El Camino de Santiago no es turismo ni deporte, sino un camino de fe

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El párroco de Membrilla, Raúl López de Toro, glosó la figura del Apóstol en la primera charla de las V Jornadas Santiaguistas, celebrada en el aula ‘San Juan de Ávila’ de la Casa de la Iglesia, ante mucho público. En declaraciones previas a la prensa local, el sacerdote explicó el sentido bíblico y más conocido del patrón de España como peregrino. “Gracias a Dios, Santiago Matamoros pertenece a la leyenda medieval que no está basada en la realidad y ahora nos fijamos más en sus raíces bíblicas, porque es el amigo del señor que da la vida por el Evangelio”.


Recordó que fue el papa Juan Pablo II quien más promocionó el Camino de Santiago, el Año Jacobeo y la peregrinación desde que vino en 1996 a la Jornada Mundial de la Juventud. “Desde entonces hay más extranjeros que hacen el camino y la invitación es que también lo hagamos nosotros y nos convirtamos en peregrinos de la fe”. Aclaró que el camino no es turismo ni deporte y destacó que en La Solana se haga el “Caminillo de Santiago” con los niños, “para sembrar en ellos el significado de este Apóstol que es un orgullo para nosotros”.


La charla de Raúl López de Toro fue presentada por el secretario de la hermandad y principal organizador de las jornadas, Paulino Sánchez.


Exposición de Jesús del Rey


De forma paralela, se inauguró una exposición de pintura de Jesús del Rey, fallecido en 2004. Se trata de una exhibición de diez cuadros a plumilla sobre el camino compostelano que pintó en sus últimos años de vida. Su hija, Isabel del Rey, agradecida a la hermandad, explicó la historia de esa afición tardía. Aún soltero, recién acabada la guerra, dudó entre hacer el Camino o comprar los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. Ambas cosas costaban 500 pesetas y se decidió por lo segundo, contrayendo una deuda con la ruta. En 1996, su hija, yerno, nieto y un amigo lo llevaron a Roncesvalles. “Hicimos etapas de ocho o diez kilómetros diarios y fue una gran experiencia; mi padre disfrutó muchísimo, sobre todo cuando llegó al monte del Gozo y vio la ciudad”.


Jesús del Rey, gran aficionado a fotografiar iglesias, puentes y caminos, comenzó a pintar. Tenía 74 años y pintó unos ochenta cuadros a plumilla “con la paciencia que no tenía en la vida cotidiana”. 

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