Raúl Carbonell: Medalla de las Letras 'Juan Alcaide'

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Joaquín Brotóns Peñasco

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El Pleno del Ayuntamiento de Valdepeñas concedió la Medalla de las Letras “Juan Alcaide” al reputado escritor valenciano-valdepeñero, Raúl Carbonell Sala, galardón honorífico y sin dotación económica, que le entregó el pasado 31 de agosto, en el acto Institucional de las: “65 Fiestas de la Vendimia y el Vino de Valdepeñas”, que contó con la presencia de Jesús Martín, Alcalde de la Ciudad del Vino y el Presidente de la Junta de Comunidades, Emiliano García Page, entre otras autoridades.


El citado poeta premiado fue también el encargado de hacer el “Brindis al Vino de Valdepeñas”, en un emotivo, entrañable y sentido texto, que leyó perfectamente y emocionado, en algunas ocasiones, ya que es un vate extremadamente sensible, que sien te un gran amor por la “Muy Heroica Ciudad”, dado que, en ella vivió y trabajó más de veinte años, urbe en la que escribió una gran parte de su obra literaria: novela, cuentos, poesía, teatro, artículos de opinión sobre diversos temas, que publicó en las páginas de periódicos y revistas castellano-manchegas: Lanza, Manxa, Estaribel, Añil, Almud, Barcarola, Cuadernos Manchegos…


CARBONELL SALA


Raúl Carbonell Sala nació en 1950, en el bonito pueblo de Cárcer (Valencia), en el seno de una familia de artesanos panaderos desde el siglo XVIII. Cursó los estudios primarios en el Colegio público: “Padre Gumilla” y el Bachillerato en el “Instituto José de Ribera”, de Xátiva (Valencia).


A los 12 años de edad ya ganó el “Premio santo Tomás de Aquino” de cuentos por su primer cuento escrito y titulado “Cigarrillos”. Dos años más tarde redactó una primera novela, bajo el título de “Flores verdes para ti”, cuya ternura despertó en el jurado del “Premio Vicente Blasco Ibáñez” encendidos elogios, aunque quedó finalista en una muy reñida votación, no pudo lograr publicar su primera novela en la Editorial Prometeo.


Cuando tenía 15 años descubre la poesía de Juan Ramón Jiménez, lo que le incitó a escribir sus primeros poemas. También lee con fruición la obra del poeta hindú Rabindranath Tagore, ambos poetas marcaron su futura creación literaria.


En 1969 se traslada a Madrid para hacer el Servicio Militar en el “Palacio de Buenavista” del entonces Ministerio de Ejército, en el que conoce al pintor valdepeñero Vicente Nello, artista con el que se crea una amistad muy especial, que duró más de 20 años. En esa época inicia R.C. su amistad con los poetas José Hierro y Luis Jiménez Martos. Asimismo, conoce al escritor Camilo José Cela, al pintor Gregorio Prieto y al dramaturgo Francisco Nieva- los dos últimos valdepeñeros-.


ALEMANIA, SUIZA, PARIS…


Terminada la mili, regresa a su municipio natal una temporada, en la que se entrega a la lectura y a planear su futuro. Poco tiempo después, decide viajar a Alemania, donde su buen amigo Máximo Casañ, que tenía buenas relaciones en la ciudad de Heilderberg, le ayuda en la búsqueda de un trabajo en el teatro de la Ópera, donde estuvo un poco tiempo. Más tarde, se marcha a Suiza, donde su hermano Vicente, que trabajaba en una panadería de la estación invernal de Montana-Crans, lo coloca a trabajar en dicha panadería, donde se encuentra bien durante dos años y no desea regresar a España.


En 1972 su padre es diagnosticado de cáncer de próstata y fallece en marzo del 74, R.C, junto a su hermano antes citado, regresan a España. Tras la muerte del padre, deja de escribir y observa los acontecimientos de su propia vida y entorno. Un año después de esa crisis existencial, se marcha a Paris con la idea de quedarse a vivir algunos años, pero al poco tiempo de estar en la deseada ciudad de la bohemia, se percata con asombro, que no es lo que él esperaba y se decide a abandonar Francia, y marcharse a vivir a Barcelona, donde ya está instalado su íntimo amigo el pintor y dibujante Vicente Nello. Juntos alquilan una habitación grande en la calle de Gerona.


