Francisco Nieva: "Yo me encuentro satisfecho de la vida, todo lo que uno puede estar siendo una persona normal y sencilla"

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Con motivo del fallecimiento del gran dramaturgo valdepeñero Francisco Nieva, he querido rescatar esta entrevista que tuve el privilegio de realizarle en el año 2009. Un preciado documento para mí que hoy adquiere un significado especial. Sirva como un particular homenaje hacia uno de los mejores dramaturgos españoles de todos los tiempos. Descanse en paz.


Asegura que ahora, superados los 80 años, es más pesimista. No importa. Dejo constancia de su furia en un puñado de obras de teatro que hoy ya son clásicos de nuestra literatura. Eterno finalista del Premio Cervantes, el mundo de las letras aún le debe a Francisco Nieva, el dramaturgo nacional vivo más representando, un homenaje.


¿Cuándo despertó la pasión por el teatro y la literatura en Francisco Nieva?


Desde muy pequeño. Mis padres viajaban con frecuencia a Madrid y los acompañaba a menudo. En esos viajes, me llevaban al teatro, ya que, si no dabas mucha guerra te dejaban entrar. Con ocho años mi madre me llevó al Teatro Español, donde se representaban  'Los entremeses', de Cervantes, y 'La Vida es sueño', de Calderón de la Barca. Ambas, puestas en escena por Federico García Lorca, quien además interpretaba el papel de La Muerte en 'La vida es sueño'. A mí, a pesar de la edad, aquello me impresionó de un modo muy especial. Sobre todo 'Los entremeses' dirigidos por Lorca y con decorados de Salvador Bartolozzi, ilustrador de mis cuentos de niño, los cuentos de Calleja.


Clasifica sus obras en Teatro Furioso y De Farsa y Calamidad. ¿Por qué?


El Teatro Furioso era un teatro muy de protesta, antifranquista en el fondo. Mientras que el Teatro de Farsa y Calamidad es un poco más calmo, más tradicional. Pero también surrealista y moderno. La diferencia entre ellos, que uno no puede estar escribiendo furioso toda su vida, aunque ahora a lo mejor hay motivos para escribir furioso otra vez. Pero en aquel entonces, sólo cuando acabó el régimen de Franco pude estrenar 'La carroza de plomo candente' y 'El combate de Ópalos y Tasia' en el Teatro Fígaro de Madrid y fue un éxito enorme.


La Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial, la dictadura, la transición.. ¿Los cambios históricos y sociales se han reflejado en su obra?


Sí, mi teatro siempre ha sido político. Es posible que por eso, en algunas ocasiones o bajo algunos regímenes, mi teatro haya tenido alguna reticencia en estrenarse. Es un teatro que tiende a ser protestatario, ya que siempre hay muchas cosas por las que protestar. Pero mi reacción siempre es satírica y divertida, y aún cuando es un teatro refinado en algunos aspectos, a la gente del pueblo le gusta mucho. De hecho, he visto representar mis obras en los sitios más inesperados, por estudiantes, por aficionados y por compañías independientes... He sido, quizás, el autor español que más ha podido estrenar a lo largo del tiempo.


En sus primeros años en Madrid ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y se introduce en los círculos del 'postismo'. ¿Qué recueros tiene de aquello?


Tengo muy buenos recuerdos. El 'postismo' vino a completar el panorama cultural, ya que estaban introduciendo la posmodernidad. Me formaron tan bien que, cuando llegué a Francia, ya sabía de arte moderno casi más que muchos franceses.


¿Cómo describe su estancia en el país galo?


Fue magnífica. Al principio muy mal, porque no tenía de qué vivir y tuve que buscarme la vida como tantos estudiantes, recogiendo papel o haciendo servicio doméstico. Pero tuve la suerte de casarme con una mujer muy influyente que era administrador civil, un puesto que pocas mujeres podían abordar entonces. Por eso, me relacioné con personas muy importantes de La Sorbona e infinidad de investigadores científicos o literarios. Eso fue muy bueno para mí. 


De las obras que ha escrito, ¿con cuál se quedaría?


Hay varias, cuatro o cinco. Pero me quedo con 'La señora tártara' que tuvo mucho éxito pero, una protesta de actores -inducidos por una actriz muy revoltosa- hizo que se cortaran las representaciones.


¿Actualmente se hace en España teatro de calidad?


Sí, se hace teatro de calidad. Pero más pobre que el que yo necesito hacer. Es decir, no me con formo con tres actores y un tresillo, necesito más cosas para poder expresar.


¿Cómo está ahora mismo el mundo de la cultura? ¿Hacia dónde camina?


Hay escritores muy importantes en España en este momento, y lo veo bien. Hay gente muy interesante con grandes méritos. Y no sólo la española, sino la americana en castellano, donde hay gente como mi compañero Mario Vargas Llosa que es formidable...


Almagro es famosa en el mundo de la cultura por su acreditado Festival de Teatro Clásico. ¿Qué significa esta ciudad para usted?


Significa muchísimo. En estos momentos me puedo considerar el presidente del patronato del festival, así que imagínate si me parece importante. He representado algunas obras mías en Almagro y su teatro ha sido para mí una casa maravillosa.


Durante su trayectoria, ha sido reconocido con importantes premios como el Premio Nacional de Teatro. ¿Qué significan los premios para usted?


Son un aliento, dan valentía y siempre me han sentado muy bien, sobre todo si están dotados con una cantidad de dinero. Me estimulan. Pero intrigar para que me lo den, jamás lo haré. Hay algunos que sí lo hacen, piensan en ello y lo desean fervorosamente. Yo no. Espero que me lo entreguen según mis méritos y no lo he deseado ni solicitado nunca. Un premio es un gran honor pero no es una cosa que signifique realmente tanto para mí.


Prefiere el aplauso...


Por supuesto. Ha sido fantástico comprobar que obras muy sofisticadas y surrealistas, al ser representadas ante un público popular, registran un gran éxito. Ése es el verdadero premio.


¿Qué diferencia existe entre el Nieva que se inició en el mundo del teatro y el actual?


Muchísimas. Con 84 años, el mundo se ve de una manera totalmente diferente. Soy más pesimista, claro está. Me parece que todo termina mal. Esa es la cuestión, en la vida y en todo. Eso es lo temible. Pero, claro, soy ya mayor y se debe hacer caso de la gente joven, que tiene todavía muchas esperanzas.


Tiene una compañía de teatro, es un escritor prolífico, dramaturgo... ¿Qué le queda a Nieva por hacer?


Nada más, o por lo menos, no mucho más. Sin embargo, sigo escribiendo. Todas las semanas escribo un artículo para La Razón. Además, se han publicado mis obras completas en Espasa Calpe y el verano pasado estuve haciendo una versión de 'El cíclope', de Eurípides.


¿En que´está inmerso ahora mismo Francisco Nieva?


Con los artículos para La Razón y con las cartas de los lectores, que a veces no están de acuerdo con mi opinión y otras veces sí. Yo lo agradezco infinitamente. Eso quiere decir que se me lee, a pesar de lo raro que está el mundo y el desafecto hacia ciertas ideas. Yo me encuentro satisfecho de la vida, todo lo que uno puede estar siendo una persona normal y sencilla.

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