Arturo Prins: “Quería ser piloto de avión y, ahora, con el arte vuelo más alto aún”

|


El artista español-argentino, Arturo Prins, vuelve a Valdepeñas. Del sueño de ser piloto de avión pasó a ser artista. Considerando el arte presente como estúpido, se piensa como un artista libertario, nómada, erótico, que luchará por recorrer el camino hasta el final, ya esté despoblado o habitado. ‘Demasiado para vosotros’ da nombre a su nueva exposición. Las obras se pueden disfrutar desde el 8 de julio al 8 de septiembre en el Museo de la Fundación Gregorio Prieto.




Acabas de inaugurar en el Museo Gregorio Prieto una nueva exposición, llamada ‘Demasiado para vosotros’. Cuéntanos un poco sobre ella, la temática y con cuántas obras cuenta.



La exposición cuenta con casi cien obras entre dibujos, pinturas, esculturas y dos piezas cinematográficas. ‘Demasiado para vosotros’ es un juego provocador, porque creo que la sociedad se está quedando en la superficie a la hora de analizar las obras de arte que también hay que decirlo, cada vez se vuelven más banales. De alguna manera, el trabajo que estoy realizando hace tiempo, está siendo ignorado por las galerías de arte. De modo que termina siendo un trabajo marginal, pero libertario. La libertad para mi es subversión y en muchas ocasiones resulta incómoda. La libertad y la autonomía a veces llevan a la confusión, por eso es ‘demasiado’ para la gente, y la golfería visual es condenada en ocasiones. Tengo la sensación de que mi trabajo es como una gran soltería visual. Me gusta el juego y la promiscuidad de técnicas y motivos. Mi trabajo tiene la alegría de la pureza del juego, del cambio, de lo camaleónico, sin importar el ejercicio de estilo. En ese sentido, ese anillo tan codiciado del mono esteticismo, del sello y de la firma, no me interesa y me lo paso por el forro. Como un niño, juego libremente. Puedo pintar a una ninfa defecando en una letrina como el tercer ojo espiritual abriéndose y ascendiendo en el Himalaya. Como decía el pintor Sigfrido Martín Begué “el estilo son los defectos, es una máxima eterna. No suele reconocerse, pero al repetirse tantas veces, termina siendo una virtud y ese es tu estilo.” En mi caso, es algo ambiguo, desubicado, gitano, movedizo.



¿Qué podrá el espectador encontrar entre tu galería artística?



El espectador podrá encontrar diversidad ante todo. Mucho simbolismo arcaico, oriental, naíf. Hay humor, sensualidad, pinturas que intentan unificar la dualidad entre el erotismo y la aspiración a un idealismo culminante, en un constante ejercicio de libertad de géneros y de reinvención de mí mismo. Tengo algo de mago, pretendo que mis trabajos ventilen fuerza y alegría, imprevisibilidad, sorpresa y misterio. Hay que currárselo para abrirle los candados a mis obras, pero las llaves están allí, ¡cójanlas! De hecho he escrito 25 leyendas de 25 obras para la exposición. Intento construir paisajes de extraña belleza, paraísos exóticos. Oasis para que la gente disfrute del espacio visual que se crea, con mucha simbología y diversas capas de lectura. Por otro lado, está la pluralidad; me suele ocurrir cuando expongo, que la gente se cree que es una colectiva, y el espectador o el coleccionista andan buscando un sello para poder reconocer al artista. En mi caso al no tenerlo definido claramente, esa libertad se paga cara, las galerías no lo entienden y te ignoran al no haber una firma reconocible.



¿En qué momento te adentraste en el mundo del arte?



Me adentré a partir de los 21 años, cuando me dijeron que no podía ser piloto de avión. En ese momento, no sabía qué hacer. Mi madre me recomendó entrar en una escuela de arte en Madrid y finalmente acabé estudiando allí, en el Estudio de Soto Mesa, con el excelente profesor, artista y finalmente amigo Maurizio Lanzillotta, un verdadero iniciador para mí. Sin quererlo ni pensarlo acabé enamorándome de las artes. Ahora vuelo más alto que siendo piloto.



Aunque no es la primera vez, ¿qué se siente al tener una exposición con tu nombre y sentir que la gente disfruta observando tu trabajo?



Es un gran reconocimiento. Valoro bastante a Valdepeñas porque es una tierra que ha cuidado mucho a los artistas, los protege. Mando desde aquí mi agradecimiento a la Fundación Gregorio Prieto por su generosidad y su atención a las artes en La Mancha. Esta tierra de tinajas me lleva a pensar constantemente en Diógenes, un filósofo del siglo V a.C, que vivía en una especie de ánfora de vino, que era su única casa. Era un filósofo desvergonzado, sin miedo del qué dirán. En ese sentido, me siento identificado con él y ahora vengo a ocupar la tinaja de Valdepeñas. De alguna manera, este museo se va a convertir en una tinaja que me va a proteger, que me vas a dar techo y cobijo.



¿Qué obra destacarías de esta exposición?



