La virginidad del haploísmo

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Pp andalucia


Existe un simplismo de derechas, lo mismo que existe un simplismo de izquierdas. Todo radicalismo entendido como el seguimento avant la lettre de los puros principios se impregna de simplismo. Vox sería el simplismo del PP, como Podemos el simplismo del PSOE. El simplismo se amortigua con el ejercicio del gobierno o con la participación en las tareas legislativas, y en su defecto con la lectura de libros diversos ( “timeo hominem unius libri”, decían los clásicos ), la información amplia, ver la realidad sin anteojeras ideológicas – la ideología es la policía del pensamiento -, y con el control de los prejuicios propios, más explicados muchas veces por la propia biografía personal que por la ideología partidista. Ahora bien, no ser simplista no puede jamás significar traicionar los principios y perder la fe en ellos, sino a lo sumo ser posibilista: intentando introducir partes de nuestro pensamiento político – ideario – en la realidad paulatinamente: mejor una parte del ideario que nada en absoluto por dogmatismo totalitario -, mejorar la realidad en aquello que se pueda mejorar sin generar conflictos que puedan resultar más peligrosos que benéficos. Ser posibilista, en definitiva, significa introducir nuestro pensamiento político de forma civilizada en la realidad, posibilitando pequeños cambios que la mejoren objetivamente, sin romper nada esencial, como son la concordia, la paz social y la libertad. El posibilismo político es puro racionalismo, en cuanto que presupone la buena disposición para aprender de los demás, una actitud de concesiones mutuas, la humildad intelectual, el reconocimiento de la falibilidad, el respeto hacia cada individuo como fuente potencial de argumentos e información razonable y el reconocimiento de su derecho a ser escuchado. No hay hombres ni Partidos infalibles, como tampoco hay fuentes de conocimiento infalibles. Toda política consiste en elegir el mal menor. El posibilismo político, de incuestionable raíz liberal, supone una ingeniería social fragmentada, consistente en identificar y abordar paulatinamente problemas concretos. El posibilismo es racional, el simplismo metafísico.

Vox perderá radicalismo a medida que se arremangue en las tareas legislativas de Andalucía, del mismo modo que Podemos ya no es el enfant terrible del principio, obligado a argumentar y contra-argumentar en debates legislativos que hablan de cosas reales y concretas. Uno puede ser maximalista en las tabernas del barrio, tomando alegre un vino-néctar con sus correligionarios olímpicos, pero se hace más difícil, so pena de que se sea un idiota irremediable, cuando uno tiene responsabilidades gubernamentales o legislativas, y hace un buen trabajo. Una oposición “técnica” es más creíble que una oposición simplista, aunque esta última pueda tener una estética más impactante y seductora, sobre todo en pueblos que llevan pocas décadas gozando de la Democracia. Lo que introduce Vox en la conciencia nacional es algo bueno y necesario, pero su discurso intemperante, estridente y combativo lo empaña. Vox no hubiera nacido si el PP hubiera estado más atento a sus bases y a sus principios fundadores.

Pero lo que no podía hacer ahora el haploismo, aún virginal, de Vox es poner en riesgo la posibilidad del cambio en Andalucía. El electorado de Vox preferirá la salida de un gobierno socialista corrupto a que alguno o algunos postulados de Vox con que se presentó a las elecciones autonómicas puedan no ser acordados de momento con los otros dos partidos de centro-derecha, que deben formar gobierno. De lo contrario, el simplismo se convertiría en una actitud estéril y suicida. Es verdad que la gran obra de Pedro Damián, De sancta simplicitate, es una bella alabanza a la simplicidad como fundamento de la nobleza y la virtud, pero es posible también mantener la nobleza entre negociadores de una urdimbre compuesta de varias simplicidades, como el joven Secretario General del PP, Teo García Egea, ha demostrado, afirmando que lo verdaderamente importante, lo único importante en realidad es Andalucía, y no los partidos políticos. Los principios pretendidamente inexorables y eternos de los Partidos no pueden convertirse en un obstáculo para que no se pueda dar la esperanzada posibilidad de una Andalucía postsocialista. Andalucía demostrará con políticas liberales que es la región de España con mayores potencialidades, pudiéndose convertir desde una situación de región subvencionada a motor económico de España.

Quizás lo único que quería Vox era sacar a la palestra los grandes temas nacionales, sin duda claves para el futuro de España, estando convencidos ya hace tiempo que el PP contaría con sus votos el día de la envestidura. Vox quería que se hablase en el ámbito nacional de las obscenas leyes de violencia de género – y la delirante e inicua ( etimológicamente “inaequa” ) sentencia del Supremo sólo reafirma la necesidad de ese debate político abierto -. También Vox ha querido que se instale en el centro del debate nacional otras cuestiones como la inmigración ilegal y la nefanda Ley de Memoria Histórica, tema este último que comparte con el Partido Popular.

El simplismo y la simplicidad, como la inocencia, tendrán sin duda siempre una belleza y una nobleza en sí, y precisamente por eso deben ser protegidos con grandes dosis de posibilismo, si no queremos que desaparezcan o se tornen en la máscara de la hipocresía y el fariseísmo políticos.

Martín-Miguel Rubio Esteban