Alas de Papel encuentra una ‘casita’ ideal, pero no puede costear el proyecto

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La Asociación ‘Alas de Papel’ es un mar de dudas en este momento. Necesita un nuevo local para la terapia de los chicos discapacitados y no para de buscar, hasta el punto de que han encontrado uno ideal y con un alquiler asequible. Pero hay un problema, el dinero. La asociación tendría que acondicionar el inmueble y el presupuesto podría irse a los 30.000 euros. Hoy por hoy, es un gasto inasumible, a no ser que los socios den luz verde y, después, alguna institución pública arrime el hombro.

La Junta Directiva convocó este jueves una asamblea extraordinaria para debatir el asunto, a sabiendas de que no habría quórum, ya que los estatutos exigen tres cuartas partes de síes para aprobarlo y son 400 socios. Por eso pidieron el auditorio del Palacio Don Diego, con capacidad para unas 120 personas. En efecto, apenas acudieron una veintena. Al menos, la directiva cumplió el trámite y ahora tendrá que convocar otra asamblea o domiciliar cartas, probablemente más efectivo.

El proyecto tiene su génesis en los problemas de accesibilidad de la actual casita. “Solicitamos al Ayuntamiento unas habitaciones en el Centro de Salud para acondicionarlas nosotros, previo pago de alquiler, pero nos dijeron que hay problemas burocráticos y no nos dan solución” –declaró la secretaria, Mari Carmen Luna-. El local encontrado es ideal, diáfano, con muchos metros para hacer un gimnasio y agrupar las terapias, y con un alquiler asumible. Pero hay que acondicionarlo, dividir las paredes con pladur, sistemas de ventilación, etc, más los gastos de permisos.

Pero gastar 30.000 euros es una cantidad demasiado alta para los ‘riñones’ de la asociación. “Las empresas nos dan todas las facilidades y lo agradecemos, pero el presupuesto está fuera de nuestro alcance”. Además, sería un contrato para 5 años. “Es difícil rentabilizar la inversión en ese tiempo”. Con todo, “si los socios lo aprueban, iremos al Legado Bustillo para que nos ayude”.

La directiva no pedirá ningún esfuerzo extra a los socios, sólo su permiso, según la presidenta, Cati Serrano. “No podemos lanzarnos a quedarnos sin nada porque luego habría que mantener ese local”. Calculan un coste de 600 euros mensuales. “Nos da miedo, sinceramente”.

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