Petri Casado reivindica el orgullo solanero en su pregón de feria

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Unos dibujos inocentes, con trazos de niña inquieta y leyendas cargadas de ilusión, arrancaron el pregón de feria 2019. Petri Casado (La Solana, 1979) quiso iniciar así un momento tan especial. La conocida soprano solanera no ocultó la enorme satisfacción que sentía por ser pregonera de uno de los momentos más singulares del año. Y más cuando la feria te sigue evocando tantas cosas.

El auditorio Tomás Barrera albergó un pregón marcado por los recuerdos, pero también por la ventura que significa ser y sentirse solanero. En esas, con un punto de reivindicación del himno a La Solana, que tantas veces ha cantado la pregonera y que esa noche, más que nunca, quiso reclamar como crisol que representa el orgullo de un pueblo.

El Cronista de la Villa, Paulino Sánchez, hizo las veces de presentador, recordando los pregones pronunciados hasta la fecha y desglosando la figura de la pregonera, la décima mujer en ocupar esa tribuna, y elogiando su ejecutoria en el mundo de la cultura, en especial de la música.

Con voz clara y cadencia lenta, Petri Casado buscó mezclar la lectura con la interpretación durante su pregón. Detrás, la sombra de su amiga Marieli Blanco al piano llenaba el escenario. Los acordes del Chiquitita de Abba acompañaron la rememoración de la Petri niña “que disfrutaba pensando qué le comprarían esa feria”. El antiguo pajero del parque y la Plaza Mayor, junto a la taberna de su abuelo, centraban su pequeño mundo durante esos días.

Llegó la adolescencia y el Forever Young de Alphaville sonaba para recrear los primeros años 90 en las discotecas Acero Playa de Mamá ya lo Sabe. Y más tarde, la entrada en la Banda Municipal y las inolvidables dianas floreadas y aquellas tardes de toros en el coso de la calle Alhambra que siempre dejaban un momento especialmente emocionante para la pregonera: el ‘solo’ de Nerva en la trompeta de Migue Lérida. El Tomás Barrera volvió a jalearlo en directo cuando la propia trompetista salió para tocar con su habitual maestría el genial momento del célebre pasodoble.

La pregonera se centró después en el Himno a La Solana, elogiando las figuras de Emilio Cano y Vicente Delgado, los creadores de la partitura y letra, respectivamente. Recordó su estreno, en el año 1988, y reivindicó su vigencia e importancia como seña de identidad.

Ya en sus años universitarios, Petri Casado volvió a recordar cómo presumían de pueblo y de feria como anfitriones de invitados que venían de fuera. Sonaba de fondo otro himno, el YMCA de los Village People, mientras la pregonera recordaba cómo a aquellos invitados les enseñaban qué significaban palabras como ‘ea’ o ‘galán’.

Pasada la frontera de los 30, la pregonera habló de la madurez y la interpretación del papel más importante de su vida: el de madre. El piano acariciaba notas de Queen mientras admitía que “bajar a la feria con tus hijos es algo indescriptible”.

La pregonera terminó como empezó, haciendo un alegato al mantenimiento de nuestras tradiciones, de nuestras costumbres, usanzas y acervos. Naturalmente, invitó a todos a seguir disfrutando de la feria porque “todos somos parte del espectáculo”. Y, cómo no, cerró cantando el himno a La Solana y pidiendo, con poco éxito, que todos acompañaran leyendo la letra que tenían en sus butacas. Como maestra de música, sabe que es una asignatura pendiente. En todo caso, el público le regaló una sonora y prolongada ovación. Para una artista, pocas cosas se agradecen más.

El alcalde, Luis Díaz-Cacho, intervino a continuación para ofrecer “un mensaje de confianza y de compromiso”. Fue un discurso con poca carga política, pero sí con un alegato a todos los solaneros para que, cada uno desde su atalaya, “saber interpretar lo que ocurre a nuestro alrededor y trabajar al servicio de nuestros vecinos y vecinas”.

La última parte del pregón lo protagonizó la música. La soprano María Dolores Travesedo y la pianista Marieli Blanco ofrecieron un recital que puso la guinda a la velada. ‘La Travesedo’, una de las grandes voces que ha dado este país, se afanó en completar el repertorio a pesar de una faringitis que estuvo a punto de romper el compromiso. Ella misma admitió que sólo la amistad con Petri y con La Solana la animó a ‘arriesgar’. Estas palabras las pronunció después de interpretar con enorme oficio ‘No corte más que una flor’, la conocida romanza de Ascensión de ‘La del manojo de rosas’.