Manuel Fresneda: "Los oficios artesanos van a desaparecer todos porque el artesano no mira el tiempo, mira la obra"

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Beber en bota de vino es toda una filosofía de vida. Tiene hasta un manual de instrucciones de uso. Pero, lamentablemente, es una tradición que se está perdiendo, como también lo está haciendo el oficio de botero. Precisamente, en Valdepeñas encontramos a uno de los últimos boteros que quedan en la zona, Manuel Fresneda, que desde su Botería Fresneda, y con ayuda de su hijo, intenta seguir con un trabajo que cada vez se pone más cuesta arriba. Lleva 60 años en el oficio y acaba de ser reconocido con la Medalla al Mérito Artesano 2018 por parte del Gobierno regional. Asegura que la bota auténtica es la que se elabora a mano, artesanalmente, pero el problema son los altos impuestos que tiene que pagar el pequeño artesano, la gran cantidad de horas que hay que invertir en crear una sola pieza y la bajada de las ventas en los últimos años. Es lo que nos cuenta en esta entrevista.


¿Cómo ha recibido este reconocimiento?


Muy bien, es algo que te dan en vida y la verdad es que lo he recibido muy bien porque que te den un premio de este tipo, que no esperaba, viene bien.


¿Qué ha significado para usted recibir este Premio al Mérito Artesano?


Es el tiempo que has estado trabajando. Llevo 60 años en esto, manteniendo la artesanía que está desapareciendo.


¿Qué balance puede hacer de su trayectoria como botero?


El balance es bueno porque he estado toda mi vida trabajando muchas horas. Así que el balance es trabajar y trabajar.


¿Qué opina de que se vayan perdiendo este tipo de oficios artesanales?


Los oficios artesanos van a desaparecer todos porque el artesano no mira el tiempo, mira la obra. Y echamos muchas horas para hacer una pieza y luego no se paga todo el valor que tiene esa pieza. Y el pequeño y mediano empresario paga los mismos impuestos que los grandes y no podemos competir. Entonces, los artesanos vamos desapareciendo poco a poco, cada vez hay menos.


Ustedes siguen en activo...


Sí, ahora está mi hijo por aquí.


¿Son mejores y de más calidad las botas que se fabrican a mano que las que se hacen en una industria?


La bota auténtica es la de pez y piel de cabra, como se ha hecho toda la vida, a mano. Luego están las de plástico, que no valen para nada.


¿Y sus hijos entonces han querido seguir con esta tradición?


Mi hijo de momento, sí, pero va a ser el último porque hay que echar muchas horas y poco rendimiento. Irá poco a poco desapareciendo todo. Y luego las administraciones tampoco se preocupan. Ahora me han dado el premio porque yo empecé en Farcama, estuve de presidente, y por eso me han dado el reconocimiento. Pero los oficios artesanos todos vamos de cabeza. Los impuestos son los que más nos gravan y no puedes competir con los demás. Tenemos que pagar los mismos impuestos que una empresa grande y el pequeño y mediano empresario, el pequeño artesano, no puede competir con todo eso. De hecho, no lo aprecia nadie. Antes la bota te la llevabas para trabajar en el campo, terminabas y te la traías a tu casa. Ahora no, ahora llevas la botella de plástico, llevas la bolsa, terminas y lo tiras. Para el medio ambiente, fatal. Y luego hay que limpiar y recoger todo eso. Con la bota, no. Con la bota, te bebes el vino y te la traes para volver a usarla otra vez. Pero eso la gente no lo mira.


¿Y qué época ha sido mejor para la venta de botas de vino?


Hace ya diez o doce años hacia atrás se vendía bastante bien. A las personas mayores nos han quitado beber vino y la gente joven prefiere el botellón. Así que cada vez se vende menos.


¿En las Fiestas del Vino se nota que viene más gente?


Antes sí, pero ahora últimamente, no. Ahora con las garrafas y las botellas van que chutan y la bota la van dejando a un lado.



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