El cíclope nievano

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Eurípides, en su Cíclope, fue una especie de pre-Offenbach al parodiar la solemnidad épica en esta farsa de la Odisea. Pero toda parodia es también un homenaje a lo parodiado. Así como Eurípides homenajea a Homero, Nieva nos va a homenajear al Mundo Clásico. Como creador genuino que fue, Francisco Nieva pertenece a la alta nobleza del pueblo español, y aquí nos enseña que en la Antigüedad Clásica está el porvenir de Europa, una Antigüedad en la que Europa, al fin, dejará de estar anticuada. Sólo desde la Antigüedad Occidente puede nacer siempre y corregirse. Mientras los dioses viven despreocupados, allí en los intermundia lucrecianos, el hombre se enfrenta cada día a los cíclopes, o como Sísifo a la roca irreductible. Todos los mitos son políglotas, como la pintura, y nos explican cómo somos todos los hombres. Los cíclopes serán siempre los guijarros molestos en la bota de una Europa andante.

Aquí, en El Cíclope, de Francisco Nieva, otra obra jamás representada, el experimentado Ulises, equilibrado y un tanto cínico, llega tras un naufragio a una tierra dominada y manchada por los cíclopes, la isla verdinegra, sucursal de los infiernos, endemoniado pedrusco, siniestra joroba en el mar, apestosa salpicadura de excremento en el mapa, finca particular, en fin, de un quídam, reconocida y registrada en los dominios de Plutón y la muerte, en donde todo es anormal y peligroso en grado sumo. Vuelve en sí, gracias a Sileno, héroe romántico y él mismo mito. Sileno es el complemento romántico del clásico héroe aventurero Ulises, de memoria paleográfica. En la primera parte de esta farsa este “estrambótico pelmazo” que es Sileno, como en un prólogo que es realmente un viaje de iniciación, lleva de la mano a Ulises, como Virgilio dirigirá al Dante, a las mismas fauces de Polifemo, el Cíclope por antonomasia. Y en esta pavorosa aventura Ulises volverá a demostrar que es “toda una máquina de guerra”. Pero quizás Sileno no sea un traidor de ese héroe de Occidente que es Ulises, sino que viera en el hijo de Laertes el redentor y liberador de una tierra sometida a la barbarie.

Sileno es pariente del heterodoxo antropófago Polifemo. Tanto la antropofagia intermitente del más conocido Cíclope, enemigo por antonomasia de toda civilización, como su sexualidad voraz, no son más que símbolos de algo mucho más serio y esencial como tema de la obra: el poder que se funda sobre la sola fuerza bruta. Todo poder desnudo viola y roba. El temor, el honor y el valor libran su batalla en el pecho confundido del héroe. La mitología no se para en barras a la hora de delirar. El fin de la Primera Parte, con la constante anfibología agudísima del nuevo nombre propio de Ulises, Nadie – quizás su nombre hispostático -, termina poniendo a Ulises al borde de la muerte, de ser bárbaramente violado y comido.

La situación de Ulises/Nadie es complicada y absurda, como un rorro en los brazos amorosos y golosos del antropófago Polifemo. Polifemo defiende el derecho a su crueldad bárbara comparándola con otras absurdeces sangrientas: ¿Pero no era absurda la guerra de Troya, iniciada por un cornudo y su puta? Mas la amenaza de Polifemo va en serio:

-Tú y yo tenemos que batallar amorosamente hasta extremos inconcebibles.

Ulises consigue tiempo para su vida a través de la práctica de su sabiduría artística, la danza. Y Polifemo, viendo cómo baila desnudo Ulises/Nadie, como su gigoló, se llena de un entusiasmo voraz que le lleva a beber sin tino la bebida infernal del bálsamo de cabra, lo que le lleva a un sueño profundo que cierra su único y horroroso párpado.

Es entonces cuando Ulises/Nadie comienza a cumplir su misión redentora: volver a traer la civilización a aquella isla infernalizada por la fuerza de los peores ( la civilización no es otra cosa que la fuerza de los mejores ), preparar la jabalina dejada a escondidas entre hojarasca por el posibilista Sileno ( representante del pueblo que contemporiza con la fuerza del mal por miedo ) y cegar a Polifemo despierto ( Occidente sólo puede destruir al bárbaro caballerosamente ). Es así que Don Nadie se convierte en redentor y liberador de la anticiviliación. La barbarie es ahora un vestiglo minusválido. La magia siniestra del paisaje de la isla se torna irradiante y alegre, aleluyática. La vida vuelve a ser hermosa sin Polifemo. Ulises, campeón de Occidente, vuelve a afirmar la divinidad de la vida. Porque eso es lo que ha enseñado Occidente, la alegría de vivir. Teatro profético, Europa espera de nuevo al Ulises que extermine a los nuevos cíclopes.