La caída libre del PP valdepeñero (o lo que queda de él)

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Dicen que cuando alguien hace las cosas mal y no hace caso a palabras ni consejos, el “karma” actúa. El PP provincial y, por consecuencia, los responsables del PP local, están recibiendo el resultado del “karma” en sus propias carnes desde hace ya demasiado tiempo, pero en estas últimas semanas de manera especialmente cruel. Quizá el mismo que llevan pidiendo los militantes y simpatizantes en forma de congreso local para aclarar y fijar la situación de una puñetera vez.


Las recientes dimisiones de los concejales electos hacen pensar que este partido está absolutamente desnortado y que no tiene base ninguna que fije una idea consistente para soportar el paso del tiempo y las adversidades del día a día. Si por más de un dirigente provincial fuera aquí el PP no hubiera presentado candidatura, pero supongo que el escándalo hubiera sido más fuerte y habría tenido mayor repercusión que el ridículo conseguido en los resultados y que les traería peores consecuencias personales y políticas. Pero aún?, cabe preguntarse.


La desolación, la tristeza y la falta de respuesta de los responsables políticos nos hacen pensar que esto es sólo el inicio de una larguísima travesía donde los populares valdepeñeros; o mejor dicho, la militancia de los populares valdepeñeros no ven, de momento, salida ni futuro.


Desde la llegada de Jesús Martín a la alcaldía, el PP de Valdepeñas ha estado sumido en guerras internas que no le han permitido poder consolidar un proyecto. Guerras donde se incluía el acoso al líder socialista (antes que el mismo ideario programático) y que venía animada desde la misma capital por personajes que luego se pusieron de perfil cuando se plasmaron, en forma de sentencias judiciales, los resultados. La inquina y el rencor han privado a los líderes populares en la provincia de una visión clara y objetiva de lo que aquí ocurre. Algo tan sencillo y lógico en política como presentar una candidatura para trabajar en la oposición dura y constantemente durante cuatro años y así poder asaltar la alcaldía con un trabajo reconocible, realizado con cabeza, sentido común y bastantes posibilidades de éxito.


Los que han querido mandar en las listas del PP Valdepeñero (nombres más que hombres) no han entendido la realidad del pueblo y han estado condenados al fracaso por sus propias ansias políticas; muchas veces, respaldadas desde la capital. Y así seguimos a día de hoy. Si montamos una candidatura nombrando a la cabeza de lista, con control remoto, a más de 60 kmts de distancia y sin consenso ni apoyo de lo que aquí quedan, lo más normal es que te pegues un buen leñazo.


Pero el PP se ha superado a sí mismo y la tomadura de pelo de la candidatura no deja de darnos sorpresas. Y mientras la preocupación se hace dueño de los militantes de a pié, la responsable no da muestras de nerviosismo ni de preocupación, ni –seguro- piensa en dimitir por nulidad manifiesta, como le pedían al presidente Sánchez tan vehementemente cuando tuvieron que dimitir dos de sus ministros al inicio de la legislatura.


Es Tercero la única responsable? Seguramente no, pero es la más beneficiada y la que mejor se ha sabido guardar las espaldas. Como se dice en La Mancha “no es lo mismo llamar, que salir a abrir”.


Desde la militancia sencilla y la gente de calle, la responsabilidad de la actual situación recae, en buena parte, en la gestora que ha mangoneado al deseo del aparato provincial a los propios afiliados. Como ejemplo, sólo diré que en la reunión donde se formó la famosa gestora, se nombró a gente que ni siquiera acudió a la misma. Todo estaba, como decía aquel, “atado y bien atado”. Desde aquellos meses, hasta la fecha actual todo ha sido una gran mentira, una tomadura de pelo colosal, donde se ha pedido fidelidad, “prietas las filas” y no se le ha ofrecido más que disgustos y frustración.


Qué cabe esperar? A estas alturas, francamente poco o nada. El votante popular, ese que vota por instinto esté quien esté al frente, se encuentra anestesiado y calladito. No da problemas. De momento. Quizá algún día, cuando la ruina sea total y absoluta, despierte y pida un congreso…o algo. Y viva el vino.