Por Santiago y Santa Ana...

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Pintan las uvas y, pà el quince de Agosto ya están maduras. Así reza el dicho popular fruto de la experiencia natural de la vida.


Si, cada día creo más en los viejos refranes, son la acumulación de muchos años observando la Naturaleza y su comportamiento. Afortunadamente y, al menos de momento, los hombres se muestran incapaces de cambiar sus designios.


En el terruño constante en que algunos nos movemos, la evolución natural de los ciclos y cultivos, es un libro abierto cuyas páginas pueden releerse una y otra vez aplicando lo aprendido en años anteriores. Una vida no es nada en el devenir del Universo, pero si es un cúmulo de experiencias la que te da el paso de los días. El campo nunca es una ciencia exacta, máxime si no se dispone entre otros de líquido elemento en la cantidad suficiente para el desarrollo de los cultivos. Ser agricultor en estos lares, resulta casi una heroicidad, no porque se sea mejor o peor profesional, sino porque siempre falta esa agua a tiempo para la sazón de las plantas y los frutos. Cuando viajamos allende los Pirineos a visitar a nuestros hermanos cognaquenses, es como comparar la noche y el día, agrícolamente hablando claro, En esas zonas atlánticas el agua es el problema a la vez que la solución, mil litros de pluviometría anual te llevan a pensar que allí la agricultora es un hobby; siempre claro está, si ponemos como ejemplo los trescientos de media que nos caen por aquí, cuando nos caen.


Y es que llevamos dos años que los majuelos no levantan cabeza. La escasez de precipitaciones invernales hacen que la planta solo piense en sí misma, la regulación es automática y se desprende de los frutos en la misma proporción que le falten los nutrientes. Al igual que una nidada de cinco polluelos, los progenitores los sacarán adelante en la medida que dispongan de alimentos en la cantidad necesaria, de lo contrario, solo sobrevivirán los más fuertes. Son las Leyes Naturales.


Pintó muy bien la primavera, ciento y pico litros en cuarenta días es casi un milagro por aquí, salvó el cereal con un incremento notable de producción, pero que está ocurriendo con viñedos y olivos: Pues que al no contar con las reservas y adobo de invierno en su sistema radicular, las plantas tiran sus frutos o los dejan morir secándose. La cosecha de Mayo siempre es muy abundante, otra exclamación del saber popular, pero la llegada del calor agobiante con los largos meses estivales dejan los cultivos a merced de estas condiciones climatológicas, a veces extremas. Pueden observarse los racimos llamados “rosarios” es decir; un raspón de quince centímetros con solo otras tantas vayas de uva, igual está ocurriendo con el olivo.


Pasear por los caminos valdepeñeros da una idea exacta de lo que tenemos y a donde podemos aspirar. Es por ello que, invocamos al flamante Presidente de la nueva Interprofesional, D. Jesús Martín, para que se las calce bien e inicie este periplo cuanto antes, ello le dará idea exacta de donde pisa. Es mucho lo que está abarcando D. Jesús Martín, meterse en el avispero que se ha metido, aunque sea por mandato superior; puede darle ese broche de oro a su trayectoria política y social que todo hombre público puede desear, pero también puede ocurrirle todo lo contrario si no es capaz de apretar en aquello que demanda el agro local y su realidad climática poco discutible.


No es fácil, nunca lo fue, los tirios y troyanos que integran la Denominación de Origen Valdepeñas no son fáciles de manejar como si de dóciles concejales se tratara. Aquí se ventila el sostén de una agricultura poco competitiva en la cantidad, su reto es mantener la relación calidad-precio dado la realidad de su enclave geográfico. Otros, defienden intereses para sus ciclópeas bodegas de vinos poco acordes con la realidad descrita.

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