Cataluña: violencia y sinrazón

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Podemos Valdepeñas, al hilo de las declaraciones de Jesús Martín sobre la cuestión catalana, quiere comunicar su postura ante la ciudadanía de Valdepeñas. Su postura, de acuerdo a los principios de democracia interna y autonomía del partido, no han de converger al milímetro con el resto de voces de Podemos y de Podem. Así sucede cuando una organización está abierta a distintos criterios y no se impone una sola voz.


Sucede también en otros partidos. Las palabras de Jesús Martín nada tienen que ver con lo que Pedro Sánchez manifestó en Madrid la noche del 1-O, donde criticó lo sucedido, tras el bochorno que nos ha entristecido y avergonzado a los españoles frente al mundo. Y no por la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en sí: han sido enviados a un avispero a sabiendas y han cumplido con su cometido en un ambiente hostil. Los responsables de la violencia desatada han sido por un lado, los incendiarios y por el otro, los que en su papel de bomberos han dado orden de echar gasolina al fuego. Es intolerable que unos y otros hayan pintado con su irresponsabilidad el paisaje de devastación con el que nos acostamos el domingo. Unos se levantaron de la mesa común, agarrando el mantel y amenazaron con irse, mientras que los otros no supieron más que agarrarlo del otro extremo, hacer oídos sordos y esgrimir el cuchillo amenazante, ante la atónita mirada de los que queremos tener la fiesta en paz.


Nadie duda que la respuesta dada al desafío catalán sea legal. Si algo se nos ha repetido hasta la saciedad estos días es el entramado legal vigente. Lo que se puede dudar es de si es pertinente. Si esgrimir las leyes, a modo de acero inamovible, ante un conflicto político -y más tratándose de algo tan racial como los nacionalismos- sea lo adecuado.


Los conflictos políticos surgen cuando ante una demanda de parte o toda la sociedad no se da respuesta. ¿Se imaginan que ante la demanda social de existencia de divorcio en 1981 la UCD hubiese respondido “no es legal” y hubiese mandado a las fuerzas del orden público contra los desobedientes? Más aún. ¿Se imaginan a Suárez ante la demanda social de democracia remitiendo a los actores políticos de entonces a las ocho Leyes Fundamentales del Reino? Evidentemente, ‘no’ es la respuesta.


Ante los conflictos, incluso los políticos, existen dos maneras de afrontarlos. Uno, como los chiquillos en el patio de colegio, buscando culpables. Ha sido él. No, ha sido él. Él empezó. No, empezó él. Y otra, buscando soluciones. Podemos fue el único partido que hizo referencia a una solución al conflicto político planteado tras las elecciones generales de 2015. Y lo hizo ligándola incluso a la posibilidad de entrar a formar parte de un Gobierno. Puede ser una solución que guste más o menos, pero es una solución, frente a la inacción y remitirse a la ley de unos y al nadar y guardar la ropa de otros.


Nada de esto aparece en la respuesta simplista de D. Jesús Martín Rodríguez-Caro. “Aquí parece que hemos confundido los valores y que los malos son aquellos que nos defienden, lo cual quiere decir que hay una parte de la política española que está enferma”. Si algo deberíamos haber aprendido de este conflicto, es que diferenciar entre buenos y malos, entre nosotros y ellos, es el primer paso para el fracaso social y colectivo de un país. Por fortuna, su mismo partido ha pedido la reprobación de Soraya Sáenz de Santamaría, auqnue consideramos que es un gesto que se queda corto, sin solucionar nada. Ella dio la orden de combatir el fuego con gasolina. No sabemos si su propio partido a Jesús Martín también le parece esa parte de la política española enferma.


Lo que sí sabemos es que, si existe en España un alcalde que pueda competir con los secesionistas en saltarse la ley, ese es Jesús Martín. Ahí están sus continuas derrotas en los juzgados para atestiguarlo, mientras los valdepeñeros y valdepeñeras pagamos las facturas. Quizá, a la hora de confundir los valores y defender la legalidad, prefiere, una vez más, decir lo que los demás deben hacer, pero no hacer nada de lo que la ley, en este caso, diga.