‘El Estampío’, sangre solanera y pasión japonesa en escena

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La Plaza Mayor vivió un espectáculo a caballo entre lo tradicional y lo exótico, entre lo español y lo japonés, entre lo manchego y lo andaluz. Pero con un denominador común: el flamenco más puro, más auténtico y más natural. Así es el montaje con el que está girando Jaime Fresneda García-Cervigón El Estampío, un chaval de Argamasilla de Alba y madre solanera que aterrizó en la feria de Santiago y Santa Ana para dejar su impronta de gran bailaor junto a su mujer, Asami Ikeda, una guapa japonesa que vive el flamenco con enorme pasión.


“Para mí es muy importante trabajar en mi tierra y volver, porque llevo muchos años fuera y es maravilloso compartir aquí lo que he aprendido”. Se fue con 20 años a Alcalá de Guadaira, donde aprendió a bailar. Poco después se trasladó a Sevilla, viviendo entre la Macarena y Triana. Allí trabajó a las órdenes del maestro José Galván, y sobre todo con El Torombo, al que considera su verdadero maestro.


El Estampío ofrece un flamenco digerible, también para los aficionados, con bailes naturales y tradicionales, sin coreografías ni montajes modernos con los que no acaba de congeniar. “Hay fusiones bien hechas, pero muchas veces no son fusiones, sino confusiones”. “Creo que la fusión debe ser la revolución de uno, que lo sienta de verdad y lo haga diferente, sin montar algo por montar sin sentirlo”.


Conoció a Asami en el barrio de Triana. Ella llegó de vacaciones a Sevilla desde su lugar de residencia en Londres y acabó quedándose en la capital andaluza y uniéndose, artística y sentimentalmente, a Jaime. “Siento el flamenco como algo que puede expresar tus sentimientos, y eso es lo que más me gusta”, declaró. De hecho, dejó su trabajo en un banco y un buen sueldo para venirse a España a bailar y vivir del flamenco.


Sobre las tablas, Jaime y Asami ofrecen un baile purista y lleno de pasión, junto a un espectáculo versátil. Un guitarrista, un cantaor y tres bailarinas más completan una función que gusta por la calidad del directo y por la misma puesta en escena. El público solanero que abarrotaba la Plaza Mayor, supo entenderlo así.

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