Un pueblo con parada de postas

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Aunque sea una cuestión que a mí, personalmente, no termina de convencerme, mucha gente habla de Valdepeñas con carácter de pueblo pasajero. Los propios vecinos ya asumían esta condición en el XVI, puesto que en varios documentos históricos se comenta que la zona, debido a su especial ubicación geográfica, era lugar de paso.


Los estudios llevados a cabo sobre las ocupaciones laborales de los valdepeñeros suelen ofrecer, además de las faenas propias del campo, cifras elevadas en lo tocante a trajineros y comerciantes, lo que habla a las claras del dinamismo del transporte en nuestra ciudad gracias a su posición en el camino de Madrid a Andalucía.


La verdad es que la situación geográfica de Valdepeñas va a marcar enormemente su devenir en la historia, pero tampoco podemos llamarnos a engaño: la ubicación era excelente pero no había demasiada demanda, el mercado interior era muy inactivo… Y el servicio que se ofrecía a los viajeros era bastante malo. En el XVIII todo viaje que se hacía dependía de las caballerías, pero en el XIX se reactivaron las compañías de diligencias. Estos vehículos, a pesar de su renovación, siguieron siendo insuficientes, y tenían que transitar por unos caminos infames, llenos de bandoleros y poco adecuados al tráfico rodado. En una fecha tan avanzada como 1865 había más caminos de herradura que carreteras en la provincia de Ciudad Real.


Las Reales Diligencias se reconstituyeron bajo el título de Compañía de diligencias generales de España, reanudando el tránsito en 1840 en todas las líneas. Por su parte la compañía de caleseros de Burgos puso en marcha, en 1840, el servicio de Madrid a Sevilla. Otra de las más importantes fue la sociedad Carsi, Ferrer y Compañía, constituida a principios de 1841.


Y dado que Valdepeñas se encontraba en el camino que unía Madrid con Andalucía, la villa tuvo un papel importante como parada de postas. La compañía de caleseros de Burgos tenía dispuesta la pernoctación en Valdepeñas en su trayecto entre Madrid y Sevilla, y la empresa de Carsí, Ferrer y Compañía había establecido una parada en Valdepeñas a comer en el trayecto de Sevilla a Madrid. De la misma manera, y antes de que el correo fuese diario gracias al ferrocarril, la entrada del mismo en la ciudad se producía desde Madrid los martes, jueves y sábados (en torno a las 22 horas) y los lunes, miércoles y domingos desde Andalucía a la 1 de la madrugada.


La parada en Valdepeñas suponía una comida o cena bastante abundantes, incluyéndose en la oferta camastros con “sábanas limpias” y una manta. Todo ello lo sabemos gracias a las publicaciones de entonces, puesto que era habitual que se editaran manuales para el viajero, como el que se publicó en 1842 y del que hemos extraído las imágenes que acompañan al presente artículo, que demuestran que esa carta era amplia y, sobre todo, muy calórica.


Todo esto cambiaría, naturalmente, con la llegada del ferrocarril. Pero esto ya es harina de otro costal, aunque ya saben que no debemos olvidar, por supuesto, que la historia nunca es como la vemos, sino como la recordamos…



Para saber más sobre los transportes en España antes de los caminos de hierro pueden consultar el libro de MADRAZO MADRAZO, SANTOS, 1991, La edad de oro de las diligencias: Madrid y el tráfico de viajeros en España antes del ferrocarril, Madrid, Nerea.


1 Comentarios

1

Muy interesante, la verdad. A ver si pronto nos cuentas algo del ferrocarril!!

escrito por Gregorio 23/ago/15    11:33

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