En aquellos años, ambos amigos, son asiduos a las tertulias del Café Carbó, Café American-Express y la Bodega Bohemia, entre otros locales, en los que se vive la auténtica bohemia, lo que aprovecha Raúl para tomar apuntes para lo que años después, sería su espléndida novela: “El siglo de los artistas”. En la metrópoli catalana el escritor Tomás Salvador le ofrece un puesto de trabajo y empieza a colaborar y a corregir estilo en Ediciones Marte, editorial dirigida por el novelista nombrado, que era el dueño.


VALDEPEÑAS


Aunque ya había venido varias veces a la Ciudad del Vino con su amigo Vicente Nello, deciden quedarse en ella y Carbonell vivirá durante años en la casa de Nello, donde trabaja 7 y 8 horas diarias escribiendo de forma manuscrita con una pluma estilográfica, tomando apuntes, leyendo, corrigiendo y pasando los textos en una vieja máquina de escribir, dedicado a su oficio de escritor, ya que él siempre quiso ser escritor profesional, pero ya se sabe que vivir en España de la profesión de escritor es un sueño irrealizable- salvo algunos casos raros- ya lo dijo el gran Larra. “Escribir en España, es llorar y mendigar”, excelente periodista y escritor, que se “pegó” un tiro.


En la patria chica de Bernardo de Balbuena y Ana de Castro, Carbonell escribió una gran parte de su amplia obra literaria, junto a artículos, que publicó en diarios y revistas de Castilla-La Mancha, especialmente en el rotativo: “Lanza”, donde durante años publicó textos de todo tema, muchos de ellos relacionados con Valdepeñas, La Mancha y sus artistas: poetas, escritores, pintores, ceramistas…


Igualmente, colabora con “Cuadernos Manchegos”, pero todo en un ambiente de indiferencia hacia su extraordinaria obra, lo que ocasionó, que un grupo de amigos- entre los que se encuentra el autor de esta reseña- publicamos un opúsculo con una selección de los primeros poemas de su libro: “Interior Esencial”, en una edición limitada, que conservo como oro en paño, dedicada por su autor, junto a otros libros suyos y algunos manuscritos de sus obras, que me regaló, detalle que no olvidaré nunca, ya que se trata de el mejor amigo que he tenido y tengo en el mundo literario, donde tan escasos son los amigos/as verdaderos, dada la envidia, el rencor, la pedantería, los celos artísticos, la vanidad extrema de los que se creen Cervantes, Quevedo, Valle-Inclán, García Lorca…, la mala leche innata de los mediocres, que escupen su veneno cuando alguien destaca más que ellos/as, los/as trepas…, que son legión y van siempre al sol que más calienta y algunos “figurones/as” de cuyos nombres no quiero acordarme, que son auténticas víboras. Claro, que también hay buenas personas y amigos/as.


CASA DE CULTURA DE LA CIUDAD DEL VINO.


Organiza para la Casa de Cultura de la patria chica de Juan Alcaide, unas jornadas de Creación artísticas, en las que participan artistas como: Dimitri Papaagiorgiu, Fernando Bellver, Pedro Mercedes, Francisco García Uceda, Arcadio Blasco y Carmen Perujo, así como los críticos: Natacha Seseña y Rosa Martínez de la Hidalga, entres otros/as. También crea-auspiciado por el Ayuntamiento de Valdepeñas- la colección literaria Juan Alcaide y organiza en Valdepeñas el homenaje nacional a la poeta Sagrario Torres, al que acuden numerosos escritores, entre ellos, el gran don Camilo José Cela, que me resultó muy agradable en el trato, bastante menos pedante e insoportable de lo que parecía en televisión y en otros medios informativos.


En 1984 es contratado por el Ayuntamiento de Valdepeñas para dirigir la Casa de Cultura, en la que realiza una labor extraordinaria: exposiciones, lecturas, talleres…, que todavía se recuerda, pero además, fomenta la cultura local y provincial, y es nombrado asesor del Centro Coordinador de Bibliotecas de Ciudad Real, en el que desarrolla una intensa actividad en el fomento de las bibliotecas de los pueblos y ciudades de esta tierra nuestra tan ingrata con sus vates.


De forma inesperada, en 1986, ante el cariz que toman los acontecimientos…, dimite de su responsabilidad como Director de la Casa de la Cultura de Valdepeñas y se traslada a su núcleo urbano natal, en el que se replantea su vida futura, pero antes de su dimisión había conocido a la valdepeñera Felisa Sánchez Lérida, mujer con la que se casaría en diciembre en los Juzgados de Valdepeñas.


MADRID.


Tras contraer matrimonio, se instalan en Madrid, en un piso de la calle: Jaime el Conquistador, donde vivirían más de 24 años y nacieron sus dos hijos: Ramiro –fallecido hace poco- y Elvira.

