Otra forma de hacer política

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El 15 de mayo de 2011, una parte de la ciudadanía rompió el silencio para poner de manifiesto el hartazgo de un país ante la pérdida de derechos y libertades, y la depauperación de los servicios públicos esenciales, como son educación y sanidad --todo ello hoy devastado por la política neoliberal del PP--.

Poco después, PSOE y PP pactaron la estabilidad presupuestaria en la Ley Fundamental, sin referéndum. Se hizo palpable en ese momento el sometimiento al Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE. Se anteponía, por tanto, el pago de la deuda a la inversión social.

Advertí entonces que el PSOE, del que era votante fiel desde mi mayoría de edad, había abandonado su política de izquierdas, abrazando los consejos de administración y dando la espalda a la ciudadanía. El PSOE ya no me representaba. Pensé, como muchas otras personas, que si los indignados e indignadas fundaran un partido político les votaría y, de pronto, apareció Podemos.

Entiendo que Podemos no es el partido del movimiento 15-M porque se representan a sí mismos, pero no cabe duda de que nació de la indignación y el hartazgo de todo un país. Tampoco cabe duda de que Podemos se ocupa de la política que ha abandonado el PSOE. Podemos sí me representa.

Siempre he dicho que cuando quienes nos gobiernan lo hacen de espaldas a la gente, es la gente la que tiene que dar un paso adelante y ponerse a gobernar. Y así es como yo, que nunca había pertenecido ni militado en ningún partido político, entré en política.

Ahora sé que existe otra forma de hacer política. La política con voluntad de servicio que hacemos la gente honrada como yo. Humildes pero decentes, “pobres pero honraos” como decía mi abuelo.

Entiendo la política como una carrera ciclista: dándolo todo para tirar del pelotón durante un corto espacio de tiempo, hasta que llega el relevo con energías renovadas. Nunca entenderé cómo una persona puede mantenerse treinta años en política, del mismo modo que es imposible que un/a ciclista tire del pelotón durante toda la carrera.

Personalmente, creo en la política con empatía, cercana al pueblo, encabezada por personas que viven situaciones cotidianas para la mayoría de la gente. Situaciones que no se dan en “La Moraleja”, sino en las calles de cualquier pueblo o ciudad.

Sí es posible otra forma de hacer política. Algunos nos acusan de extremismo y de radicalismo. ¿Acaso es de extremistas y radicales querer poder mirar a mis hijos a los ojos en unos años y decirles que hice todo lo que pude para construir un futuro mejor, un país mejor para todos? Juzguen ustedes.

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