Exposición homenaje a Tomás de Antequera

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Joaquín Brotóns Peñasco

www.joaquinbrotons.com


En Valdepeñas, ciudad natal de Tomás de Antequera, organizada y montada espléndidamente por los servicios culturales del Ayuntamiento de la Ciudad del Vino, se podrá visitar hasta el 30 de mayo, en la sala de exposiciones temporales del magnífico Museo Municipal, situado en la calle: Real, 48, una excelente exposición-homenaje al “Príncipe de la Copla”: Tomás de Antequera, que fue uno de los grandes del citado género, junto a Miguel de Molina y su enemiga doña Concha Piquer, que no era dada a elogiar a nadie que no fuera ella misma, pero reconoció y dijo de Tomás de Antequera: “Después yo, él”, algo que sombró a aquella España en blanco y negro de la posguerra, que, vestida de luto todavía pasaba hambre.


LA EXPOSICIÓN:”EL ARTE Y LA COPLA”


Dicha muestra sobre el único e irrepetible T. de Antequera-cuyos comisarios son mis paisanos y amigos Cristina Galán y Paco Clavel, junto a Juan Sánchez-, se abre con un interesante y documentado texto de la escritora Cristina Galán, donde de forma breve y concisa explica la vida y la obra del valdepeñero universal Tomás de Antequera, que no sólo triunfó en España, donde llenaba teatros y ponía el cartel de: “No hay entradas”, sino que, también triunfó en el extranjero, ya que como decía el propio Tomás: “Cruzó el charco”, donde también tenía llenos hasta la bandera en teatros de Bélgica, Suiza, Alemania, pero especialmente en Caracas (Venezuela), en la que estuvo casi 30 meses actuando diariamente a teatro lleno, lo que ocasionó que ganará bastante dinero.


En España, entre los años 40 y 60, fue muy admirado y seguido por el público, hasta el punto de que su canción: “Doce Cascabeles”, en 1953 fue la que más recaudó de derechos de autor, algo bastante difícil de conseguir en el mundo de la copla.


En la exposición, se hace un recorrido muy amplio por toda la carrera profesional del citado cantante, en la que se pueden contemplar, entre otras muchas cosas, una treintena de fotos de T .Antequera, en las que, en algunas de ellas, está actuando junto a otras famosas/os como: Lola Flores, Conchita Bautista, Carmen Sevilla, El Titi…


También se exhiben una quincena de fotografías de los años 40-50 y 60, en blanco y negro y ampliadas, de Tomás de Antequera; carteles de espectáculos que encabeza el citado Tomás; varios retratos al óleo; reseñas en diarios, revistas y semanarios de la época y actuales; el boceto del: “trampantojo”, en el que Tomás aparece entre otros autores valdepeñeros universales, como el poeta Bernardo de Balbuena, la poetisa Ana de Castro, el pintor Gregorio Prieto, los poetas Juan Alcaide y Sagrario Torres, el dramaturgo Francisco Nieva, el pintor e íntimo amigo mío desde la infancia Oscar Benedí; boceto y obra de mi paisano y querido amigo el pintor y profesor de Bellas Artes, en el Liceo español:“Luis Buñuel”, de París (Francia), Raúl Martín Moreno, donde vive actualmente felizmente casado con Paco Ortega Fernández y sus dos hijos.


OBJETOS PERSONALES


Asimismo, se pueden visionar objetos personales de Tomás de Antequera, como sus crótalos, que él llamaba: “Los chinchines”; varios pares de castañuelas, que utilizaba en algunas interpretaciones de sus canciones y coplas; gemelos que usaba en los puños de sus camisas, ya que fue un hombre coqueto, que siempre vistió muy exquisitamente y cuyos trajes cuidaba muy bien, incluidas sus famosas chaquetillas, que, algunas de ellas, se diseñaba, cosía y bordaba el propio Tomás; chaquetillas de las que hay expuestas 4 o 5, que han sido cedidas por la familia- otras muchas están donadas al: “Museo del Traje”, de Madrid-, como la mayoría de las piezas que se pueden contemplar, entre otras, la partitura original del: “Romance de la Reina Mercedes”, cuyos autores son los reputados y conocidos maestros: Quintero, León y Quiroga, canción, que fue una de sus más exitosas, junto a la bellísima interpretación que hacía de la: “Zambra de mi soledad”, que, personalmente, es la que prefiero, la que emociona hasta las lágrimas.


Igualmente se muestran portadas de sus discos y “cassetes”, además de programas de mano de sus actuaciones, sólo echo en falta algún disco de los primeros que grabó, que eran de los antiguos, de pizarra. Entre todas las piezas exhibidas, destacan la talla de la Virgen de los Dolores, que T. de A. tenía en su casa. También es una joya el precioso busto en escayola, que ha cedido su autor J. Lillo y que, posteriormente, fundió en bronce mi admirado amigo y paisano el citado escultor José Lillo Galiani, que regaló al pueblo de Valdepeñas su trabajo, siendo Alcalde mi viejo amigo Salvador Galán, que ordenó instalar en la calle que llevaba el nombre del gran tonadillero valdepeñero.


Pasados unos años, en el que la estatua del cantante citado fuera ultrajada, pintarrajeada, el actual Alcalde y amigo mío desde hace 40 años, Jesús Martín Caro, decidió cambiarla de sitio y subirla a un original pedestal más alto, donde se viera mejor y fuera más difícil que los gamberros la volvieran a manchar. Me parece un gran acierto haber instalado un par de televisores, en los que, en uno se pueden ver y escuchar varios vídeos de conocidos periodistas entrevistado a Tomás de Antequera, entre los que sobresalen Carlos Herrera y José María Paradas. En el otro televisor, se pueden oír muchas de las interpretaciones que el paisano y amigo Tomás de Antequera cantó en su vida, como: “Los doce cascabeles”, “Zambra de mi soledad”, Romance de la reina Mercedes”, entre otras muchas, que formaron su amplio, diverso y personal repertorio.


Sugiero, que todos los valdepeñeros/as visiten la exposición que comento, incluidos los pocos paisanos ancianos, que ya quedarán, que, sin el mínimo respeto que cualquier ser humano merece, sea la opción sexual que tengan, pero máximo, cuando se trata de la talla del citado artista Tomás de Antequera, le llamaban: “La Tomasíta”.


Bienvenida sea a mi ciudad-isla esta soberbia exposición-homenaje a Tomás de Antequera, artífice del que todos los valdepeñeros/as debemos sentirnos orgullosos, dado que llevó siempre en su labios el nombre de Valdepeñas, su patria chica, que ahora, cuando se cumplen 25 años de su muerte, homenajea muy merecidamente a un genial representante de la copla y a un hombre bueno, entrañable, sin malicia, que nunca guardó rencor a nadie, ni siquiera a los que en pleno franquismo inquisitorial, le prohibieron actuar durante un año, dada la persecución y represión que el dictador ejercía sobre los homosexuales.

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