Falta de liderazgo político

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Louis Stevenson afirmaba que la “profesión del político” es la única para la que no existe ninguna preparación específica, a juzgar por la diversidad “curricular” existente tendríamos que admitir una base muy cierta en nuestro pensamiento.



Tanto en el marco local, autonómico o nacional, todos hemos conocido políticos para todos los gustos: desde prestigiosos universitarios que acreditan sólidas preparaciones a iluminados que, por no tener, ni tan siquiera superaron su nivel elemental.



Pero podemos estar muy de acuerdo con la existencia de una cualidad que debe ser imprescindible para lograr el éxito en política: EL LIDERAZGO POLÍTICO.



En los momentos de más incertidumbre es cuando más se necesita de alguien, que por sus especiales virtudes nos pueda servir de referente y guía.



Prestancia, comunicación, imagen, dedicación, son atributos que no son ajenos a la figura del líder político y hándicap de nuestra situación en la que la política “del todo vale” presenta curiosos ejemplos de “rastras, fumaos marginales, pretendiendo hacer de la ordinariez en símbolos ¿progresivos o regresivos? alterando los valores que permiten deformar muchas de nuestras opiniones.



Pero siempre ha habido unas características, muy fundamentales que han definido el liderazgo político: ¿Cuáles son las características que definirían el liderazgo político de nuestro tiempo? ¿Y en qué rasgos reconocemos, indubitadamente, a un líder político?



1. La credibilidad. Constituye el rasgo más importante que nuestra sociedad exige a sus líderes. En nuestros días es la cualidad más valorada en un líder. Uno de los fallos más denunciados en nuestro sistema, con políticos que dicen que van a hacer algo y luego suscriben lo contrario… ¿Recuerdan cuando el Presidente de nuestra Autonomía, dijo en las Primarias del PSOE, que si no salía triunfante la candidatura de Susana Díaz dimitiría?



Parece que una vez más priman los intereses del rango y amor por la poltrona.



2. La firmeza. Contrario a la duda y al zigzag, y especialmente necesario en tiempos de crisis, donde políticos como Churchill ofrecieron su ejemplo de tenacidad en su lucha contra el III Reich. La Historia le convirtió en el tipo de Líder que necesitó aquella Europa. La firmeza y la resolución producen seguridad en los ciudadanos.





3. La autoridad (que algunos confunden con el autoritarismo y así nos va especialmente en la Escuela y en la educación familiar) que no es imposición que convierte al líder en un caudillo local, donde confluyen las políticas del partido en una persona que se convierte por si mismo en el intérprete total de su partido.



4. La honestidad. Ser honesto con sus ciudadanos votantes y virtud tan depreciada por la conocida corrupción tan enraizada en la actuación de muchos de nuestros “políticos”.



5. La convicción. Primando el diálogo sobre la imposición. Con autoridad más moral que ejecutiva porque convence tanto a sus seguidores como incluso a los adversarios. Gandhi ha sido el símbolo mejor de esta cualidad. Su simple prestigio y autoridad moral le bastó para derrotar al imperio británico con principios irreductibles frente al autoritarismo de entonces.



6. La empatía. Los políticos cada vez son más semejantes a los actores, simpáticos y capaces de atraer la atención de unos ciudadanos que a pesar de estar pasando situaciones difíciles, consiguen llamar su atención aportando dosis de optimismo. Se dice de Kennedy que le bastaba un solo gesto o mirada, para transmitir una idea y captar los sentimientos de sus ciudadanos que convertía a su labor política.



7. Ejemplaridad. Hay políticos que hablan muchísimo en la calle, pero en su intimidad practican lo contrario que predican, desde el “porro, la coca, el alcohol y hasta la violencia” …



Posiblemente no habrá que excluir otros rasgos, pero creo que, en estas características, encontramos las razones que justifican el comportamiento electoral de la mayoría de nuestros ciudadanos.



Según se va acercando la fecha para nuestra próxima cita electoral, los candidatos “tendrán que irse poniendo las pilas” y no será de recibo aquellos comportamientos de cuantos anulan cualquier opinión que les pueda cuestionar