Corría 1987 cuando en la Villa y Corte, Raúl Carbonell es lector de Francés en la Editorial “Temas de Hoy” y dirige un Curso de Poesía en la UNED, entre otras actividades. Algunos meses después, accede a un puesto de trabajo en la Función Pública y comienza a tener una gran actividad cultural y a seguir escribiendo su obra.


El RECONOCIMIENTO


En 1994, presenta su novela: El siglo de los artistas, al prestigioso “Premio de Novela Valencia”, que por unanimidad del Jurado- presidido por el director de cine Luis García Berlanga- le concede el “XII Premio Juan Gil Albert” de novela, que es una de sus mejores novelas, en mi opinión, junto a Tres libros sin amor.


El reconocido escritor y critico literario Pedro Antonio González Moreno, termina un profundo y acertado estudio sobre toda la obra poética publicada de Carbonell, con el fin de dar las claves a la primera edición de “Fotogenia”.


El 24 de abril de 1999 se inaugura la Biblioteca Municipal de Cárcer- villa natal de R.C-, bajo el nombre de Raúl Carbonell Sala, lo que emocionó en extremo al escritor, que prometió a su población natal un libro, que, algún tiempo después, se presentó con el título de “Cantata al Valle de Cárcer”. En 2012 y ante notario, hace entrega de veinte manuscritos y algunos objetos personales a la Biblioteca de Cárcer, que lleva su nombre. En 2014 pide el divorcio y alquila un apartamento en la Casa de Campo de Madrid.


En 2018, el Ayuntamiento de Valdepeñas, ciudad en la que el autor vivió y trabajó como un valdepeñero más, le otorga la Medalla de las Letras “Juan Alcaide”, que le es impuesta por el Alcalde de la Ciudad del Vino, Jesús Martín, en la Plaza de España de la Ciudad del Vino y la Cultura. En dicho acto, Carbonell hace un elogioso y emotivo “Brindis a Valdepeñas”, que lo acogió como un hijo más y a la que el poeta quiere tanto como a su localidad natal, ya que se siente tan valenciano como valdepeñero. Al día siguiente, presenta en el Museo del Vino su libro: “Himno a la inmortalidad”, interviniendo el escritor Miguel Galanes y el profesor Matías Barchino, acto que organizó la veterana tertulia literaria: “Bodegas A-7” y el Ayuntamiento de Valdepeñas.


OBRA PUBLICADA


Raúl Carbonell Sala es un autor de novela, cuento, teatro y poesía en lengua castellana, y ha publicado una extensa y variada obra, que ha sido galardonada y elogiada por la crítica especializada, ya que es considerado uno de los autores mejores y más singulares de las últimas décadas en el ámbito de la Comunidad Valenciana, entre cuya obra destacan los poemarios publicados: Interior Esencial (1981), Viaje al Océano (1984), Nocturno sin consejo- prólogo de José Hierro- (1988), Decir-ilustración de portada de Manuel Domingo Castellano- (1989), Fotogenia-dibujo de portada de Gregorio Prieto y prólogo de Pedro Antonio González Moreno- (1999), Cantata al Valle de Cárcer-ilustraciones de Paco Perucho- (2001) e Himno a la inmortalidad-dibujo de portada de Joaquín Morales Molero- (2018). Como narrador, sobresale el título de cuentos: Espejos planos (1981). Entre sus mejores novelas publicadas cabe citar: Telón de fondo (1982) -dibujo de portada de Vicente Nello-, Bibelot-prólogo de Miguel Galanes- (1992), El siglo de los artistas (1997), Moreno (2015), Tres libros sin amor-prólogo de Rafael Álvarez Taberner- (2016) y Burla del diablo perdedor (2017). Como dramaturgo, es artífice de varias obras de teatro, pero publicadas solamente tiene: Dos funciones incoherentes y una pieza salón, editado por la Diputación de Ciudad. Real y con prólogo de Francisco Nieva. (Académico de la Lengua y Premio Príncipe de Asturias).


Como puede ver el atento lector, méritos le sobran a mi querido, entrañable y excelente colega y persona, Raúl Carbonell Sala- amigo fundamental en mi vida desde 1973-, para que, tan acertadamente, el Consistorio de mi amada Atenas, mi Alejandría de La Mancha, mi ciudad-isla, mi ínsula báquica, le haya otorgado la Medalla de las Letras “Juan Alcaide”, vate al que tanto admiramos los dos. “Obras son amores y no buenas razones…”


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Joaquín Brotóns y Raúl Carbonell, en los años 80