Pasión Vega y sus ‘40 Quilates’ brillan en el Gran Teatro

|


250319 manz pasion


El concierto de Pasión Vega en Manzanares este domingo ha sido un éxito absoluto que no dejó indiferente a nadie, gracias a la sensibilidad y personalidad que la artista derrochó sobre el escenario durante un espectáculo muy esperado por los manzanareños y manzanareñas, que “por fin” se celebraba en la localidad, tal y como la propia artista bromeaba. Al principio del concierto, Pasión Vega enfatizaba que esta vez “nada ha podido impedir que yo esté hoy aquí”, y es que lluvias torrenciales o un apagón de más de dos horas impidieron que la artista pudiera actuar en la localidad en años anteriores, “hemos vuelto con ‘40 Quilates’, y la gente ha sido muy cariñosa, me lo he pasado bomba y ha sido muy bonito. Ahora durante siete años seguidos tengo que volver”.

La cantante celebra sus 25 años de carrera con una gira más personal centrada en su último trabajo discográfico, con canciones que han marcado su trayectoria, y que en su versión ‘íntima’, en directo y sin atrezo, hacen brillar su voz en estado puro, con la emoción y la frescura habituales de Pasión, aunque con aires renovados.

El Gran Teatro, con lleno absoluto de aforo, se ponía en pie al final de la actuación, un gesto que agradeció la artista, “el público es el que hace posible que siga cumpliendo sueños, y los sigo realizando como mujer y como artista en esta profesión maravillosa. En un escenario hay que ser de verdad, honesto y dar el 100%, y así ha sido esta noche”.

La anécdota de la noche la protagonizó un espontáneo al final del concierto que, antes del bis, se acercó al escenario y pidió un beso de la artista, un gesto simpático al que Pasión Vega accedió cariñosamente, “en esta profesión te das cuenta también de que formas parte de la vida de las persona a través de tus canciones, y les acompañas en su vida; esa es una labor que tiene el artista: acompañar, moverles, hacerles pensar, y emocionarles”.

El recorrido musical de la noche contó con grandes temas como “María se bebe las calles”, “Mediterráneo”, o “Querría”; y ponía el broche de oro “La tarara”, dedicada a su hija Alma y con quién canta habitualmente esta canción por la calle, “era la canción que mejor tenía que salir de la noche”.