¿Igualdad?

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¡No hagas eso! No deberías volver sola. No deberías ponerte eso. Mejor te peinas y maquillas de otro modo, más discreta. Mejor no llames la atención. No hagas que se fijen en ti. No vuelvas a esas horas, que tan tarde solo quedan las que van buscando algo. No bebas ni fumes, que eso lo hacen las guarras nada más. No te pongas tanto escote… ¡Qué te acompañe alguien, no vuelvas sola!


Y, ¿por qué?


La verdad es que resulta todo tan confuso y, al mismo tiempo, tan aburrido, tan repetitivo, tan, tan… Tan machista, que de eso se trata, de machismo y no de igualdad. De hacer sentir a una mujer que es inferior, que debe guardar las formas que ellos han impuesto y ellas aceptado tácitamente a lo largo de los años.


De hacer sentir a una mujer que no tiene derecho a elegir lo que se pone, lo que se toma, lo que hace, en suma.

Y es que, todo esto viene de tan lejos…


Parece una tontería, pero no lo es, cuando se hacen esos chistes tan graciosos, con esos trasfondos machistas, a los que está la sociedad tan acostumbrada que ni se aprecian y si dices que no te hace gracia, maldita la gracia, te miran raro y te tachan de feminazi, o lo que les pase por la cabeza y es que, todo esto es simplemente una cuestión de educación. Ni más ni menos, educación. Y no solo en las aulas, no nos equivoquemos, que allí se va a aprender, la educación de base es la que se mama a domicilio y se complementa en los coles, pero los papás son los que tienen que encargarse de inculcar valores de igualdad bajo su techo.


A nosotros, en términos generales, se nos educó en igualdad cero prácticamente: la niña tenía que aprender a limpiar, poner y quitar la mesa, hacer la cama, planchar, fregar, coser, cocinar y todos los quehaceres del hogar, mientras que, al niño, no. Sencillamente, no. Se preparaba a la niña para ser un ama de casa, ese era su cometido, saber llevar una casa y ser madre. Si además estudiaba, eso que se llevaba, pero qué mal visto estaba, y sigue estando en muchos sitios y cabezas, que una mujer no supiese hacer esas cosas. Una inútil. Y así llegaba a ser tachada incluso por su madre, abuela, vecinas, etc. Así era criticada y ninguneada por otras mujeres. Qué triste.


Y sigue ocurriendo, en zonas rurales y no tan rurales.


Y si hablamos de (supuesta) “decencia”, apaga y vámonos. Si te pasa algo, te lo has buscado por llevar esa prenda puesta, por estar a esas horas en tal sitio o por la calle… ¡a quién se le ocurre ir sola a esas horas!


¿Por qué se formula esa pregunta? ¿Por qué una mujer no puede ir sola donde le plazca y a la hora que le venga en gana sin exponerse a que un esperpento machista que la considera una cosa, un objeto, algo que no merece respeto alguno y con lo que puede hacer lo que le apetezca, lo haga? Y si luego trata de recomponer su vida y seguir viviendo, sería porque no le dolió tanto lo ocurrido… Se me ponen los pelos como escarpias, lo siento. No sé cómo puede haber quien piense y actúe así. Solo un demente. Pero claro, el demente sale impune la mayoría de las veces y ella, que con su pan se lo coma, que se lo buscó solita.


¡Qué asco y tristeza de sociedad que culpabiliza a la víctima y no condena al culpable, como debería ser!


Volviendo a ese costumbrismo tan rancio, tan alcanforado y patético, les voy a contar algo que me chocó y mucho: ayer un buen amigo me hizo un regalo, un libro estupendo, y me comentó que en el establecimiento donde lo compró, a la hora de envolverlo, le preguntaron si era para un chico o una chica, y así, elegir el papel más adecuado.


Qué pregunta tan aparentemente inocente, ¿verdad? Qué inoportuna, qué discriminatoria y qué absurda. A eso me refiero con los trasfondos de desigualdad, a los que está la sociedad tan acostumbrada que ni los aprecia. Esos son los que hay que eliminar.


Curiosamente, la Consejería de Educación, este curso nos ha pedido que hagamos hincapié en el tema de la igualdad. Genial idea, pero esto de luchar contra gigantes no es cosa solo de docentes. Si analizamos la publicidad que se ha visto durante el mes de diciembre, y parte de enero, acerca de los juguetes para Papá Noel o los Reyes, ustedes me disculpen, pero igualdad cero: juguetes para niños, juguetes para niñas. ¿De qué sirve que nos rompamos las uñas con la tiza en la pizarra enseñando a los niños que no hay diferencias, que somos iguales, si la televisión y la publicidad en general se dedican a demostrar lo contrario?


¿Qué tal si empezamos desde la base y vamos subiendo? Como se suele decir, vamos a sentar bien los cimientos para que no se caiga la casa. Hagamos ver a los niños que las niñas no son frágiles criaturas y que no pueden hacer con ellas lo que les dé la gana porque son superiores. Hagamos ver a las niñas que no son inferiores a los niños, que son iguales, que tienen los mismos derechos que ellos y que no están por debajo, sino a igual nivel. Eduquemos en igualdad.


Para terminar, les dejo el enlace de un tuit donde han colgado la actuación de “Las Irrepetibles”, una comparsa gaditana que ha rendido un merecidísimo homenaje a la víctima de esos dementes que se hacen llamar “La Manada”. Olé por esas Irrepetibles, que han puesto los puntos sobre las íes como se debe.


https://twitter.com/kamchatka_es/status/952130233443942410?ref_src=twsrc%5Etfw&ref_url=https%3A%2F%2Fwww.elplural.com%2Fsociedad%2F2018%2F01%2F15%2Fcomparsa-la-manada-cadiz-pasodoble-las-irrepetibles