Gaviotas mojadas

|


Los responsables de nuestro gobierno municipal quisieron este verano embellecer los cielos de nuestras calles más céntricas con gráciles gaviotas de cartón que sólo una tormenta de verano ha quebrado sus alas blancas. Parecen estas gaviotas de cartón mojado esas pobres avecillas que en ciertos lugares, inadvertidamente, han posado sus patas en nafta, una especie de masa pegajosa como el pez, parecida al betún. Ni sirvieron sus cuatro mil vuelos para dar sombra a las calles – no formando un cardumen cerrado -, ni resistieron sus frágiles naturalezas de cartón la primera tormenta de verano. Apenas una semana embellecieron las calles con su griterío blanco. 15000 euros públicos se han diluido en una ocurrencia estética que pudo tener más fortuna en lugares más áridos, como la ciudad saharaui de Samara.


Desde luego a los Populares no nos disgustan para nada estas graciosas gaviotas, símbolo magnífico de la libertad personal, pero hay dos elementos que las hacía inoportunas fuera de su imagen alegre y escandalosa: no daban sombra, no atemperando para nada el calor de las calles, y sus cuerpecillos frágiles no resistían ni una sola lluvia ni un viento bronco. Los vecinos se han auto-reprimido en la crítica porque veían detrás de estas avecillas, anunciadoras de la alegría del mar y la playa, como una banda de cometas risueños, a la absolutamente benéfica organización que las pintó. Y pensando que la crítica política podía manchar el inmaculado corazón de esta organización predominó el silencio. Pero nosotros pensamos que en absoluto daña a esta benemérita organización el fracaso de estas lindas gaviotas, que no estaban hechas para el duro objetivo que les encomendaron. El objetivo era municipal, ordenado por el mando municipal, y no afecta a las manos que primorosamente y sin duda con mucho cariño pintaron la esbelta libertad de las gaviotas. En resumidas cuentas, 15.000 euros gastados en un objetivo demasiado efímero, que presupone poco estudio y demasiada improvisación por el gobierno municipal de un Ayuntamiento al que no le sobra un céntimo, y que en el supuesto imposible de que le sobrase – véase la Deuda – tiene el deber de gastar de modo más eficiente el dinero que recibe de los bolsillos y del esfuerzo de todos los ciudadanos. 

Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.