El cénit de Julián Estrada

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Indiscutiblemente la figura de Julián Estrada es venerada en tierras manchegas desde que irrumpiera exitosamente en la ciudad del vino a mediados de los noventa. Pero no se trata de una admiración condescendiente ni benévola sino todo lo contrario, a Julián se le ha exigido de manera rígida y rigurosa en cada una de sus apariciones en Valdepeñas que subiera el listón como mínimo un centímetro más, cual recordman de salto de altura. El pasado sábado Estrada volvía a pasar examen y volvió a conseguir una victoria rotunda y contundente, la que más, en el que desde hace muchos años es un escenario fetiche para él.


Se presentaba en esta ocasión el pontanés custodiado por dos guitarras legendarias, las de Niño de Pura y Manuel Silveria, lo que había levantado todavía más expectación por saber lo que nos ofrecerían sobre el escenario. Precedido por la introducción del primero, que lo acompañó en la parte inicial del espectáculo, en cuanto Estrada se arrancó por tonás presentimos otra noche eterna. Los cantes mineros (murciana, levantica y taranta de Linares) y la siguiriya fueron confirmando los presagios. Estrada ha alcanzado la madurez de su cante, lleno de sensibilidad y matices, sin perder un ápice de facultades vocales, lo que le permite ofrecer flamenco de mucha enjundia. Con el buen hacer de los hermanos Gamero a las palmas, llegaron los tientos-tangos y una selecta colección de fandangos de Huelva rematados con el famoso fandango de “la pena grande” de El Carbonerillo que dejaron al respetable rendido a sus pies.


Una soleá de veinticuatro quilates abrió la segunda parte del recital acompañado por Silveria. Con los cantes malagueños (malagueña, rondeña grande, jabegote y verdial) y las cantiñas gaditanas continuamos viviendo el sueño en el que se había convertido el recital. La preciosista reverencia a El Chino de Málaga y Jiménez Rejano a ritmo de tangos nos acercaba al desenlace del mismo.


Mención especial a los dos guitarristas, que supusieron el contrapunto ideal a la voz de Estrada, aportando todo su conocimiento y calidad musical para que el principal protagonista brillara todavía más si cabe, y convirtiendo la función en una sinfonía. Con ambos sobre el escenario se inició el final del concierto para interpretar el “romance de la reina Mercedes” por bulerías, que nos deparó dos falsetas a dúo que sonaron sencillamente sobrehumanas, enlazando con fandangos que rinden pleitesía a Manuel Vallejo que pusieron el teatro-auditorio municipal boca abajo.


Julián Estrada lleva muchos años siendo una de las voces más destacadas del mundo del flamenco, y así lo reconocen público y compañeros. Ha llegado el momento de que crítica, prensa y programadores le den el sitio que realmente merece, que no es otro que el de uno de los cantaores trascendentales de nuestro tiempo. 


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