Pilar Serrano explicó las pugnas económicas de las ordenes de Santiago y San Juan en torno al castillo de Peñarroya

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Los conflictos entre las Órdenes de Santiago y San Juan con el Castillo de Peñarroya como denominador común fueron recordados por la historiadora Pilar Serrano de Menchén en la última charla de las Jornadas Santiaguistas que organiza la Hermandad de Patrono de La Solana. La ponente habló de las peleas económicas surgidas entonces, cuando Peñarroya era uno de los mayores asentamientos de ganado con más de 11.000 cabezas.

Serrano de Menchén relató algunos de los múltiples problemas a consecuencia de la división territorial por parte de la Orden de Santiago con la de San Juan focalizados en torno al Castillo de Peñarroya. Explicó que dicha fortaleza tenía su jurisdicción propia dentro del territorio de la Orden de San Juan y que su alcaide era sanjuanista, comenzando los conflictos cuando éste se interpolaba en el territorio contrario.

La historiadora argumentó que cuando ambas Órdenes dividen el territorio en el año 1.237, acuerdan que se no debe poblar entre Peñarroya y Alhambra para favorecer pastos comunes. Una circunstancia que ocasionó muchos problemas con la Orden de Santiago, donde pertenecía La Solana.

Eran peleas económicas, indicó, porque los sanjuanistas tenían el privilegio de controlar toda la corriente del Guadiana y Peñarroya era uno de los mayores asentamientos de ganado de la Orden de San Juan con más de 11.000 cabezas. La Orden de Santiago tenía unos lugares establecidos para llevar su ganado, dijo Serrano, pero cuando se extralimitaban las zonas, surgían los problemas.

La conferenciante explicó como el Castillo de Peñarroya siguió perteneciendo a los hospitalarios hasta el siglo XIX, coincidiendo con la desamortización de Mendizábal, que provocó que quitaran los bienes al clero y expropiaran dicha fortaleza en la que vivía un teniente de alcaide a modo de administrador y tres guardas.

Pilar Serrano de Menchén recibió una gran ovación por los numerosos asistentes en el Aula San Juan de Ávila de la Casa de la Iglesia, siendo obsequiada con un bordón de peregrino y una placa conmemorativa. 

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