Ramón González: "Estuvimos escondidos dos horas en un camerino de la sala Bataclan hasta que nos liberaron"

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13 de noviembre de 2015. Puede que a muchos no les diga nada esta fecha pero seguro que a Ramón González (1982) no se le olvidará en la vida. Este joven, natural de Daimiel y actualmente residente en París, fue uno de los supervivientes de los atentados que ocurrieron ese día en la sala Bataclan de la capital francesa. Una experiencia que le ha valido para ver publicado su primer libro, 'Paz, amor y death metal', una historia real que cuenta desde dentro lo que ocurrió en el atentado de la sala Bataclan, cuando tres terroristas armados abrieron fuego mientras Eagles of Death Metal había comenzado a tocar 'Kiss the Devil'. Un libro que está dividido en tres partes y que recorre los días, semanas y meses posteriores a la tragedia. Con él hemos hablado en esta entrevista.


Si escuchas la palabra Bataclan, ¿qué es lo primero que se te pasa por la cabeza?


Al escuchar la palabra Bataclán es inevitable volver al 13 de noviembre. Pero a día de hoy cuando la escucho cada vez me lleva más a la sala de conciertos que  yo conocía antes de ese día y a la que había ido en dos ocasiones a escuchar rock.


¿Por qué estabas aquel día en París?


Yo llevo en París desde enero de 2011. Llegué a la ciudad buscando estabilizarme después de un año en Londres. También idolatraba la cultura francesa y quería ver cuánto de ello era cierto. Así que cuando sucedió el atentado yo ya llevaba cuatro o cinco años en la ciudad. Esa noche de viernes era una noche como la de cualquier otro viernes en la que después de una semana de trabajo, con mi novia y dos amigos más fuimos a ver un concierto y a pasarlo bien.


¿Cómo fueron esos primeros minutos tras el atentado? ¿Érais conscientes de lo que pasaba?


Los primeros instantes fueron de mucha confusión. Me tiré al suelo sin saber por qué, fue el instinto el que lo hizo. Durante unos segundos estuve ahí a merced de las balas, pensando que eran petardos. Había esta confusión de pensar que eran petardos pero al mismo tiempo había otra parte de mí que decía que aquello no podían ser petardos por los gritos que se escuchaban y por el tiempo que estaban durando, por el hecho de que apagasen la música,... Había una especie de negación del cerebro, de querer protegerte de aquello que estaba ocurriendo que prefieres negar quizás.


¿Cómo lográsteis escapar?


Después de escapar y echar a correr, en nuestro lado, que era el derecho, no había salida de emergencia. Había una escalera que daba a un camerino y ahí estuvimos escondidos durante dos horas hasta que nos liberaron.


¿Cómo fue el momento de comunicárselo a tu familia?


A mi familia se lo comuniqué al día siguiente, no la noche del atentado porque no quería preocuparles, eran momentos muy delicados. Cuando se enteraron, en parte fue como si ellos también hubieran vivido el atentado por las reacciones que tuvieron durante los días siguientes.


¿Sientes que después de ese día volviste a nacer?


Esa expresión no la utilizo en la novela y tampoco me gusta mucho porque uno sigue siendo el mismo y en el fondo, aunque al principio cambian cosas, uno echa la vista atrás y a grandes rasgos sigue siendo el mismo. Obviamente se agradece seguir vivo pero no siento que haya vuelto a nacer.


¿Cómo surgió escribir el libro?


Empiezo a escribir el libro dos semanas después del atentado siguiendo el consejo de una psicóloga a la que había acudido una semana antes. Ella me pregunta en qué estoy ocupando mis días porque yo le había contado que era incapaz de concentrarme y que solo pensaba en el atentado. Le cuento que me gusta escribir, que siempre he escrito y que era una de mis aficiones más importantes, así que me dice probara a escribir sobre ello porque seguro que me ayudaría. Empiezo a escribir y la verdad es que me ayuda mucho porque por fin logro centrarme en una actividad y en vez de pensar en el atentado, pienso más en cómo escribir sobre ello. Y con el tiempo me ayuda mucho más porque consigues separarme de lo sucedido.


¿Qué nos cuenta este libro? ¿Es una novela?


El libro está dividido en tres partes. La primera es 'La noche del 13 de noviembre'. La segunda habla de los días y semanas posteriores al atentado. Y la tercera va hablando de meses posteriores y un año después. Así que va más allá de la experiencia del 13 de noviembre y cuenta sobre todo el proceso postraumático, lo que sucede cuando el foco mediático se va. En cuanto si es una novela o no, hay que decir que todo lo que se cuenta es verídico, aparte de que me haya tomado algunas licencias de potenciar algunas partes, pero todo es verídico. A mí me gusta llamarlo novela por el trabajo que hay detrás, el trabajo de artesano de seguir la trama por un lado y no por otro, de no repetir ciertas cosas, de hacer el trabajo de escritor. Por eso la llamo novela. Pero se puede llamar no ficción, autoficción, ficción-no ficción,...


¿Qué sientes al tener este libro entre tus manos?


Me siento satisfecho sobre todo porque el libro es la culminación de una larga búsqueda literaria. Yo antes del atentado ya había escrito algunas novelas, otras las había dejado a medias, otras habían acabado guardadas en un cajón y corresponden a algo así como mi período de formación. Y por fin esta vez he podido acabar algo y me he puesto a trabajar bien en la novela, a corregir. Así que sobre todo representa la satisfacción de poder decir que he acabado un libro, que ha llegado a buen puerto y que ha sido publicado por una editorial importante.


¿Cómo te afectó en tu vida todo lo que sucedió aquel 13 de noviembre?


Creo que lo más complicado a lo que me tuve que enfrentar es a todo el estrés postraumático, por la vigilancia, el miedo extremo, los ruidos al salir a la calle, a estar en lugares cerrados. O los altibajos emocionales, estar más irascible de lo normal... Todo eso fue complicado y duró bastante tiempo. En mi caso nunca antes había vivido nada parecido, nada que se acerque ni siquiera, y a veces no te reconoces por la manera en que reacciona tu cuerpo y tu mente. Dices: no soy yo. Y es lo más complicado de todo. En positivo hubo cambios laborales, cambiar de trabajo, hacer algo que me gusta más ahora, valorar quizás más la vida, es decir, que hubo también cosas positivas.



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