Destacaría ‘Lo profundo ama la máscara’ que es una dama sentada en un váter elevándose como una asunción, en el que la mitad de su cuerpo es un espíritu y la otra mitad un cuerpo erótico de una ninfa con minifalda y taconazos, mientras se lee un tratado de metafísica llamado ‘Tratado sobre el Fuego Cósmico’. Esa pieza me parece una de las más potentes. Por otro lado, destacaría ‘Nuestras ideas sobre el mal’, seleccionada literalmente de los textos: `La Doctrina Secreta´ de Madame Blavatsky y `Las cartas de los Mahatmas´ con escritos de maestros indianos, transcrita por mi puño y letra en una pequeña hoja y ampliada en otra gigantesca carta que mide 2,14 metros de alto por 1 metro y medio de ancho, ambas dos están enmarcadas en pan de oro. También hay dibujos que son cuadernos de viaje de Nueva York, Tailandia, Creta, Méjico y Filipinas. Son como cuadernos de bitácora visuales. Algunos, como el de Creta, están embebidos por enseñanzas orientales, extraídas de `Las hojas del Jardín de Morya´, sutras de un yogui de los Himalayas.



¿A cuál de ellas le has dedicado más tiempo?



Yo creo que todas han sido un conjunto. No lo puedo individualizar a una sola gran pieza. A lo mejor hay alguna, como ‘El retrato del Alma´, pero conjugo toda la diversidad como una gran unidad.



¿Qué es lo que quieres transmitir con tus obras?



Quiero transmitir conocimiento, placer, bienestar y provocación. Por otro lado y de alguna manera mi trabajo también pasa por soportar la mirada de los otros. En general, este grito de ‘Demasiado para vosotros’ no solamente va para Valdepeñas, que se acercará a ver la obra. También habla a los galeristas y críticos de arte. Mi trabajo está costando mucho que la gente lo vibre o interiorice. Lo sienten individualmente pero no en conjunto. Un galerista me ha dicho que si me exponía, se estrellaba. Un comisario y profesor de filosofía intentándome ayudar, me decía “Arturo, ¿cómo presento tu obra a una galería?, es muy marciana”. Un comprador vino a mi estudio a ver que podía llevarse, al final se gastó 20.000€ comprándole a otro compañero de estudio, mientras que a mí jamás me compró una sola obra. Le pregunté por qué nunca se había lanzado conmigo y me contesto “Arturo, tú pintas para los dioses, para otro plano”. 

Una pareja de coleccionistas confundieron el intento de pedirles mecenazgo con mendicidad. Mi vida personal y sexual, que aparecen en mis pinturas, la juzgan con sus criterios cristianos y moralistas. Entonces, mi vida que está vinculada con la obra, termina siendo enjuiciada. De modo que padezco cierta marginación, pero como reza el dictum escrito en el excelente texto de la exposición por Christian Bagnat, ´Quien se margina, se centra´. Es parte del esfuerzo y mi decisión de ir por libre. Los galeristas me han demostrado lo poco que saben de arte, excepto unos pocos, como Valle Quintana, que es una gran galerista, osada y culta. Pero la gran mayoría no entiende de arte, y se marean con mi trabajo. No ven continuidad y al no decodificar la simbología arcaica, se pierden. ¡Pero bueno señores!, ¿será demasiado para vosotros. El riesgo es uno de los grandes trabajos que se le pide al arte, y a veces es polémica, que para mí es el deber de todas las artes, una disciplina púgil, que inquiete.



¿Qué artistas han condicionado tu paso hacia el éxito?



En realidad no sé si tengo éxito ahora mismo. No vendo ni un clavo. Como le dije a Luis Gordillo en una ocasión, a lo mejor tengo que esperar unos veinte años para que entiendan mi trabajo, él me respondió: “O cien Arturo”. De modo que, a lo mejor me pilla muerto. Los artistas tienen que ir siempre hasta el final, tirando solos, abriendo brechas, incluso en sitios muy solitarios y despoblados, pero siguiendo la fe que tienen. Personalmente, admiro mucho la calidez emocional de Mattise, la versatilidad y el juego provocador de Francis Picabia o la osadía y el espíritu rebelde de Martin Kippenberger o Jiří Dokoupil. Con esto quiero decir que me interesan los pintores atrevidos que te dejan desconcertado y que vibran en calidez, buen humor y emociones.




¿Cómo valorarías el mundo artístico en el presente, en el siglo XXI?



Muy estúpido, bobo, banal y políticamente correcto. Para mí el arte es un juego peligroso, osado y no está para ser papilla picada y dársela al espectador en cucharita. El artista se ha vuelto frío, decorativo, ornamental, superficial, de pieles, pero no tienen la fuerza de los visionarios antiguos, como William Blake o John Martin. El artista bien podría ser un rebelde y disciplinado visionario. Hay pocas capas que absorber y vivimos en una época muy fría y estúpida, donde se ha perdido el contacto con la simbología, con la escritura, con la alquimia visual, con el nomadismo solar y nos hemos vuelto sedentarios, burgueses y comodones. En ese sentido, aspiro a revelarme a esa situación contemporánea del arte y lo intento trayendo calidez, color y vida.