Teodoro García Egea en Valdepeñas

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Una nueva generación de hombres y mujeres jóvenes han asaltado el poder político en los últimos años a causa de una urgente restauración de las cosas, no sólo en España sino también en muchos países de Europa. La Europa de la paz y la libertad que crearon hasta la década de los sesenta octogenarios como Konrad Adenauer, Alcide de Gasperi, Robert Schumann, Winston Churchill o Charles De Gaulle, está siendo defendida y reparada hoy por una juventud enérgica y culta – que no sabemos de dónde sale, con los planes de estudios tan bárbaros y demoledores que hoy están implantados en Europa y en España -. Entre aquellos octogenarios y estos jóvenes han existido dos generaciones conformistas y aburguesadas, y la última tan blanda y tan poco firme que ha puesto al continente europeo al borde del caos, la desintegración y la pérdida de su identidad occidental, madre de todos los Occidentes culturales y políticos.

En España Pablo Casado y Teodoro García Egea representan como nadie esta nueva juventud regeneradora, este renacimiento occidental, especie de urgente palingenesia. En Castilla-La Mancha esa juventud enérgica, despierta e indesmayablemente trabajadora la representa Paco Núñez, un hombre afable que sabe expresar ideas profundas y densas con sencillez, en una época en la que desgraciadamente las ideas más vanas y sin sustancia, de tertulia y mesa camilla, como las que expresan los tribunos de la izquiuerda, se dicen con retórica pomposa y carente de naturalidad. Una juventud providencial para resolver los gravísimos problemas que sufre España, desde el laberinto endiablado del independentismo al despoblamiento de nuestros campos. Vemos en Teodoro García Egea, como secretario general del PP, un hombre de convicciones firmes y lealtades basálticas, de mente clara y una inteligencia contundente que no se pliega a la componenda y a la compraventa y mercadeo de los principios. Lo que no significa que defienda sus convicciones, los principios del PP, sin respetar los del adversario, sino que no concibe la flexibilidad cuando se trata de la moralidad política y la dignidad nacional. Para nada es un misólogo que repela el acuerdo, sino que como político decente no construye argumentarios que justifiquen la indecencia, ni por tactismo ni por estrategia. Su lógica y su buen sentido común lo alejan de los prejuicios políticos y las calificaciones torvas. Los únicos prejuicios de Teo son las malas acciones constatables. Optimista por naturaleza, el Secretario General del Partido Popular nos contagia con su alegría invencible. Posee el contento del hombre justo. España necesita esta juventud clarificadora, una juventud de ideas luminosas, distinctas y singulares, que diría Descartes, no ensombrecidas por un retoricismo relativista, a fin de desterrar los eclecticismos tenebregosos, en donde todo da lo mismo y por ello mismo todo se puede intercambiar y en donde un laberinto caótico predomina sobre el camino recto. Con hombres como Pablo Casado, Teo García Egea o Paco Núñez, el Partido Popular reelabora un discurso, fundamentado en los principios de siempre, cristianos, humanistas, liberales y patrióticos, que nos hacen imprescindibles en la España de la actual encrucijada.

Luchar por conseguir el Ayuntamiento de Valdepeñas, ciudad a la que hoy visita el Secretario General del PP, es jugar en la Champion Leage, pero se puede lograr si convencemos a la ya escarmentada ciudadanía de Valdepeñas de que es necesario liberar a la sociedad civil para que ella misma, sin intervenciones onerosas, entrometimientos impertinentes e impuestos confiscatorios, protagonice el destino de la Ciudad sin que el poder político de un solo partido la sustituya. Debemos facilitar la creación de empresas neutralizando la codicia municipal, y mejorar las infraestructuras viarias de esta Ciudad. Tenemos, en fin, que convertir la siempre dinámica sociedad civil valdepeñera en el protagonista de su desarrollo. Los políticos estamos para servir a la sociedad y no para sustituirla. El Partido Popular será siempre el escudo de una sociedad civil que la verdad es que hoy no posee ya otros escudos.

El Secretario General del Partido Popular, ha entrado en La Mancha, y de todos los lugares ha elegido éste, Valdepeñas, un lugar que ha creído siempre en el Proyecto que encarna Pablo Casado. Ello supone una virtud radical en el joven líder, una virtud que mantiene y alimenta todas las otras virtudes, que es la virtud de la lealtad. España y Europa precisan de hombres leales, hombres comprometidos con una causa que supera con creces sus intereses, y esta causa es en Teo España y las libertades de los españoles. Porque los hombres que cambian de intereses al albur del último viento favorable, no pueden hacer nada bueno ni por España ni por ellos mismos, carentes de credibilidad. Y la política necesita volver a la credibilidad. Se puede engañar a los ciudadanos unos años aparentando convicción, pero te acaban descubriendo, y pierdes para siempre. Es por ello que la agrupación local del Partido Popular de Valdepeñas jamás olvidará la visita de nuestro generoso secretario general, amigo que ya es de todos, Teodoro García Egea, el mejor escudero que sin duda tiene Pablo Casado.


Martín-Miguel Rubio Esteban