Perdonar y olvidar, ¿hasta cuándo?

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Pienso que somos un país que no sabe aprender las lecciones de su pasado. Eso nos pasa y en demasiados temas. Cuando me refería al “ambiente de medina” que van adquiriendo nuestras calles, me costaba trabajo entender los vericuetos de nuestra política exterior:



El 3 de noviembre de 1980, el pesquero grancanario Mencey de Abona desapareció a escasas millas de las costas del Sáhara. Un mes más tarde el cadáver de Domingo Quintana, uno de los 17 tripulantes del barco, apareció flotando en el mar, atado de pies y manos y con signos evidentes de haber sido brutalmente golpeado y estrangulado antes de ser arrojado por la borda. Los cuerpos de sus 16 compañeros jamás fueron recuperados.



Los asesinos eran del Polisario y parece que lo hemos perdonado, ¿complejos de conciencia de un pasado colonial?


Hoy estamos volcados en ayudar al pueblo Polisario, ¿pero es necesario y comprensible que sus ciudadanos acogidos tengan que significarse con sus ropajes para diferenciarse?



Deberían esforzarse en estrechar vínculos con este país que les viene apoyando, pues estamos entrando en un periodo en Europa que cada vez hay más recelos hacia los refugiados…



Ha sido más fácil olvidar resentimientos provocados por los conflictos en el Sahara, aun considerando que PSOE y el PP han practicado siempre una doble moral, y los Polisarios jamás han pedido perdón...



Y no se ve atisbo alguno de que puedan mejorar nuestros políticos en sus actuaciones: apenas hace una semana todos veíamos como ciertos diputados del parlamento con gran falta de decoro y educación se divertían con sus móviles ¿estarían cazando algún pokemon ?



¿Qué valores cívicos pensamos transmitir a otra generación que ya está ahí?



Seguimos sintiendo vergüenza por tanta decadencia asfixiante.

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