como nuestros antepasados, descalzos y al ritmo de la música. Por las calles adyacentes deambulan las peñas multicolores con su pañuelo de hierbas al cuello. 


Huele a vino y a limoná, a panceta, a sardinas asadas y a morcilla chamuscá. Los carros, hoy pares, mañana impares, hacen cola para entrar. 


Los hay grandes, pequeños, artesanales, funcionales, sobrios, estridentes, chapuceros, luminosos, coquetos y estrambóticos. 


Huele a vino y a limoná, a músicos, pintores y poetas, y a su obra, que perdurará. 


Igual que a Sabina, nos dieron las diez y las once, las doce y la una, las dos y las tres, bailando pasodobles, boleros, salsas, rock&roll y algo de reggaeaton. 


Huele a vino y a limoná, a bota, a migas solidarias, pisto y tiznao, y a lo rico que estará. 


Una infinita riada de devoción ofrece flores a la Luz que ilumina la noche, a la Paz que el espíritu encalma y al nombre que llega hasta el alma. 


Huele a vino y a limoná, a berenjena -aunque ya no esté-, a incienso, narcisos y al beso que te daré. 


A mi lado izquierdo.